Domingo, 20 Mayo, 2012 - 08:47

Vivir con lo nuestro

Los indicadores muestran que la economía argentina durante 2012 no tiene ningún escenario de crisis por delante.





En buena medida porque muchas de las decisiones tomadas a fines del año pasado apuntaron a corregir algunas cuentas.



Algunas difíciles de entender como la restricción de la compra de monedas extranjeras al menudeo o las normas de importación.



Pero –más allá de los métodos con los que se otorguen las licencias de compra de artículos extranjeros o las limitaciones para que, por ejemplo, un residente peruano pueda remitir parte de sus ingresos a sus familiares de origen– el Gobierno Nacional dio muestras de intervenir en los mercados para ayudar a que las cuentas nacionales queden a salvo de los malos vientos externos.



No se trata sólo de las distorsiones del comercio internacional por la crisis en las naciones llamadas desarrolladas, sino también porque la Argentina tiene todavía una pesada carga producto del desendeudamiento externo. En este sentido, entre capital e intereses, durante este ejercicio, el Estado tiene que hacer frente a vencimientos por cerca de 15 mil millones de dólares. Y esto es así por la perversa configuración de pagos que hizo Domingo Cavallo quien, asociado con la gran banca privada extranjera, dejó un sistema que fuera cavallodependiente. El desparpajo y el talento de Néstor Kirchner –apoyado en una sociedad que tomaba conciencia de la situación– permitieron el desenganche de la economía y la política nacional de los poderes externos y sus aliados nativos.



Respecto de los pagos de este año, la estrategia de desendeudamiento no sólo fue de lograr una quita del 75% de los compromisos sino el de redistribuirla para que buena parte de las obligaciones no fueran con acreedores externos sino con organismos estatales. Al ser absorbida por dependencias públicas, el Tesoro Nacional puede refinanciar casi la mitad de los compromisos. El resto, digamos unos 7.500 millones, deberán pagarse. Y en dólares. Parte de ellos surgen de la liquidación del superávit primario, ya que la balanza comercial sigue siendo favorable para el país. Otros salen del Banco Central. La reforma de la Carta Orgánica permite al Tesoro echar mano de esos fondos. Si se actuara como piden a gritos los medios opositores, en cambio de tomar decisiones políticas soberanas, se volvería al sistema neoliberal y neocolonial que hundió al país.



Dos consideraciones sobre las medidas mencionadas más arriba. La primera es que las medidas que limitan la compra de divisas permitieron disminuir la fuga de capitales. Aunque todavía es alta, el efecto es innegable: según el Banco Central, el primer trimestre de este año la fuga fue de 3.600 millones de dólares, un 45% menos que el mismo período del año anterior. Muchas de las maniobras fueron cortadas por estas medidas. Quedó pendiente la explicación del sistema para el público y, sobre todo, cómo se desengancha el mercado inmobiliario del dólar, pero en el contexto macro es mucho lo que suma y deberá comprenderse lo que puede restar en cada caso. El segundo tema es respecto del gran batuque que arman los medios opositores respecto del dólar blue (o ilegal). Se trata, simplemente, de presiones para que la Argentina devalúe su moneda. Esto es, para que cada dólar que tenga que comprar el Tesoro –para hacer frente a los compromisos externos– sea más caro. Y las presiones no son sólo políticas, sino que vienen de la mano del complejo sojero que por estos días debería liquidar exportaciones y lo hace con cuentagotas esperando sacarle más pesos a cada uno de los dólares que liquida. Con la soja a más de 500 dólares la tonelada, como dijo la Presidenta, “se la llevan en pala”. Eso sí, que reciban pesos con el dólar a 4,47/4,50 pesos y que, además, paguen las retenciones (35%), con lo cual siguen teniendo un rendimiento altísimo y el Estado puede seguir remando.



Hay otro factor que complica y que no es una maniobra de la City. Brasil está devaluando el real. En los últimos meses, el dólar pasó a cotizar de 1,70 a 2 reales. Esto se explica por el crecimiento del sector financiero en Brasil, que capta muchos capitales especulativos que escapan de los países –supuestamente– desarrollados. Brasil es la sexta economía del mundo y un país muy complejo, con grupos empresariales multinacionales fuertes. Es, además, el primer inversor en Argentina y nuestro primer socio comercial. La devaluación allá presiona para mover el dólar acá.



Ahora bien, la Argentina puede manejar sus variables económicas sin depender de los grupos concentrados pero tampoco puede ser autista. La desaceleración económica del primer trimestre no muestra (un crecimiento del 4,8% del PIB frente al 8,9% del primer trimestre de 2011, según el Indec) ningún efecto negativo sobre la ocupación pero repercutirá, sin dudas, en la recaudación fiscal. A menos producción menor cantidad de impuestos.



Basta de concesiones. Aldo Ferrer es el autor de Vivir con lo nuestro, un clásico de lectura imprescindible. Varios de los grandes grupos empresariales parecen tener un pequeño tratado –no publicado– que cambia lo nuestro por lo vuestro.



