Sábado, 19 Mayo, 2012 - 19:15

En el sube y baja de la estima presidencial, dicen en el gobierno que Moreno y Boudou también "mienten"

Ya se sabe que, para la religión oficial, es dogma que "Clarín miente". No se cansan de proclamarlo carteles, globos y hasta las medias estampadas repartidas.

Ya se sabe que, para la religión oficial, es dogma que "Clarín miente". No se cansan de proclamarlo carteles, globos y hasta lo decían con total impunidad las medias estampadas que un militante K repartió, haciéndose tristemente el gracioso por Internet, entre los chiquitos descalzos del África.



Justamente medias, un artículo que los consumidores argentinos, sepultados por las interesadas ficciones sobre puestos de trabajo que esgrimen los empresarios que viajaron a Angola con la Presidenta, pagan ocho veces más que en otros lugares del mundo. Así, cómo no la van a "juntar con pala". Y entonces, cómo no van a chuparle las ídem a Guillermo Moreno.



Sin embargo, los aplaudidores de ocasión no son los únicos fabuladores de esta historia.



Puertas para adentro de la interna gubernamental, en ministerios y hasta en el Banco Central, ya son muchos los que dicen sin pelos en la lengua que también "Moreno miente" y, lo peor, que le miente a la presidenta de la Nación en cuestiones que tienen que ver con su trabajo de custodio de los dólares. Y ya son cada vez más, en los Tribunales y también en el Gobierno, quienes admiten que además "Boudou miente", lo que deja tropezando en la interna, pese a algunos pasos a favor que ha conseguido dar en la Justicia.



En este escalón, el vicepresidente de la Nación logró desplazar al histórico camporista Esteban Righi de la Procuración y al propio juez Daniel Rafecas y al fiscal Carlos Rívolo de la causa por tráfico de influencias. Sin embargo, no lo hizo per se, sino a través de una recusación que promovió el abogado de su amigo de toda la vida, José María Núñez Carmona, artilugio que el nuevo juez, Ariel Lijo, enjuagó salomónicamente unificando dos causas (otra por enriquecimiento ilícito) y separando al anterior fiscal, pero sin anular sus actuaciones.



Para colmo, todo este olor a sospechas de manipulación del Ejecutivo tuvo otro correlato adicional en la Justicia, con dos resoluciones que tomó en paralelo otro juez federal, Norberto Oyarbide, quien cerró la instrucción por el caso de las escuchas telefónicas que involucra a Mauricio Macri y que lo puso a tiro del juicio oral, justo antes de que se celebren las próximas elecciones presidenciales. Pero, además, metió presos a los hermanos Schoklender, abriendo otro frente judicial que el Gobierno no registra como propio, sobre todo porque no involucra a Hebe de Bonafini, tutora de Sergio, ni a los funcionarios del Estado que autorizaron el giro de $ 765 millones a Sueños Compartidos y no controlaron el destino de los fondos.



Con esta doble cortina de humo, se buscó dejar a Boudou menos expuesto desde lo mediático y mejor parado desde lo judicial, aunque mortalmente herido desde lo político, tras las revelaciones conocidas durante la última semana que surgen de los expedientes judiciales y de la pesquisa periodística.



Los detalles de la investigación demuestran, de modo infausto para el vicepresidente, cómo alguien que él dice que no conoce (Alejandro Vanderbroele) era quien cancelaba las facturas del teléfono, las expensas y el cable de un departamento de su propiedad en Puerto Madero, que alquilaba a un abogado que ni siquiera vive en la Argentina. Y, además, como la empresa que maneja esa misma persona, (The Old Fund, dueña de la ex Ciccone), la misma que fue beneficiada por Boudou con una moratoria excepcional ante la AFIP y por la Casa de Moneda con la impresión de billetes, ha sido capaz de pagarle pasajes al exterior a su amigo Núñez Carmona y a su propio hermano y familia.



Los indicios que han salido a la luz han sido el "basta" para muchos que defendían a Boudou y que sólo lo hacían porque saben que su caída podría ser peligrosa para la propia presidenta de la Nación, quien le dijo públicamente "yo te puse". Sólo el senador Aníbal Fernández se proclamó públicamente amigo y creyente. El resto parece haberlo condenado al vacío, sobre todo sus demás colegas del FpV en la Cámara Alta, quienes se recuestan en el jefe del bloque, Miguel Pichetto, mientras que cada día son menos los que le atienden el teléfono en la Casa Rosada.



Si bien ambos tienen en común la afición por la farolería ante las cámaras de televisión a la hora de agradar a la cúpula del poder (como otros miembros del Ejecutivo que suelen revolcarse en las alfombras ante CFK), el caso del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, es más patético que el del vice, ya que parece que la ha convencido a la Presidenta sobre las bondades de los diques impuestos a la salida de divisas, aunque desde el costado político.



Un ejecutivo de una gran empresa le aseguró a DyN haberle escuchado a Moreno decir que "la Presidenta sabe que con dólares en el Banco Central no nos van a voltear". Esta es su obsesión y las cifras sobre una menor fuga de capitales parecen darle la razón ahora mismo al supersecretario, pese a los daños colaterales que él nunca ponderó y que, según una fuente del BCRA, ni siquiera le "comunicó" a la Presidenta ni "registra" como fruto de sus medidas.



