Martes, 8 Mayo, 2012 - 18:47

Correo de nuestros lectores
Nuevo Espacio Abierto: impresiones

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Normalmente las aclaraciones llegan tarde. “No aclares que oscurece”, dice el refrán.

En la líneas que siguen y para no aclararlo después, creo oportuno hacer primero algunas consideraciones personales y recién luego abordar el tema del título.



En primer lugar, como seguramente les sucede a muchos de los que puedan leer este texto, debo decir que no pertenezco a ningún partido político, ni formal ni informalmente, aunque tengo algunos pocos amigos de varias fuerzas políticas.



Lo segundo, me interesa mucho la política y lo que pueda pasar en la vida orgánica de los partidos, porque –finalmente- sus propuestas electorales estarán en el cuarto oscuro al momento de emitir mi voto.



Lo tercero y último, lo que sigue –entonces- es la visión de un simple ciudadano, más preocupado por discernir propuestas auténticas y honestas que por
fustigar o exaltar a un partido. Un simple ciudadano que, junto a otros, junto a millones de argentinos, conformamos y somos lo que algunos parecen olvidar. Somos el soberano, y en cada elección damos a quien queremos nuestro voto con la condición de que –a través de la gestión de la cosa pública- cumplan las cosas que nos prometieron en sus campañas, sin que reinterpreten una y mil veces el voto que se les ha dado.



Cuando voté ya dije lo que tenía por expresar. Dije a quién le creí, a quién lo consideré idóneo, honesto, laborioso, etc. Dije, también, qué es lo que esperaba para mí y para la sociedad, de modo que no necesito que me reinterpreten a cada rato, como ocurre cuando un político dice “el pueblo quiere tal o cual cosa…”. Lo que queremos lo dijimos en cada elección, y lo que les toca a quienes llegan al cargo público es, simplemente, trabajar para cumplir lo que prometieron.



Dicho esto, quiero compartir algunas impresiones personales en lo relativo al llamado Nuevo Espacio Abierto, sin emitir juicio de valor sobre las personas que lo integran hasta el momento.



En este contexto, hay cosas que llaman la atención.

En primer lugar, la identidad ideológica que manifiestan públicamente, en aparente sintonía con la del radicalismo chaqueño.



Al principio, incluso antes de lo de San Bernardo, cuando bajo la consigna de luchar por un partido democratizado y abierto, donde los candidatos sean elegidos por el voto y no por el dedo de Rozas, se auto nombraban "Nuevo espacio Radical". Hoy, la palabra "radical" ya no está en su título.



Tal vez por costumbre, creo y pondero el valor de los matices y de las palabras y, aunque me puedo equivocar de acá a la China, me llama la atención el cambio del nombre. Algunos me han dicho que ello se debe simplemente al proceso natural de un movimiento que recién empieza. Puede ser. O puede que no.



Como sea, a los ojos de la sociedad, el Nuevo Espacio realmente fue y es entendido como una línea interna del radicalismo, que –obviamente- iba a pujar, en términos políticos, por crecer en número e intentar hacerse –aunque sea parcialmente- de la conducción del partido, a fin de concretizar gradualmente lo que pretendió desde su origen: democratizar y abrir la UCR chaqueña.



En segundo lugar, me llama también la atención lo sucedido en el Club Unión de Machagai, en ocasión de la convención, y de lo cual mucho se ha escrito y opinado por estos días.



Me ha resultado demasiado fuerte una declaración de fraude tan terminante, especialmente si se tiene en cuenta que al afirmarlo como indubitable en el ámbito partidario y frente a la sociedad, indirectamente -pero no con menor fuerza- se ha transmitido la idea de que hasta el propio veedor tuvo que ser una especie de cómplice necesario.




Y esto es grave. Un veedor de la justicia electoral, como en este caso el Dr. Ricardo Boschietti, tiene sus funciones y responsabilidades definidas acordes a las que emanan, entre otras, de la ley nacional actualizada Nº 23298, en sus artículos 29 al 32, además de las que devienen de la perfecta neutralidad e imparcialidad imperadas por la ética y el sentido común.



Por lo mismo, se lo haya nombrado o no a la hora de denunciar mediáticamente el fraude, ha quedado involucrado necesariamente en la denuncia, ya que es el propio Boschietti el que afirmó primero y ratificó después que “Durante todo el proceso de acreditación de convencionales los representantes y apoderados de los distintos movimientos (Convergencia Social y Nuevo Espacio) estuvieron permanentemente junto a mí en la mesa tomando nota de cada uno de los convencionales que iban firmando las planillas e ingresando, totalizándose así 207 convencionales registrados y a la hora de votar quedaron 206 porque una señora de Machagai que se registró luego se ausentó; esos 206 convencionales son los que votaron nominalmente ante mí, así está certificado en las planillas”, por lo que al convalidar el resultado de la votación en los términos de ley, de haber existido fraude real, éste (el Dr. Boschietti) tuvo que haber sido parte del mismo, lo cual –obviamente- trascendería la esfera partidaria y caería, por su propio peso, en el ámbito de la justicia, sembrando así un pésimo precedente.



Por ello, la gente del Nuevo Espacio –a mi entender- debió proceder de inmediato, con las pruebas necesarias y suficientes, acorde al derecho y en los plazos indicados en la mencionada ley 23298 y sus complementarias. De otro modo, todo el tema se reduciría sólo al ámbito mediático, poniendo gratuitamente en tela de juicio el buen nombre del veedor y sumando más confusión todavía a las que ya tiene el electorado chaqueño.



Por último, quiero expresar una impresión personalísima que sólo el tiempo la confirmará o no: tal y como veo la situación, la sensación que me queda es que –finalmente- el Nuevo Espacio Abierto terminará siendo no una línea interna del radicalismo sino, directamente, un partido distinto. Tal vez llevado por el devenir de las coyunturas políticas internas, o –tal vez- porque esa fue la intención desde el principio. Realmente no lo sé, aunque si se tratara del segundo caso (intención desde el inicio) seguramente que hubiera sido más conveniente plantearle a la sociedad dicha novedad con toda naturalidad y fundamentos, ya que decisiones de este tipo son las que emergen de una cultura que quiere seguir profundizando en el ejercicio de la democracia. Como sea, el tiempo lo dirá, aunque en lo personal creo que –hoy más que nunca- es marcadamente saludable que los integrantes de un partido sepan zanjar sus diferencias con todo el vigor del que son capaces pero –también- con todo el respeto a la sociedad, único soberano que decide sobre su futuro, aún cuando lo haga a través de los representantes contemplados en el sistema democrático.



(*) [email protected]