Domingo, 13 Mayo, 2012 - 09:51

Graduados K

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La “regla de oro de la nostalgia” en la cultura popular supone que hay ciclos de cuarenta años en los que “todo vuelve”.



El fenómeno de la serie de HBO Mad Men, ambientada en la década del 60 y que lleva ganados cuatro Globos de Oro y quince Emmys, impulsó a la revista The New Yorker a dedicar su tapa a “la regla de oro de la nostalgia” en la cultura popular. Su tesis (ver ejemplos al final) es que la nostalgia tiene ciclos de cuarenta años, porque quienes deciden qué canon imponer tienen entre 55 y 60 años y recuerdan con cariño la época cuando ellos eran jóvenes, sumado a los jóvenes actuales que admiran la época de sus padres, siempre más romántica a sus ojos.



Algo parecido muestra la última película de Woody Allen, Medianoche en París, en la que el protagonista viaja desde el presente a la época de Scott Fitzgerald, Hemingway, Picasso, Dalí y Buñuel, mientras la joven de esa época con la que se relaciona quería viajar a la Belle Epoque, otros cuarenta años hacia atrás, porque todo era más vital allí.



El setentismo que tan de moda está en la política y la economía argentina tiene un componente de nostalgia. Combina la edad de Cristina Kirchner y Zannini –de entre 55 y 60 años– como canónicos, con la de los jóvenes de base de La Cámpora como herederos-receptores. Los países en vías de desarrollo reciben las modas con unos años de retraso, y los energéticos 60 de los Estados Unidos y del Mayo Francés en la Argentina tuvieron su momento en los 70.



El éxito de la serie de Telefe Graduados, aunque de una década posterior, tiene un componente nostálgico que inspiró la foto que acompaña esta columna, donde la cara de Cristina Kirchner sustituye a la de Nancy Dupláa en su papel de colegiala.



Gobierno vintage. El kirchnerismo vende y se vende a sí mismo la idea de vanguardia. En palabras de la Presidenta en su discurso del miércoles: “No vivimos una época de cambios, sino un cambio de época”. Deberían tener cuidado con lo que les resulta futuro. No vaya a ser que termine siendo un espejismo del pasado que su nostalgia desfigura. Un psicólogo podría interpretar sintomáticamente tanta advocación a los jóvenes y sospechar el deseo de disimular lo opuesto: un gran viejazo.



Un estilo vintage no tiene necesariamente que ser malo, mínimamente estarían muy de moda. Pero sería bueno que fueran conscientes para no caer en costosas alucinaciones.



Por ejemplo en economía, donde es evidente que muchas de las acciones que instrumenta Moreno terminan creando más problemas de los que solucionan, justamente por arcaicas. La semana pasada, en el diario Página/12 una columna firmada por Andrés Asiain, de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche, explicaba que los empresarios no invertían a pesar de los “incentivos pecuniarios” debido a que “los hombres de negocios veían con temor el ascenso económico, social y político de las masas, prefiriendo ser amos y señores de una sociedad en decadencia”.



Nunca habría que descartar la existencia de personas así de retrógradas, pero los “humores empresarios” actuales son bastante más concretos que los de hace cuarenta años. Ya aprendieron que si hay mercado interno les va mejor. Su problema es observar que hasta los amigos del modelo (en diferentes medidas Eskenazi, Midlin, Brito o Werthein) padecen –de repente– una furia oficial que los destierra del paraíso. Y se preguntan: “¿De qué vale ganar dinero que mañana les pueden quitar?”. Ese pensamiento no es una zoncera o tilinguería, como diría Jauretche, sino básico sentido común.



Es mentira que todo vaya mal, que nos hayamos caído del mundo o que el costo en imagen por la estatización de YPF sea irreparable. Pero también es cierto que si a pesar de los 40 mil millones de dólares que exporta el campo persiste la falta de dólares, algún problema hay en la economía.



El Gobierno mira la realidad desde la perspectiva del ojo de Dios, quien todo lo puede. Los adolescentes también.



EJEMPLOS DEL NEW YORKER


  • Década del 40: la nostalgia recae sobre el auge de la inocencia de principios del siglo, un tiempo imaginado de chicas alegres en vestidos largos y chicos tímidos con sombreros de paja. Meet Me in St. Louis, una película realizada en 1944 acerca de una feria que se celebra en 1904, fue el más exitoso espectáculo junto con Take Me Out to the Ball Game, un musical de 1948 acerca de una canción escrita en 1908.

  • Década del 50: entregó un aluvión
    de películas sobre la Primera Guerra Mundial, como The Seven Little Foys, y dio comienzo al
    romance con el Titanic con A Night to Remember. También trajo el revival del jazz en los adolescentes, con la música de Joe Oliver y Jelly Roll Morton, y los hombres en sombreros de paja y chaquetas a rayas llamados Dixieland.

  • Década del 60: nostalgia de los años 20 a partir de la serie de televisión The Roaring 20. En 1966, la banda que ganó el premio Grammy fue New Vaudeville Band’s twenties megaphone. Cada uno de los cuatro últimos álbumes grandes de los Beatles incluyó un tema pastiche de los años 20: When I’m Sixty Four, Honey Pie, Your Mother Should Know, Maxwell’s Silver Hammer.

  • Década del 70: nostalgia de los años treinta con las películas El golpe y Luna de papel.

  • Década del 80: recuerda la época dorada de la Segunda Guerra Mundial con películas como Indiana Jones y los cazadores del arca perdida, El imperio del sol, Esperanza y gloria, Biloxi Blues, y mujeres trabajando en la línea de montaje en Chicas en pie de guerra.

  • Década del 90: la nostalgia de los años 50 tuvo la pasajera moda revival de Hush Puppies, Converse y All Stars, o las incontables variaciones de la campaña “Kerouac usa pantalones caqui". La película Hombres de negro inspiró el look de CQC, con corbatas delgadas y anteojos negros envolventes.

  • Nuestra década: nostalgia de los 60 con demasiadas bandas de rock pastiche de esa década (Alex Turner, de Arctic Monkeys, que suena exactamente igual que John Lennon). El revival de los Stones y los Beach Boys en largas giras, haciendo sus hits de cuarenta años atrás como si fueran nuevos.

Fuente: 
Perfil.