Viernes, 25 Mayo, 2012 - 08:30

Hoy se cumplen nueve años del kircherismo en el poder

Néstor asumió el 25 de mayo de 2003, luego de una crisis política. Fue sucedido en 2007 por su esposa, Cristina, que hoy está al frente del país.

Néstor Kirchner asumió como presidente de la Nación el 25 de mayo de 2003 “con más desocupados que votos”, según él mismo solía repetir. Y es verdad, la renuncia de Carlos Menem al ballotage lo obligó a hacerse cargo de una Argentina que hervía con el respaldo sólo del 22% del padrón, cifra que en términos reales estaba por debajo del 20,4% de desocupación que midió el Indec para el primer trimestre de 2003.



En su primera semana como mandatario, Kirchner empezó a mostrarle a la gran mayoría –que lo desconocía– parte del incansable ritmo frenético que caracterizó a su gestión y a su vida política: viajó a Entre Ríos para firmar un acuerdo que le puso fin a una prolongada huelga docente, recibió a Fidel Castro en la Casa Rosada, relevó por decreto a toda la cúpula militar y, envalentonado por los niveles récord de recaudación que le había dejado Eduardo Duhalde, ordenó adelantar el pago de aguinaldos a los jubilados que ganaban hasta $200 –la mínima era de $150.



El 4 de junio de 2003 Kirchner realizó su primera apuesta política fuerte. A través de un mensaje transmitido por cadena nacional embistió contra la denominada “mayoría automática” de la Corte Suprema, a la cual se la acusaba de haber sido funcional al menemismo.
En ese mismo mensaje le solicitó al Congreso Nacional que avance con el juicio político contra el presidente del máximo tribunal, Julio Nazareno, quien, acorralado por la presión política y las denuncias, terminó dando un paso al costado.



Durante aquel primer año de gestión, Kirchner tomó otras decisiones que fueron forjando “el modelo” que hoy llaman nacional y popular: congeló las tarifas de los servicios públicos contradiciendo las recetas del FMI, reformó los criterios de selección de los jueces de la Corte, estrechó lazos con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, anuló las leyes del perdón, eligió a Brasil como socio estratégico, perfiló al consumo como eje de su política económica y exhortó al Reino Unido a retomar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas.



No fueron todas buenas noticias. A la par de la recuperación de los indicadores económicos, la inseguridad se encargaba de darle el primer golpe duro al kirchnerismo. En marzo de 2004, una banda de delincuentes secuestró y asesinó de un tiro en la cabeza a Axel Blumberg, un joven de 22 años. El caso generó un gran impacto y provocó que la clase media volviera a salir a las calles ya no con cacerolas sino con velas blancas e imágenes de las víctimas de la delincuencia.



La repercusión no sólo fue social. El hecho generó una rápida reacción de la política, que a instancias del reclamo de un padre movilizado por el dolor encaró una serie de reformas legislativas de dudosa efectividad, muchas de las cuales debieron ser derogadas años después. El propio Kirchner tomó nota de aquel hecho: un portarretrato con la foto de Axel ganó un lugar protagónico en su despacho de Casa Rosada.



La muerte de Axel fue una más de una dramática lista que suma nombres todas las semanas. Basta con repasar la muerte del juez Raúl Donadío, el pasado sábado, para entender que la inseguridad es uno de los principales temas al que este proyecto político no supo darle una respuesta adecuada. La delincuencia no es un invento del kirchnerismo pero sí un flagelo al que luego de 9 años de gestión se le sigue buscando una forma eficaz de enfrentarlo.



La Cumbre de Mar del Plata, el pago al FMI y la reestructuración de la deuda




En noviembre de 2005, la Argentina fue sede de la IV Cumbre de Presidentes de América. Kirchner fue el anfitrión de un encuentro muy tenso que hizo las veces de ring de dos concepciones distintas de entender la política y, principalmente, la economía.



Los Estados Unidos y México promovían el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), un proyecto comercial surgido a mediados de los 90 en América del Norte que pretendía extenderse hacia el sur del continente. Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay y Uruguay impulsaban el Mercosur como un mecanismo de defensa de sus propias economías.



Los presidentes George W. Bush, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Vicente Fox, Ricardo Lagos y Tabaré Vázquez intercambiaron duros discursos públicos y privados que derivaron en una fractura de dos bloques irreconciliables. Los testigos directos de aquellas negociaciones aseguran que fue el mandatario argentino quien lideró la “resistencia” sudamericana. Un video pirata de aquellos días, en donde se puede ver a Kirchner hablando con otros políticos sobre los pormenores de la cumbre, se transformó años después en material de culto para sus militantes.



A la par de las arduas negociaciones diplomáticas para consensuar el documento final del encuentro, distintos grupos de izquierda se movilizaron en “La Feliz” con consignas “antiimperialistas”. Además, Chávez encabezó una contracumbre paralela que incluyó un viaje en tren desde Buenos Aires con la presencia de figuras de distintos ámbitos, entre ellas Diego Armando Maradona.



