Martes, 29 Mayo, 2012 - 17:25

Correo de nuestros lectores
Desde Sáenz Peña un recuerdo del cordobazo

Pasaron más de 40 años desde esa fecha y sin embargo la mayoría de las demandas de trabajadores de aquella época y la actual siguen sin resolución.

Han pasado más de 40 años de esa fecha en la historia argentina, y si bien la situación política es distinta a partir del afianzamiento del sistema democrático, la mayoría de las demandas de los trabajadores de aquella época y la actual siguen sin resolución.



Este hecho revolucionario, esta trascendente rebelión popular, se produjo por el reclamo de la vigencia de los derechos conculcados por el avasallamiento del Gobierno de facto, fue una reacción a aquel contexto donde se intervinieron gran cantidad de sindicatos suspendiéndose sus personerías gremiales, donde el gobierno también modificó la Ley de Indemnizaciones por Despidos y aumentó la edad para jubilarse, dictó la llamada Ley de Represión del Comunismo, persiguió y encarceló a los militantes políticos y sindicales sospechosos, disolvió los partidos políticos e intervino las universidades, que fueron consideradas centros de subversión y comunismo.



Sin embargo, los objetivos centrales de las reivindicaciones que enarbolaban Agustín Tosco, Atilio López, René Salamanca o Elpidio Torres no se agotaban solamente en recuperar los derechos y logros de los trabajadores dejados sin efecto por el régimen de Onganía, como la desactivación de la Comisión del Salario mínimo, vital y móvil, el congelamiento de las remuneraciones, la suspensión
del sábado inglés, único día en que la jornada laboral se reducía a la mitad, o la imposición del arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y una ley de represión automática para huelgas y conflictos sindicales, sino que eran la expresión genuina de un pueblo que demandaba y exigía respeto a su soberana voluntad; exigía la normalización institucional, sin persecuciones para con las ideas y doctrinas de ningún argentino. Exigía que se aumentaran los salarios en un 40%, que era lo que había crecido el costo de vida en ese momento. Exigía la defensa del patrimonio nacional, absorbido cada vez más por los monopolios extranjeros. Exigía la creación de nuevas fuentes de trabajo, para eliminar la desocupación que trae miseria y desesperación en los hogares. Exigía la reincorporación de los cesantes y el levantamiento de las sanciones por haber hecho uso del derecho constitucional de huelga. Exigía una Universidad abierta a las posibilidades de los hijos de los trabajadores y consustanciada con los intereses del país.




Este hito histórico que determinó la caída de un régimen, el de Juan Carlos Onganía, merece ser recordado, arraigado a la memoria del pueblo argentino, por ser este estallido popular la manifestación genuina de rebeldía contra tantas injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. Representa la lucha del pueblo, la unión de las bases sindicales y estudiantiles y que cuenta con el apoyo total de toda la población. En definitiva es la toma de conciencia colectiva evidenciándose en las calles contra tantas prohibiciones que se plantearon.




Hoy nos encontramos con una dirigencia sindical burocratizada, dividida no por sostener los principios y las luchas, sino por mantener el poder. Siguen pendientes la resolución de injusticias como la mortalidad infantil, el analfabetismo, la deficiencia sanitaria, la falta de vivienda para los trabajadores, con el agregado de cuestiones actuales como la precarización laboral o la desactualización del Mínimo No Imponible del Impuesto a las Ganancias de la Cuarta Categoría, que hace que el esfuerzo de los trabajadores desaparezca con impuestos.



Por todo ello es que aún suenan en los oídos de tantos trabajadores las palabras del Gringo Tosco, que recordamos: “sé que no sólo lucha contra la injusticia quien la padece, sino también quien la comprende. Pero lo fundamental es que todos los que tenemos un concepto de justicia y equidad, debemos luchar para construir una nueva sociedad que permita al hombre salir de la enajenación a que lo conduce este sistema que afecta hasta el derecho de vivir. Es necesario que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano”.