Pero acá viene lo que se llama sintonía fina. Y refiere a los replanteos imprescindibles que están en marcha. La decisión de nacionalizar el 51% de las acciones de YPF es, por sí misma, contundente. Pero además muestra una tendencia. La administración de recursos es parte de la esencia de gobernar. Y si la Nación tiene menos recursos, su capacidad de asistir a las provincias es menor.



Y éstas a su vez tienen menos posibilidad con los municipios. Muchos intendentes bonaerenses dan cuenta de las dilaciones o dificultades con la obra pública. De allí que la revaluación de los inmuebles rurales resultó más que oportuna. Parecía óptimo que esta semana los diputados bonaerenses votaran tal cual lo que habían aprobado los senadores. Todo indica que habrá modificaciones para gradualizar esto. No se trata de una concesión a los intereses de los terratenientes, sino de una lógica de alianzas para conseguir quórum. Hubiera sido extraordinario ver a Hugo Biolcati resignado a su soledad. Pero Daniel Scioli fue quien mandó el proyecto y la realidad del trámite parlamentario dio lo que puede ser un resultado más pobre.



Más allá de esto, queda sobre el tapete que no sólo hay que discutir umbrales de pago, sino también normas de administración impositiva. La cantidad de fideicomisos, sociedades anónimas, cooperativas truchas o prestanombres que existen destinados sólo a burlar al fisco no son un invento sólo de los terratenientes y sus legiones de estudios de abogados y contadores. Parece mentira que sean empresas acostumbradas a financiar guerras o invasiones (mineras y petroleras por caso) en otras latitudes las que, a la hora de rendir cuentas lo hagan por declaraciones juradas. O que algunos multimillonarios tengan repartidos sus negocios en decenas de sociedades que llevan al mismo titular y que si los tributos fueran sobre personas físicas y no sobre sociedades tendrían que pagar mucho más de lo que pagan.



Esto tiene que ver con un cambio notable en el Gobierno Nacional respecto del trato con buena parte de los empresarios que se acostumbraron a manejar sus negocios casi sin riesgo y con todas las garantías de ganancia. Lo vivió Repsol en carne propia, lo está viviendo su socio local (el grupo Petersen) y posiblemente lo viva el grupo Roggio que maneja los subtes. Sobre el filo del fin de la semana, la Anses denunció al Grupo Roggio, controlante de la concesionaria Metrovías, por irregularidades en la contratación de servicios tercerizados. Fue ante la Comisión Nacional de Valores y solicitó “la apertura de la investigación y la aplicación de sanciones, al evaluar que se perjudicó económicamente” a la operadora. La Anses tiene el 8,55% de las acciones. Desde estas páginas, la edición anterior se advertía que el contrato de los subtes fue firmado por Roggio ante el Estado Nacional, de modo que este grupo sabe que corre el riesgo de ver caída la concesión. Es decir, Mauricio Macri, que conoce a los Roggio por formar parte de la cartelización de los negocios de la obra pública, se puede quedar obligado a hacerse cargo del subte y sin Roggio. Sobre todo, sirve para que muchos acostumbrados a “llevarla en pala” se den cuenta que el rigor fiscal y el cumplimiento de los contratos son parte inalienable de las reglas del juego.



Cabe una reflexión respecto de que mayor rigor con las contrapartes (la relación con empresas proveedoras o concesionarias y con los grandes contribuyentes) obligan a quienes reivindican mucho la militancia a que eso no sea sólo un eslogan, sino que esté acompañado de un esfuerzo mayúsculo para mejorar la transparencia, la gestión y la capacidad del sector público para hacer lo que muchos –supuestos– empresarios no hacen.



Angola y después. Consultado por este cronista el escritor, economista y ex embajador en Angola Eduardo Sguiglia sobre el viaje de la Presidenta a ese país, se mostró muy entusiasta. Más que por el esfuerzo genuino de vender productos, Sguiglia destacó la importancia de abrir las relaciones con África y, en ese sentido, aclaró que Angola juega un papel muy importante en la región. El intento de desmerecer a ese país africano por parte de la prensa opositora tiene demasiado tufillo a desprecio racial y a desconocer la importancia de la integración Sur-Sur. Sería interesante, para que no se vuelvan más papistas que el Papa, que esos medios consulten la página de la CIA y vean que la valoración de esa agencia dista mucho de la consideración de que Angola “es el país más corrupto de la Tierra”. Es más, allí hay suficientes datos sobre cómo millones de angolanos volvieron a su país en los últimos años en virtud del mejoramiento del clima social y político y también por los avances económicos.



Lo que no pueden ver los que ahora descubrieron lo feo que es Angola es que el Gobierno da muestras de que se desvela por cumplir con las obligaciones externas pero que está en camino de achicar los márgenes de impunidad de grupos empresariales favorecidos por la dictadura de la que formaron parte y por el neoliberalismo que dejó al país al borde de la disolución. Y, en ese camino, es más que valiosa una política exterior abierta y comprometida con naciones que salieron del yugo colonial.
Fuente: 
InfoNews.