Domingo, 27 Mayo, 2012 - 10:13

Posta para los propios

Por qué el Gobierno se cree su relato y conspira contra su propia fortaleza. Choques, apretadas y chicanas sucesorias.

Audaz como pocas, Beatriz Paglieri, dio una clase magistral de periodismo militante. Por radio Nacional ordenó que no se informe sobre la fuga de capitales porque no es cierto. Aseguró que “si fuera verdad, sería grave”. El humorista Fernando Sendra le dio su merecido: dijo que Paglieri tiene razón. Resistencia, Posadas y Paraná siguen en sus lugares. Ergo: no se fugó ni una sola capital. Pero la realidad fue más cruel con la lugarteniente de Guillermo Moreno. El Banco Central certificó que, en una semana, huyeron 464 millones de dólares. Salvo que Mercedes Marcó del Pont, como Clarín, mienta. Lamentablemente, desde julio del 2007 se exiliaron 80 mil millones de dólares.



El autoengaño de estado es el principal problema de Cristina Fernández. Esa coprofagia letal ya es bajada de línea para todos los funcionarios. No se permiten identificar los verdaderos problemas y, por lo tanto, eso los obliga a responsabilizar de todo lo malo que ocurre en el mundo a los periodistas. Fabular desde la presidencia, es grave. Pero creerse sus propias mentiras, es mucho peor. Es un virus peligroso que puede llevar al Gobierno del estrellato a estrellarse. Es como navegar a ciegas.



Desde hace 9 años que tienen una excesiva atención puesta sobre los medios. La Presidenta, en su discurso del 25 de Mayo, hizo un par de alusiones a Jorge Lanata, aunque sin nombrarlo; abusó y sobreactuó sus explicaciones sobre el inexplicable viaje a Angola y agradeció que no existieran periodistas de investigación en 1810 porque “hubieran escrachado a French y Beruti y hoy todavía estaríamos con el rey”.



No pudo disimular que le afectó la caricatura que hizo Lanata en la tele y se justificó diciendo que “no estuvo bailando en una escola do samba, eran mujeres revolucionarias”. Después exageró tanto el rol de los negros angoleños en la lucha por nuestra independencia que cayó en desmesuras. Llegó a decir que nosotros, los blancos, “desapareceríamos de la faz de la Tierra” si hubiéramos pasado por los mismos sufrimientos. “¿Quién le contó a los blancos que son superiores?”, se preguntó. Hitler, entre otros genocidas instalaron eso, me hubiera gustado contestarle. Pero, ¿qué tiene que ver todo eso con nuestro primer gobierno patrio? La Presidenta dedicó casi el 30% de sus palabras a ese país africano y solo nombró a San Martín para explicar quién fue Agostinho Neto.



Hasta se metió en la ciénaga del dólar. Ironizó sobre un amigo de la familia que quiso convencer a su hijo Máximo para que comprara dólares a 4,80 porque se iban a ir a 10 pesos. “No sé qué habrá hecho con esos billetes”, relató con sorna. No es un tema sobre el que Cristina debería bromear. No hay antecedentes en la historia de que un ex presidente como Néstor Kirchner haya comprado 2 millones de dólares justo dos semanas después de la quiebra de Lehman Brothers. Algunos sostienen que, encima, lo hizo con información privilegiada, igual que José Alperovich y su padre.



Tiene que fingir demasiado la Presidenta cuando habla de billetes. Nadie está obligado a declarar en su contra. En su homilía previa, monseñor Fernando Maletti –el obispo de Bariloche que hizo una clara opción por los pobres– fue crítico con quien “acumula riqueza para sí y no es rico ante los ojos de Dios.” Fue el cierre de la parábola del rico insensato. Ya había dicho con valentía que “no hay que caer en la acumulación egoísta de bienes”. No fue dirigido a la Presidenta con la que el prelado simpatiza pero, Cristina, ¿se habrá dado por aludida? Porque aquí radica una de los flancos mas inconsistentes del Gobierno. Eso de creer que “con dinero todo se puede comprar”. Es algo que suele ocurrir entre quienes ganaron dinero fácil y llegaron a un patrimonio de $70 millones. Mas aún si tuvieron estómago para utilizar la usura y rematar casas de deudores hipotecarios. Eso los marca para siempre. Valga el juego de palabras: no es gratis. Sufren una suerte de bulimia monetaria. La codicia supera a la ideología. Chequera mata militante. Y creen que todos son de su misma condición. Tal vez por eso chocaron de frente con Hugo Moyano, que no orina agua bendita ni es un monje franciscano. Pero demostró que, por las buenas, pueden llegar a ser socios como lo fue con Néstor. Pero que, por las malas y a los empujones, no se corre del medio fácilmente. Al parecer, a Moyano lo excita más el combate que el aroma de los dólares. O tal vez ya tenga suficientes. Pero hoy sería mucho más poderoso económicamente de lo que es si no hubiese denunciado la repugnante coima de la Banelco durante el gobierno de Fernando de la Rúa o el intento de comprar sindicalistas con los fondos del APE como lo hizo en estas horas. Sin embargo se plantó. No es una carmelita descalza: tiene un holding sindical que se mezcla con sus recursos familiares y utiliza una metodología patotera, pero enfrentó duramente al menemismo, nunca fue propatronal y ahora se convirtió en el enemigo más poderoso que tiene este proyecto del que fue cofundador.



Esa extraña relación de amor-odio con el poderoso caballero que es Don Dinero y la negación obsesiva de la realidad son los principales conspiradores contra la fortaleza del Gobierno. Atacan al dólar como si fuera una enfermedad y es sólo un síntoma. No pueden resolver lo que no se atreven ni a nombrar: la alta inflación de estos años. Hay tres cifras que lo explican todo. En los últimos 12 meses, para San Luis la inflación fue del 24%, en Neuquén registraron 27% y para el INDEC, el 9,8%. Si planifican con sus propias falsedades, difícilmente acierten con el remedio adecuado. A veces parece que Moreno, antes de dormir, piensa qué actividad puede perjudicar con sus arbitrariedades espasmódicas. Ya afectó seriamente la industria frigorífica, la siembra de determinados granos, el crecimiento y la producción, las ventas de inmuebles, la yerba y ahora los viajes al exterior. Insista Moreno, vamos que usted puede. Vaya por todo, como le pide Cristina. Juegue unos boletos a ganador. La Presidenta ratificó que no existe la eternidad y que hay que transferir la posta. En una de esas, Moreno, quién le dice… ¿Se imagina los afiches? Moreno presidente, Paglieri, vice.
Fuente: 
Perfil.