Sábado, 19 Mayo, 2012 - 08:28

Correo de nuestros lectores
Niños chorros

Es frecuente ver y padecer hurtos o agresiones de los “niños chorros”. De chiquitos son rateritos y entre 12 y 16 se convierten en un peligro social.

Es cierto que aquí los padres son responsables directos, pero estos mismos padres muchas veces tuvieron la misma conducta, y quizás sus hogares no son convencionales, con una madre sola en algunos casos con un bebe “colgado a la teta”, o una abuela apoyada en un bastón de palo de escoba que se tuvo que hacer cargo de los nietos que le “depositaron y sus progenitores se desligaron del problema.



El resto es fácil imaginar. Pero lo real, sin sensaciones ellos pululan por la ciudad tal pequeños enemigos públicos. Son una generación que dentro de poco serán los adultos sin rumbo, y un destino anunciado: caer presos, salir, volver, reincidir, vidas donde la violencia será el único lenguaje.



Me aventuraré a hacer una propuesta para los “niños chorros”. Es probable que haya que cambiar algunos instrumentos legales de acuerdo a la modalidad actual del delito, de ser necesario, valdría la pena plantearlo, donde justicia y educación tendrían que trabajar juntos, en modalidad especial. Cuando se los haya “detenido” por hurto o transgresión, luego de verificar su ficha social, ellos, que no conocen ni conocerán en el seno familiar valores de convivencia, le compete al Estado hacerles aprender las de “convivencia social”.



Podría crearse un régimen educativo “para ellos”. No por discriminación, sino porque las pautas de autoridad , valores tales como el respeto, deberán estar a cargo de personas que pertenezcan a las fuerzas policiales en calidad de preceptores y directores de una institución, no se habla de autoritarismo, sino rigidez, referentes del orden, , la idea es a puertas abiertas pero obligatoria.



Se trata de una matrícula con antecedentes. La educación además de ser académica, tendría que contar horas de pequeños trabajos básicos, huertas, limpiezas, ordenamientos, jardinería, modos de utilizar sus propias energías bajo pautas, sin dejar de lado la asistencia emocional. Con esto, se actuaría antes de tener que intervenir para hablar de rehabilitación.



Tema padres/familia, tendrán que ser asistidos y exigidos en desarrollar la conciencia familiar y asumir el control, bajo control, su historial también quedaría registrado. Docentes: quienes estén al frente tendrían que tener vocación para asumir la tarea entre ser severo, justo y a la vez afectuoso.



Asistencia, porque se plantea una modalidad a quienes a temprana edad ya tienen problemas con la justicia, se sugeriría que al operar como jornada completa y regresar a sus casas, los traslados podrían hacerse en vehículos policiales/judiciales, destinados a tal fin.



Las respuestas podrán ser concientes que tendrán que responder por ello concurriendo a estas instituciones, en caso de delinquir, y sus padres también quedarían involucrados. Los que no hayan cometido aún ningún ilícito, quizás elijan no hacerlo.



Los padres, hasta acá, que se han visto “libres” por los actos de sus hijos, quizás reaccionen y tomen conciencia de sus responsabilidades. Existen muchos hogares, no constituidos o mal constituidos, o con adultos inmersos en vicios, violencia y abandono. Y esto, lamentablemente abunda.



Julio, era un adolescente que aunque vagaba por las calles, concurría a una escuela de artes y oficios. Le faltaban los dientes de adelante. Su madre lo había tenido a los 15 años y una noche quiso dormir en un vagón y subió con él, siendo un bebé y lo empujó con fuerza hacia arriba, en el golpe lesionó sus encías, y Julio,nunca pudo tener sus cuatro dientes delanteros.



Luego, se grandecito se las arregló a su modo.Un modo reñido con la gente.Nunca entendió que era respetar y “no tocar”. En la escuela sus compañeros también fueron sus víctimas. Pero al concurrir a una escuela “común”, los problemas de conducta de Julio no podían estar considerados y asistidos, sólo amonestados.



Hoy pese a que salió sabiendo algo de herrería, y de carpintería, sus códigos lo llevaron a estar en la alcaidía. Acá lo social, condiciona sino va a la par con la educación y la familia y una asistencia de acuerdo a esta situación instalada.



Quizás, si en vez de concurrir a una escuela común, hubiera estado atendido, su historia hubiera sido diferente. Esta nota, es para ver si se puede hacer un intento de salvar a la sociedad de esta ola delictiva, precoz y en aumento, y paralelamente actuar oportunamente con tantos Julios. Quizás, pueda tomarse en cuenta parte de la idea.



(*) [email protected]