Apenas un par de semanas después del encuentro de presidentes, el propio Kirchner fue el encargado de anunciar, como un camino hacia “la independencia económica”, que la Argentina cancelaría con sus reservas internacionales la deuda de casi u$s10 mil millones que mantenía con el Fondo Monetario Internacional.



LA DEUDA

Ese mismo año, el Gobierno había lanzado un proceso de normalización de relaciones con los tenedores privados de deuda, que en 2001 había entrado en default por decisión del ex presidente Adolfo Rodríguez Saá. Mediante un canje de títulos con una base de quita en orden del 75%, el Ejecutivo logró cerrar acuerdos con casi el 76% de sus acreedores.



Ya durante la gestión de Cristina Kirchner, en 2010, el Ejecutivo abrió un nuevo canje destinado a los que no habían ingresado a la oferta de 2005. Este proceso cerró con una aceptación del 70,2% (u$s18.300 millones) de los acreedores, según informó el por entonces ministro de Economía Amado Boudou.



El 10 de diciembre de 2007 Cristina Kirchner asumió como Presidente luego de haber obtenido el 44% de los votos. Su principal rival había sido Elisa Carrió, que terminó muy lejos, con el 23 por ciento.
Con su llegada al poder, la actual jefa de Estado se transformó en la primera mujer elegida constitucionalmente para comandar el país.



Con la economía en plena expansión, el kirchnerismo se había propuesto en este segundo mandato “profundizar el modelo”, llegando a los sectores sociales de más bajos recursos que todavía no habían sido bendecidos por los beneficios del proyecto. Sin embargo, una grave crisis política originada por un conflicto con el campo y los primeros escándalos de corrupción postergaron los anhelos de la Casa Rosada.



Apenas tres meses después de la renovación de autoridades, el 11 de marzo de 2008, el por entonces ministro de Economía Martín Lousteau convocó a una conferencia de prensa para poner en marcha la Resolución 125 de retenciones móviles, una ecuación que alteraba los derechos de exportación a la soja, el maíz, el girasol y el trigo de acuerdo a los precios internacionales.



La iniciativa generó una rápida reacción de las principales entidades rurales, que se agruparon bajo la Comisión de Enlace, desde donde iniciaron un feroz lockout que provocó desabastecimiento en las principales ciudades del país, algo inimaginable desde la hiperinflación de 1989.



Las negociaciones entabladas por el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Planificación, Julio de Vido, fueron infructuosas. Las asambleas se extendieron rápidamente por todo el país y hasta las clases más altas de la Ciudad de Buenos Aires iniciaron cacerolazos y protestas en Plaza de Mayo.



Tiempo después la jefa de Estado declaró que, en ese agitado 2008, lo que hubo fue un intento destituyente. Es por ello quizás que el Gobierno decidió sacar sus fuerzas de choque a las calles. La “resistencia” estuvo liderada en las rutas por la CGT de Hugo Moyano, por aquel entonces aliado incondicional del Gobierno, y por algunos piqueteros afines, como el ex funcionario Luis D’Elía.



Con asambleas movilizadas en los principales polos agropecuarios del país, las rutas cortadas y la Ciudad al borde de una guerra civil entre oficialistas y opositores, Cristina Kirchner se vio obligada a buscarle un punto final al conflicto: la jugada fue enviar un proyecto al Congreso –hasta allí, de amplia mayoría kirchnerista– para que ratifique o rechace la Resolución 125.



Pero el camino legislativo no fue tan fácil como se esperaba. El Frente para la Victoria logró ganar la votación en la Cámara de Diputados por un escaso margen de siete votos, debido a las primeras fugas de dirigentes que hasta ese momento habían sido aliados. La salida más notoria fue la de Felipe Solá, que hasta 2007 había sido gobernador de la provincia de Buenos Aires.



LA 125



Y llegó la histórica noche del 17 de julio de 2008. Tras una maratónica sesión repleta de rumores, con senadores que desaparecían y aparecían como por arte de magia, y mientras los propios ministros del Gabinete encabezaban movilizaciones en las afueras del Congreso, el vicepresidente Julio Cobos debió desempatar la votación, que había terminado empatada en 36.



“Que la historia me juzgue, mi voto es no positivo”, lanzó el ex vicepresidente, desatando la euforia de la Comisión de Enlace y una crisis que obligó al kirchnerismo a reformar sus planes de Gobierno para recuperar la iniciativa política perdida.



“La mañana del 17 de julio de 2008 fue terrible. Fue el día del voto no positivo. Estábamos en Olivos, viendo los debates por televisión con el Corcho Scoccimarro. En un momento yo no aguanté más y dije: ‘Me voy a dormir; total, ya sé cómo va a votar Cobos’. Estaba segura de que nos iba a votar en contra. Las mujeres tenemos esa percepción fina, una genética especial para detectar las traiciones”, relató tiempo después Cristina Kirchner en el libro La Presidenta, de Sandra Russo, periodista y columnista del programa oficialista 678.



