Domingo, 3 Junio, 2012 - 08:42

El problema no es el dólar paralelo

El Gobierno minimiza la importancia de la cotización de la divisa por encima de la oficial, pero la cuestión de fondo es la restricción de la venta.

Se armó el debate acerca de cuánto importa que el dólar negro cotice mucho más alto que el oficial. Desde el Gobierno se intenta convencer de que es un tema menor. Sostienen que se trata de un mercado muy pequeño, cuya única consecuencia relevante es para los que no tienen fondos en blanco con que justificar la compra de dólares al valor oficial y deciden pagar un adicional en beneficio de los que venden en ese mercado ilegal.



El argumento luce débil tan pronto se observa que la brecha entre ambas cotizaciones ya ha afectado claramente al mercado inmobiliario, modificando valores, frenando operaciones y poniendo en duda el inicio de algunos emprendimientos. Es cierto que todavía no hay noticias de que el dólar paralelo esté siendo usado como parámetro para la fijación de otros precios, ya sea por parte de importadores que quieran cubrirse de un eventual aumento del costo de reposición, o de fabricantes de productos exportables que eleven por anticipado el precio interno para igualar lo que creen que pronto van a cobrar de más por venderlo afuera. Que finalmente eso termine o no sucediendo, probablemente dependa de si la actual diferencia entre ambas cotizaciones es transitoria o se torna permanente.



Pero el debate que importa, o si se quiere la cuestión a la cual el debate anterior está subordinado, es el que involucra al dólar oficial. Si el dólar negro se disparó un 30 por ciento no es por un ataque conspirativo maléfico y prodevaluador desde la city por parte de grupos de poder económico articulados por los medios de comunicación hegemónicos, sino por la sencilla razón de que el Gobierno comenzó a restringir la venta. Y la razón explícita por la que el Gobierno hizo eso, es que pretende dejarle disponibles al Banco Central la mayor cantidad posible de las divisas del superávit comercial (que por su parte está siendo cuidado mediante límites a la importación).



Lo que pone en evidencia que algo pasa con el dólar oficial.



Héctor Valle no es opositor ni, mucho menos, neoliberal. Preside desde hace muchos años la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), un instituto que, también desde hace muchos años, tiene como directora (en uso de licencia) a la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. En la última publicación de FIDE, Valle le indica a Marcó del Pont que “desde nuestro punto de vista, la Autoridad Monetaria podría aprovechar la actual coyuntura para adelantar, algo, la depreciación del peso, compensando así a sectores que vienen perdiendo competitividad con el actual tipo de cambio”. No precisa cuánto es “algo”, pero hay una clara manifestación de preocupación.



Más contundente fue la semana pasada en un reportaje de Página 12: “En un contexto de inflación de dos dígitos es bastante complicado tener un ajuste cambiario de sólo 5-6 por ciento anual”. En realidad, ese era el ritmo de devaluación previsto en el Presupuesto, pero actualmente la tasa de depreciación del dólar oficial apunta a algo más del 10 por ciento anual, para cerrar el 2012 a alrededor de 4,80 pesos. Un valor que, de todas maneras, implica otro retraso cambiario, dada una inflación de dos dígitos cuyo primer dígito es dos.



Aunque afirma que el actual tipo de cambio ya “no es nada competitivo para algunas producciones regionales” y le aconseja (como ya se dijo) a Marcó del Pont que acelere “algo” las minidevaluaciones, rechaza tajantemente una maxidevaluación porque provocaría “una brutal transferencia de ingresos”. Y pone el dedo en la llaga diciendo que “lo que precisa la Argentina es una política muy fuerte antiinflacionaria. Creo que ahí estamos en mora”.



Es la inflación de dos dígitos cuyo primer dígito es dos el verdadero origen del problema, por la sencilla razón de que ha venido superando largamente el ritmo de devaluación y, por ende, ha retrasado mucho el tipo de cambio. La manera correcta de medir el nivel del tipo de cambio es considerando no sólo la relación del peso con el dólar, sino también respecto de las monedas de los países con los que se comercia, considerando, además, la evolución de los respectivos costos, es decir, la inflación. Tomando en conjunto todas esas variables se obtiene lo que se conoce como tipo de cambio real multilateral (tcrm).



De acuerdo con el cálculo que realiza mensualmente el blog Cosas que Pasan (elhombrecitodelsombrerogris.blogspot.com.ar), el tcrm viene cayendo casi ininterrumpidamente desde un pico que había alcanzado en agosto de 2009 y está ahora un 30 por ciento por debajo de ese momento. Tomando como base 100 para diciembre de 2001 en el fin de la Convertibilidad, el tcrm alcanzó un récord de 275 en junio de 2002; el colchón se fue achicando hasta, por ejemplo, 224 en diciembre de 2006; en agosto de 2009 se ubicaba en 200, y en abril pasado en 142. En resumen, el tcrm está ahora a la mitad del máximo al que llegó en 2002, y un 42 por ciento por arriba del nivel retrasadísimo que tenía al final del 1 a 1 en diciembre de 2001. En el último año cayó aproximadamente un 15 por ciento. Es decir que en algo más de dos años se volvería a la insostenible situación de finales de la Convertibilidad.



(El Banco Central también elabora mensualmente el índice de tcrm, pero esa serie no sirve de nada porque toma en cuenta la inflación del Indec. Las dos series son casi coincidentes hasta diciembre de 2006 –232 para el Banco Central, 224 para Cosas que Pasan–, pero a partir de la manipulación operada por Guillermo Moreno con el consentimiento de Kirchner primero, y luego de Cristina, comenzaron a divergir: para el BCRA el tcrm es actualmente el doble que para Cosas que Pasan y equivalente al de junio de 2002. Impresentable.)



Roberto Navarro tampoco es opositor ni neoliberal; todo lo contrario. Es periodista económico en varios medios y la semana pasada escribió lo siguiente en la revista Debate: “Tras cuatro años de inflación alta, el precio del dólar ya no le aporta el mismo nivel de competitividad a la economía que en los primeros años de gestión kirchnerista. La devaluación de Brasil de las últimas semanas sumó presión sobre el tipo de cambio local. Los funcionarios que sostienen la actual política tienen razón al afirmar que es muy difícil mantener un tipo de cambio alto durante mucho tiempo. Pero alguna decisión hay que tomar: o se baja la inflación o se sube el dólar”.



Una de dos.
Fuente: 
InfoNews.