Lunes, 14 Mayo, 2012 - 15:36

Controversia por la venta de libros de DDHH que Educación había encargado para distribuir gratuitamente

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Se trata de la reedición de “24 de marzo del 76: El Golpe”. El gobierno compró 10 mil ejemplares pero el encargado de imprimirlos vendió algunos en la Feria del Libro.

Una factura del 22 de febrero de Librería de la Paz consigna la venta de un ejemplar de la última reedición del libro a $ 122. El episodio se convirtió en un pequeño escándalo porque era de distribución gratuita: el ministerio de Educación le había encargado a la librería la impresión de 10 mil ejemplares que serían entregados en escuelas y una parte se destinaría a la Comisión Provincial por la Memoria.



Rubén Bisceglia, titular de Librería de la Paz, responsable del trabajo de edición e intermediario en la impresión, dice que los libros vendidos (“no más de diez o veinte”) formaban parte de un remanente, pero que los 10 mil encargados por el gobierno “fueron entregados en tiempo y forma”. O sea, comercializó el excedente.



Ese excedente “es una suerte de `garantía´ que suele ser del 5% del total del material que se imprimió; es una reserva del editor para el caso de que hubiera ejemplares fallados. Se pueden hacer unos 300 ejemplares de garantía, eso forma parte del capital del proveedor, no del cliente, y es una `cortesía´ del imprentero”. Además, aclaró, “cuando la gente de Derechos Humanos nos planteó la situación (de la comercialización `inapropiada´ del libro) suspendimos la venta inmediatamente”.




ISBN

Una de las críticas en torno a la operación de alrededor de $ 115 mil es que mientras se ultimaban los detalles sobre la publicación, Librería de la Paz registró el “ISBN” (Número Estándar Internacional de Libros, por sus siglas en inglés) pero no consignando que se trataba de una edición de distribución gratuita. Para colmo, asegura Alfredo Germiniani, encargado en esa época de la “gestión de edición” de la obra por parte del ministerio, tampoco quitó la leyenda “Todos los derechos reservados”.



“Eso jamas debió figurar en la impresión final del libro”, dijo en una discusión en Facebook. Cuando en el ministerio se enteraron, habrían coordinado con el editor una “solución desprolija en términos editoriales”: pegarle a cada ejemplar un sticker con la frase “Libro de distribución gratuita, así como el uso de la información contenida en él”, cosa que al final no prosperó. Todos estos arreglos habrían sido vía mail.



Bisceglia asegura que lo del ISBN no tiene nada que ver con apropiarse de la autoría de la obra: “Por cuestiones de apuros de la gestión no hubo una reunión, se puso lo que normalmente se pone en cualquier libro; no hay apropiación bajo ningún punto de vista del derecho de autor”; de hecho, agrega, “no está inscripto por parte de Librería de la Paz ante ningún estamento institucional”.



El apuro tiene su explicación: según el librero, la cartera educativa no sólo le había pedido que imprimiera 10 mil libros, sino que lo hiciera en una semana. “Esta cuestión está llena de supuestos”, se queja Bisceglia y desafía: “Que muestren los mails”. “Esto es una búsqueda de desprestigiarme; acá hay una clara campaña de personas que no entienden del mundo editorial pero buscan agraviarme sobre el desconocimiento de las cosas, porque cuando uno habla de supuestos no habla sobre cosas tangibles, que se pueden comprobar”.



“HAY GENTE QUE QUIERE PAGAR”

Más allá de la legalidad de vender el libro mientras el gobierno y la Comisión Provincial por la Memorial lo distribuyen gratuitamente, surge un dilema ético: ¿es correcto comercializar un material cuyos costos ya fueron cubiertos por el cliente y, además, hacerlo con una obra cuyo contenido es de gran relevancia social? ¿No hubiese sido más valioso que la librería los entregara sin cargo en la Feria del Libro aprovechando que no le habían costado un peso?



Bisceglia invierte el argumento: “El informe es muy valioso, felicito al gobierno por regalar ejemplares, pero hay personas que quieren pagar. Que haya libros que se regalen y otros que se vendan no es contradictorio”, dice e ilustra: “De la misma manera que en Buenos Aires hubo gente que renunció voluntariamente a los subsidios porque pueden pagar el servicio”.



Y como para dejar de lado las hipocresías, añade: “Las editoriales llamadas progresistas existen sobre la base de la comercialización de ejemplares;
la CONADEP puede entregar ejemplares sin cargo pero además los vende”.



“EL TEMA DE MARGARITA ME CONMUEVE COMO MILITANTE”

Antes de que su empresa se convirtiera en una de las más prósperas de la región, el “Pato” Bisceglia era militante o adherente del PO. En la década del noventa eran conocidas sus posturas “radicalizadas” frente a los desmadres del neoliberalismo, aunque hubiese dejado atrás su pasado como “tirabombas”, según él mismo reconocía. Conforme su empresa crecía, su ideario político de izquierdas era -para quienes lo conocían- casi “testimonial”.



Pero que se tuviera que abocar a su empresa no impidió que siguiera creyendo en las mismas cosas que antes: “A mí el tema de Margarita me conmueve como militante, como editor y como librero. Cuando me pidieron que la editorial tuviera el libro en siete días en la calle, por lo que hubo que trabajar turnos nocturnos, tuve que poner gran parte del equipo para que el 24 de Marzo de 2011 estuviera en el Museo de la Memoria”.



El compromiso es, según él, compartido por el personal de la librería que armó el stand en la Feria del Libro con los ejemplares de “El Golpe” como si fuera el último best seller: “En lo personal yo no lo hubiese puesto en venta, pero la gente que forma parte de la organización puso el libro porque había ejemplares; lo exhibieron bien porque hay una identificación de la gente de la empresa con el tema”.



“SOY SOLIDARIO DESDE EL PRECIO”

“La factura que se pasó fue de $ 11,50 el ejemplar; soy solidario con el tema desde el precio para que el Estado compre”, se indigna Bisceglia y explica que la empresa “esperó más de seis meses para cobrar la factura. Que vayan a cualquier imprenta a hacer esa cantidad de libros y pregunten cuánto les cobran”.