Pese a las proyecciones de algunos dirigentes, que por aquellos días se animaban a presagiar que el “no positivo” de Cobos se transformaría en el punto final de la era kirchnerista, la herida de la 125 no fue mortal.



Refugiada en Kirchner y en su círculo íntimo, la Presidente retomó la iniciativa política con una serie de medidas, entre las cuales se destacaron la estatización de las AFJP, la ley de movilidad jubilatoria, que prevé dos aumentos anuales, y la expropiación de Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, el destino le daría otro cachetazo inesperado al proyecto.



El 28 de junio de 2009, en contra de las proyecciones de la mayoría de las encuestas –no todas–, Francisco de Narváez superó a Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, a las cuales el oficialismo había llegado con una estrategia de candidaturas testimoniales que incluyó al gobernador Daniel Scioli y a los intendentes del Conurbano.




Como consecuencia de la caída, Kirchner renunció a la presidencia del Partido Justicialista –cuya normalización había encabezado meses atrás– y se orientó a idear un frente transversal que pudiera revertir el panorama en las elecciones generales del 2011.



LEY DE MEDIOS


Hacia finales de ese año, el Gobierno avanzó con la sanción de la Ley de Medios –hoy discutida en la Justicia–, la implementación de la Asignación Universal por Hijo y la creación del Fondo del Bicentenario para pagar vencimientos de deuda con las reservas del Banco Central. Esta iniciativa generó una minicrisis que derivó en la renuncia del presidente de la entidad, Martín Redrado, hoy enrolado en las filas de la oposición.



BICENTENARIO

El 25 de mayo de 2010 el kirchnerismo cumplió siete años en el poder en un clima de gran algarabía en las calles. Es que ya habían quedado atrás los rencores de la 125 y en medio de los festejos del Bicentenario millones de personas se volcaron a las calles para disfrutar de diversos espectáculos al aire libre. Algunos analistas marcan aquella fecha como un punto de inflexión.



“Cuando una semana antes empezaron a cortar las calles, Néstor llegó hecho una furia. ‘Levantá eso, que nos van a putear’, me dijo. Yo le decía ‘dejame de hinchar’. Y cuando empezó a llegar la gente… fue increíble. Yo sabía. No sabía que iban a ir tres, cuatro millones de personas, pero por algo elegí la 9 de Julio. Yo venía pensando en el Bicentenario incluso desde antes de que Néstor fuera presidente. Lo había empezado a pensar cuando era senadora, con una profesora de la universidad en la que da clases Stiglitz, Margarita Gutman, una argentina que me había dicho que había que resignificar el Bicentenario. Bueno, después me encontré con Parrilli, que es un tarado como yo, y los dos nos pusimos el Bicentenario al hombro”, recuerda Cristina, según el relato de Sandra Russo.



LA MUERTE DE KIRCHNER

El 27 de octubre de 2010, Cristina y el proyecto recibieron el peor de los golpes: la muerte de Kirchner. El ex presidente falleció por una afección cardíaca mientras dormía en El Calafate, cuenta la versión oficial. Sus restos fueron despedidos en la Casa Rosada bajo una incesante lluvia de jóvenes –y no tanto– que llegaron hasta la Plaza de Mayo para despedir al mentor del proceso político.
A partir de allí empezaría una nueva etapa, con Cristina como jefa y única voz autorizada en la toma de decisiones.



2012

El 2012 se abrió con una sorpresiva operación de Cristina Kirchner en la tiroides que fue sorteada con éxito, pese a los diversos criterios que surgieron en torno al diagnóstico médico de su enfermedad. En un primer momento se había mencionado que era un carcinoma y fue por ello que se planificó una licencia de 20 días; pese a que luego ese diagnóstico fue descartado, la misma se cumplió según lo pautado.



En febrero, un ferrocarril del Sarmiento no frenó a tiempo en la estación Once de trenes y provocó una tragedia que dejó 51 muertos y un centenar de heridos. A la par de las actuaciones judiciales, el Gobierno inició actuaciones administrativas que derivaron en el final de la concesión de TBA, anunciada ayer.



Hasta hoy, la política económica de la "sintonía fina" incluyó una quita gradual de los subsidios a los servicios públicos y al transporte, un celoso control de la balanza comercial basado en el argumento de la protección de la industria local y severas políticas de desaliento a la compra de moneda extranjera.



En el plano político, Cristina Kirchner afronta por primera vez el desafío de gobernar sin el respaldo de la CGT, aliada del modelo hasta finales del año pasado. Pese a ello, sus dirigentes respaldaron quizás la medida más importante de estos nuevos cuatro años de gestión: la expropiación del 51% de YPF.



En el futuro asoman nuevos conflictos asociados a los embates económicos y, sobre todo, a la renovación política de 2015. Es que los kirchneristas puros sueñan con lograr un aval de la Constitución Nacional para una “Cristina Eterna”, mientras que los peronistas más ortodoxos creen que llegó el turno de un cambio de figuritas, con Daniel Scioli entre los principales “papables”. Sólo el destino tiene la respuesta de cómo terminará esta historia.