Domingo, 20 Mayo, 2012 - 10:08

Merkelizada

A este Gobierno le gusta mostrarse más heterodoxo de lo que es. Se hacen los locos, pero no lo son tanto. También les gusta provocar a los conservadores.

Y asustar a los burgueses, desorientar a los oportunistas y jugar a ser excéntricos (el desopilante viaje a Angola es un ejemplo más), pero cuidan con esmero la relación con Estados Unidos y en muchos aspectos económicos son híper ortodoxos. Lo uno y lo otro no son contradicciones sino aspectos funcionales porque lo primero disimula lo segundo.



Por ejemplo, no pocos creen que el Gobierno nacional ahoga financieramente a la provincia de Buenos Aires para doblegar a Scioli haciéndolo desistir de sus aspiraciones presidencialistas y disciplinar cualquier mínimo gesto de autonomía. Se habla de un déficit provincial de 8 mil millones de pesos y hasta de 10 mil y que la Provincia ya no podría pagar en una vez los sueldos en junio. La realidad puede ser aun peor: un déficit de 18 mil millones equivalente al 15% del presupuesto anual sin que Scioli pueda emitir deuda porque hoy debería pagar una tasa de interés en dólares del 19%.



Pero hay otra mirada que no es política sino económica, donde Cristina Kirchner cumple el papel de Angela Merkel y la provincia de Buenos Aires es Grecia, el miembro más descarriado de la Unión cuyos déficits siempre son mayores a los del resto (Mendoza, Córdoba y Santa Fe también tendrían déficits este año, pero menores al 10%). Otra vez, lo uno sirve para disimular lo otro: no es un Gobierno nacional que está enfriando al estilo ortodoxo una economía recalentada después de un año de fiesta electoral, sino un castigo político justo a un traidor que pretende derechizar el modelo en el futuro. También Scioli refuerza ese relato anunciando extemporáneamente su obvia vocación presidencial para disimular la parte de responsabilidad que le corresponde a él mismo como administrador de un gasto público provincial que se multiplicó cinco veces durante el kirchnerismo. Su popularidad es también fruto de ese gasto y de haber rehuido cualquier conflicto tratando de conciliar con todos. Administrar requiere más veces decir que no, que decir que sí.



El mismo relato y contrarrelato es aplicable a Macri, a quien el Gobierno nacional le pasaría los subtes y le quitaría la policía o los fondos depositados en el Banco Ciudad no para recuperar dinero porque haya que enfriar una economía recalentada, sino para castigar a la derecha y herir a otro de los futuros candidatos presidenciales opositores para 2015.



Y lo mismo sucede con Moyano, a quien la Presidenta ataca por cuestiones personales, políticas, judiciales pero –nuevamente– nunca porque haya que enfriar la economía y el líder sindical sea el primer escollo. Pero hay una diferencia entre Scioli, Macri y Moyano, los dos primeros le siguen el juego al Gobierno nacional y aceptan victimizarse políticamente desplazando el tema económico al papel de consecuencia y no al de causa. Moyano no. El va al hueso y dice con todas las letras que la profundización del modelo es un cambio de rumbo y un ajuste.



En lo que se equivoca Moyano es en considerar que no sea correcto hacer ese ajuste. Si cada año las paritarias subían 5% el promedio de aumentos salariales sobre el año anterior, primero el 10%, después el 15%, el 20%, el 25%, el 30% e iban camino al 35%, no había modelo que resistiera. Profundizar esa dirección llevaba al abismo.



Así como en Europa y Estados Unidos hubo una burbuja inmobiliaria, en Argentina se corría el riesgo –medido en dólares– de enfrentar una burbuja salarial, cuyas consecuencias podían repetir el problema de falta de competitividad del fin de la convertibilidad. La “ventaja” actual es que se puede licuar con inflación y corrección del dólar por arriba de la inflación. A fines de los 90 hubiera sido necesario bajar los salarios nominales, lo que es muchísimo más doloroso, como se ve en Europa con el euro. La resistencia al ajuste en los 90 se “resolvía” con más deuda y en la Argentina actual, con más inflación.



Para poder pelearse con los sindicalistas con públicos reclamos de la Presidenta por sueldos menores que la inflación, o sea, bajar el consumo de los votantes, pero al mismo tiempo seguir siendo nacional y popular, hay que equilibrar la percepción general con medidas de signo contrario, como nacionalizar la mayoría de YPF o potenciar el papel de Moreno como cuco de los ricos, dándole cada vez más protagonismo. El viaje presidencial a Angola es un gesto de apoyo a Moreno. En Angola se habla portugués, una ventaja para un secretario de Comercio que acumula responsabilidades internacionales sin tener un inglés perfeccionado.



Una metáfora automovilística puede resultar más clara: después de la aceleración forzada de la economía tras un año electoral, era necesario que el auto entrara a boxes, y el momento lógico es inmediatamente después de obtener el 54% de los votos. Se lo enfriaba o explotaba el motor.



Lo que confirma que los kirchneristas en materia económica se hacen los locos pero no lo son tanto, lo que no quita que sean incompetentes en varias áreas. Es exagerado atribuir tanto lo bueno como lo malo de la economía a que haya un cambio de paradigma. Lo que hay es más o menos dinero para ejecutar diferentes paradigmas o grados de él.



El kirchnerismo trata tanto de colocarse lo más a la izquierda posible para que no exista una alternativa progresista más numerosa, como de mantenerse en el centro para no perder a la clase media, dividiendo y dejando exhausta a la oposición.



Una carrera alocada de precios y salarios que espiralizara la inflación tendría consecuencias electorales terminales para el Frente para la Victoria. Por eso, la Presidenta se viste de Chávez al nacionalizar pero de Angela Merkel para disciplinar a los sindicalistas y a los gobernadores. Eso es peronismo puro.
Fuente: 
Perfil.