Jueves, 17 Mayo, 2012 - 19:28

El penúltimo zarpazo

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La nacionalización de YPF entró en una etapa operativa en la que el gobierno no atina a poner en orden la compañía.

Atrás quedaron las risotadas fáciles, las burlas, los insultos, los cánticos y los festejos dentro y fuera del Congreso Nacional de otro avance del kirchnerismo sobre el capital privado.



Este período está mostrando que el tradicional voluntarismo de los políticos no resuelve los problemas reales y que no es más que eso: voluntarismo.



La demanda judicial de Repsol, la deuda de la compañía, el conflicto societario, el efecto sobre los proveedores, la calidad de los productos y las necesidades fondeo para la inversión son sólo algunos de los problemas que deberá resolver la administración estatal en YPF.



Pero existen otros efectos no deseados que se derivan de la nacionalización.



Hasta ahora, Repsol era el principal proveedor de gas licuado importado y hasta con sus propios buques. A partir de ahora, y con la decisión del holding español de no proveer más GNL, el gobierno deberá salir a concretar la búsqueda de nuevos proveedores a un precio sensiblemente mayor y tal vez pagar más por el costo de flete.



Hay notables diferencias de valores dependiendo del lugar donde se hagan los embarques de GNL. En promedio, en el mercado internacional, el millón de BTU en la zona del sudeste asiático cuesta 18 dólares, mientras que en el Mar del Norte sólo 10 dólares.



Las últimas compras realizadas por Enarsa marcaron un precio de 14 dólares para el gas procedente de Trinidad y Tobago, que suministraba Repsol en buques propios.



El problema que se le suma a la administración Kirchner es la escasa disponibilidad de buques tanques y los pocos que existen disponibles, atienden la demanda que embarca en el sudeste asiático, ya que el costo de flete va en función del precio del GNL.



Aun cuando el gobierno no quisiera convalidar mayor precio que los 14 dólares pagados a Repsol -seis veces mayor al que se paga en boca de pozo al productor local-, le queda la alternativa de chartear buques.



Sin embargo, y ante la escasa disponibilidad de bodega, el precio por día de un buque charteado asciende a unos 150.000 dólares.



En todo caso, ya ni siquiera habría que preguntarse a qué precio se va a importar el GNL, sino si la Argentina podrá contar con el fluido para la temporada invernal que se avecina.



Este es apenas uno de los efectos colaterales que produce la impericia de la clase política dirigente y que recaerá una vez más sobre las espaldas de la sociedad.

Otra muestra de ello está dada por la política cambiaria que no soluciona ninguna de las causas por las cuales el público dolariza sus tenencias.



La actual crisis cambiaria deviene de la fuga de capitales y ésta de los innumerables errores de la política económica que empiezan en el monumental gasto público, pasan por la emisión descontrolada de dinero, el manotazo a las reservas del BCRA y final y, fatalmente, por una de las tasas de inflación más alta del planeta.



¿Cómo combate el gobierno la disparada del dólar? Con perros, policías, gendarmes y servicios de inteligencia persiguiendo "arbolitos".



Si insiste en negar las causas de la dolarización de la economía, todo puede terminar en un colapso cambiario. La historia demuestra que los controles policíacos son un completo fracaso y que el único efecto que provocan es un aumento de la especulación.



La dolarización se encuentra expresada en el último informe monetario del Banco Central. Allí se muestra que la cantidad de dinero en circulación aumentó 28 por ciento en el último año, lo cual revela que el circulante aumenta más que la inflación.



Pero lo más importante, es determinar si el valor del dólar se encuentra en línea con la cantidad de pesos en el mercado y, en todo caso, si el gobierno tiene los dólares suficientes para atender la creciente demanda.



Por el momento, se excluye del cálculo los depósitos a plazo fijo en pesos -230.000 millones-, y en dólares, -13.000 millones- sólo bajo la hipótesis que esos fondos están prestados y cuentan con una garantía de devolución.



El informe del BCRA destaca que el M2 (comprende el circulante en poder del público más los depósitos a la vista en pesos del sector público y privado no financiero) totalizó en abril, unos 345.000 millones de pesos.



A ello hay que sumarle unos 80.000 millones de pesos más por LEBAC y NOBAC y unos 25.000 millones de pesos de pases pasivos.



Todo esto totaliza un pasivo de unos 450.000 millones de pesos que existen en el mercado.



En la otra columna, en el activo, el BCRA señala que las reservas al 30 de abril totalizan 47.500 millones de dólares, a lo que hay que restar unos 2.500 millones, destinados al pago de la deuda, con lo que las reservas netas rondarían los 45.000 millones.



En conclusión, en la actualidad el BCRA sólo tiene 1 dólar de reserva por cada 10 pesos en poder de los agentes económicos. Es por eso que entre el canto de algunas sirenas oficialistas que piden "desdolarizar la economía por las buenas o por las malas" y el ya famoso "vamos por todo" presidencial, hay muchos que se preguntan cuándo llega el próximo zarpazo. Que no es el primero, pero que tampoco será el último.





(*) Columnista Agencia DyN