En materia de expectativas, Moreno metió el elefante en el bazar y no sólo instaló en el imaginario colectivo que el Gobierno tiene graves problemas de pesos (postergación de pago a proveedores y menor ritmo de transferencias a las provincias, algo que se ha notado de manera dramática en la provincia de Buenos Aires, que no ha podido aprobar una suba de impuestos en la Legislatura) y de dólares (balanza energética deficitaria), sino que hizo expandir de modo irracional la brecha cambiaria, ya que al casi prohibir vía AFIP las compras de los particulares y a poner controles policíacos, lo único que hizo fue otorgarle al dólar sabor de fruta prohibida y darle entidad al triple mercado.



En este aspecto, el secretario ganó una de las pequeñas batallas de la semana, ya que un aporte intelectual del grupo de economistas que lidera el viceministro de Economía, Axel Kicillof, sobre mercados desdoblados fue desechado, aunque sea por un rato, por la presidenta de la Nación. Si bien este tipo de recetas ya le ha explotado en la cara a la Argentina en varias oportunidades, aunque en rigor de verdad en otros contextos económicos (Frondizi, Martínez de Hoz, Plan Primavera y el Duhalde pre-Lavagna), la razón que dio Cristina para desechar el método fue que ella siempre ha sido "absolutamente responsable y previsible".



En este mismo discurso, cuando la Presidenta habló de "previsibilidad" señaló, como al pasar, algo más que bien conviene subrayar, sobre todo en estos tiempos de inestabilidad y de necesidad de fondos: "Tienen que meter mano en el sector financiero", dijo.



Y si bien ella lo acotó a la necesidad de "apoyar al sector productivo", ya se sabe que cuando a la Casa Rosada se le mete algo entre ceja y ceja es capaz de torcer todos los argumentos para salirse con la suya. El caso YPF o el uso de Reservas del BCRA o el fin de las AFJP son suficiente prueba de la pasión oficial por las cajas extra-Tesorería, manoteadas todas en nombre de las grandes mayorías.



Desde lo comercial, el plan Moreno de impedir las importaciones que no están compensadas con exportaciones, tiene el pecado original que esta columna ya ha señalado, ya que cuando para traer neumáticos un importador le compra miel a los productores para exportarla por ellos, no se ha registrado ninguna compensación de dólares, sino un engaño a quienes escuchan y creen tamaño dislate.



Pero además, está comprobado que el freno a las compras externas le ha puesto un freno a la actividad industrial, ya que prácticamente nada se salva de los controles oficiales. Por ejemplo, y más allá de las automotrices que presionan desde los volúmenes de exportación, lo que denuncian muchas empresas es que muchos repuestos para maquinarias que fabrican elementos que deben ser vendidos al exterior no salen de la Aduana en tiempo y forma, lo que demora los embarques.



Este parate productivo, otro efecto no previsto por los controles de Moreno, está generando suspensiones de turnos, fin de horas extras y cierta zozobra en algunos rubros que ya son registrados por quienes miden el nivel de actividad para este año, que han revisado casi de modo unánime hacia la baja.



Sin embargo, pese a todos estos tropezones que le facturan desde varios frentes (Economía, Planificación, BCRA, etcétera) Moreno ha sido el gran protagonista de la semana, mostrándose junto a Cristina en Angola, casi como el funcionario número uno del Gobierno.



La felicidad anti "agoreros" que irradió la Presidenta en su visita a un país que gobierna desde hace 33 años la misma persona y la negación de ella y del canciller Héctor Timerman a referirse a las graves denuncias internacionales que tiene en su contra el presidente José Eduardo Dos Santos en materia de derechos humanos, sobre todo en el enclave de Cabinda, tuvo que ver con la necesidad de darle lustre a la avanzada comercial que llegó para utilizar a ese país como cabecera de playa hacia el África sub sahariana.



Si no se puede avanzar con Alemania, el país que era el modelo de la Presidenta, no está mal una idea de este calibre, siempre y cuando que la misma haya sido fruto de una política de penetración de mercados hasta ahora inexplorados, con un plan que por detrás haga camino al andar, sustente y amplifique el intento, aunque el ingreso de productos argentinos a esos países no sea en el corto plazo lo más seguro.



Sin embargo, la secuencia no parece haber sido ésta, porque todo indica que la llegada a Angola no ha surgido de una planificación política, sino que en principio se trata de conseguir petróleo por la vía "moreniana", la que reivindicó el peronismo de los años 50 y que ratificó luego en su adscripción a los No Alineados: el trueque por productos primarios, alimentos elaborados y otros de baja industrialización, salvo la presencia de maquinaria agrícola.



"La Salada es parte de la Argentina", gritó Cristina el viernes, eufórica, desde un atril, quizás olvidando que una de las protegidas de Moreno es la Feria con mayor evasión del país, mientras el secretario le iba mencionando al oído los sectores que habían llegado la muestra. Por suerte, no se le ocurrió esta vez a la Presidenta subirse a la famosa cosechadora que había presentado la otra vez, también a instancias de Moreno, frente a la Casa Rosada, como una de las 18 vendidas en la primera misión comercial, máquinas que pese a los créditos oficiales nunca se fabricaron y que, según el dueño de la empresa, fueron utilizadas para hacer propaganda.



Otro peligro latente en los negocios con Angola es la falta de transparencia, las dificultades de cobro o de cumplimiento de contratos con este tipo de países y la eventual corrupción que podría surgir.



Si alguna vez fueron las canchas de paddle y luego las pistas de patinaje o los parripollos o los lugares para jugar al pool, esta vez Angola se puso de moda y anima a efectuar otro negocio espasmódico. Lo más delicado es que esta vez no le toca sólo a los particulares que deciden arriesgar su capital, sino al Estado que maneja la plata de todos. ¿Valdrá la pena meterse en este laberinto? Salvo que por detrás haya otros negocios que aún no han salido a la luz.





(*) Periodista DyN
Fuente: 
DyN