Sábado, 2 Junio, 2012 - 09:18

Correo de nuestros lectores
Murmullo de cacerolas

Siempre he manifestado, con total claridad, mi oposición al actual oficialismo gubernamental, al de nuestra Provincia y al de la Nación.

Lo he hecho con la misma honestidad y fuerza con que reclamaba cambios en mi propio partido. Considero que pese a las increíbles condiciones favorables que le brindaba un mundo, altamente demandante de nuestros productos, es el peor gobierno de nuestra historia democrática.



Y lo es por varias circunstancias que, tal vez, podría resumir en que su demagógico populismo lo ha llevado no sólo a dilapidar una oportunidad única en toda nuestra historia, sino también por su permanente abuso del poder conferido por las urnas. Un abuso de poder que nos ha enfrentado a los argentinos entre “buenos” y “malos”. Un abuso de poder que sintieron que les daba impunidad para delinquir, y nos hace ubicarlo entre los gobiernos mas corruptos que hemos tenido, sino el que más. Un abuso y acumulación de poder que lo ubica también entre los gobiernos mas intolerantes y menos democráticos, con una carencia atroz de respeto hacia las instituciones republicanas.



Pero además es mentiroso y pretende hacernos creer que todo está bien, maravillosamente bien. Mientras tanto, todos, menos los amigos del poder, sentimos un ajuste cada vez mayor, cada vez mas intolerable. Hablan de igualdad y de justicia social, hablan de derechos humanos, mientras las situaciones personales, familiares, sociales, nos muestran con claridad la gran mentira y como aumentan nuestras necesidades. Todo lo niegan, todo es una “sensación”. Ojalá vieran lo que sucede en cada casa, en cada familia. Si lo vieran podrían comprender que cada vez menos gente cree en sus atractivas palabras. Sucede en todos los niveles sociales, sucede en quienes somos opositores y en quienes los votaron.



Decía que siempre he manifestado muy claramente mi oposición, sin embargo, esa oposición no ha variado ni un ápice mi voluntad de que este gobierno, elegido democráticamente, aunque no respeta a la misma democracia que lo eligió, no encuentre en mi una sola cosa que atente contra la gobernabilidad o que sienta que coloco piedras en el camino. El éxito de cualquier gobierno es el éxito de todos, todos resultamos beneficiados cuando a un gobierno le va bien, cuando gobierna con sabiduría, capacidad y honestidad.



Y especialmente en esta etapa difícil en lo económico y en lo social, habrán visto los lectores que no he dicho una palabra sobre la inflación, el dólar, ni sobre otros aspectos críticos que están afectando seriamente a todos. Tendría mucho para decir, pero no es momento de echar leña al fuego.



La responsabilidad de todo lo que ocurre y ocurra mientras gobiernen, después de un período de casi diez años, es fundamentalmente del gobierno. No obstante, creo que los opositores debemos obrar con cautela y mucha prudencia, pensando en el interés general y no en sacar réditos de los errores.



Pero así como los opositores en general, y en mi caso, el radicalismo en particular, deben replantearse muchas cosas que se hicieron mal y deben ser corregidas, los gobernantes son quienes deberían replantear con seriedad lo que están haciendo. Y la gente conoce las críticas que vengo haciendo desde hace años a la dirigencia de nuestro radicalismo, así como sabe de los esfuerzos que estamos haciendo para conseguir los cambios necesarios en nuestro propio partido. Lo estamos logrando.



De ninguna manera me van a encontrar alentando cataclismos, pero es el gobierno quien debe urgentemente prevenirlos, corregir rumbos y errores que nos pudieran conducir hacia el vacío.



Y gran parte de esas correcciones deben pasar por abandonar la mentira y la corrupción como constantes.



El señor Gobernador debe dejarse de hacer dibujos, insostenibles por la realidad. No puede seguir hablando de permanentes mejoras en todos los índices, alentando así a la población a seguir endeudándose, con ritmos de consumo que se les harán insostenibles y complicarán aún más sus necesidades próximas.



La pobreza, la indigencia, la exclusión en nuestra provincia tienen índices realmente intolerables, pero ni siquiera lo reconocen.



El Gobierno nacional y el provincial deben ser claros y dejar de llamar “sintonía fina” a lo que en realidad es un terrible ajuste, debe ser llamado por su nombre verdadero, aunque hasta ahora lo pudieron parcialmente disimular. Es un ajuste que el Gobierno Nacional pretende que lo paguen principalmente las provincias, las provincias pretenden que lo paguen los municipios (y si son los municipios de otro signo político, mejor). Hagan lo que hagan es un ajuste que ya estamos pagando todos. Siempre los ajustes los termina pagando el pueblo.



Deben también dejar de decir que la inseguridad es una “sensación”. Es una terrible realidad que nos aqueja a todos, pero mucho más a quienes menos tienen.



Y no es sólo la política quien debe hacer todas las rectificaciones que sean necesarias, la prensa cumple un papel realmente importante y, en general, especialmente en los medios nacionales, encontramos a los absolutamente obsecuentes afines al gobierno, de quien reciben todos los beneficios, que no son capaces de mostrar más que las bondades que les dictan, por un lado y, por el otro, a los grandes multimedios que son tan suciamente parciales como los otros, sólo que en sentido contrario. Llegamos así al pueblo que es quien debe resolver a quien creerle. Lo mejor es no creerle totalmente a nadie, lo mejor es observar uno mismo, analizar y sacar sus propias conclusiones.



Ya comenzaron los “cacerolazos”, por ahora tienen apenas el sonido de un murmullo que se escucha en varios barrios porteños y en algunas otras ciudades. No esperen a que se vuelva un grito atronador.



Cuando las sociedades se cansan hacen sentir su ira y castigan con dureza a los responsables y también al resto de los dirigentes.



Los gobernantes tienen el deber de no hacer oídos sordos a los reclamos crecientes. Los opositores debemos actuar con responsabilidad.



Unos y otros debemos ocuparnos de proponer y generar una sociedad mejor. Hoy es el momento de estos gobernantes, mañana podría ser el de la oposición.



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