Domingo, 6 Mayo, 2012 - 19:59

Correo de nuestros lectores
Lo que nos dejó Greenpeace

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Lo que nos dejó es que el gobernador tomó la decisión de suspender por 60 días los permisos en el Impenetrable. No es poca cosa.

La organización ambientalista pasó por el Chaco usando parte de su poderío para amplificar y visibilizar cuestiones que tienen que ver con nuestros bosques, y que desde hace tiempo venía expresando con menor despliegue logístico y mediático, pero sin éxito. Lo que nos dejó es que el gobernador tomó la decisión de suspender por 60 días los permisos en el Impenetrable. No es poca cosa.



Lamentablemente le apuntamos a Greenpeace un logro, entregando, aunque más no sea por un rato, una bandera que es bien peronista y nuestra: el liderazgo en la defensa de nuestros recursos. No se puede afirmar que ello sea un reconocimiento de todas las afirmaciones de la ONG ambientalista. De ninguna manera se suscribieron todas sus denuncias. Pero si queda claro, que existen elementos como para tomar en consideración las denuncias que nos han puesto –producto de nuestra torpeza y soberbia- en la escena nacional e internacional y no con las mejores galas en un tema tan sensible.



También ha quedado expuesta la organizada catarata de descalificaciones hacia la transnacional tanto de funcionarios del área como de productores y profesionales vinculados a la explotación forestal y sojera, que poco menos que colocaba a los “Jaguares” en un lugar más dañoso que los que históricamente nos han depredado y expoliado. Una puesta teatral de poca monta. Con actores no caracterizados, sino disfrazados.



Que Greenpeace le da espectacularidad a sus intervenciones no es ninguna novedad. Es parte de su estrategia como para llamar la atención y poner en debate ciertos temas. Y hoy somos testigos que lo logran. Y lo logran así, porque con algunas denuncias sin tanto despliegue no se consigue lo mismo.



En consecuencia, torpes hemos sido al no advertirlo y expusimos al gobernador a enfrentar una situación sin dudas compleja y con costos políticos a nivel nacional. De modo que de nada sirve seguir cargando las tintas adjudicando a otros, fundamentalismo y mercantilismo, mientras los hechos nos desnudan. Tampoco sirve exagerar con que se pretenden bosques como museos. Porque con la misma chicana se podría proponer uno que albergue alguna especie para la puedan conocer próximas generaciones.



Seriamente, lo que hay que discutir es si hemos decidido optar por el modelo economicista y productivista que coloca a los recursos y el medioambiente en un segundo o tercer plano, o si efectivamente tomamos el rumbo del modelo que coloca al hombre, al presente y al futuro en el centro de la escena y diseña políticas de largo plazo, sustentables, sostenibles y responsables. En el primer caso la apuesta es cien por ciento mercantilista y de corto plazo. Como decir: lo hacemos hoy y cosechamos los beneficios, dentro de cincuenta años ninguno de nosotros estará, no es nuestro problema. El segundo implica sin dudas el aprovechamiento responsable, con un avance más moderado, pero racional, sustentable y perdurable.



Son decisiones que naturalmente exceden a los funcionarios hoy embarcados en la defensa a ultranza del primero. Es el rumbo estratégico de una provincia con un potencial extraordinario el que debe decidir si incendiarlo para iluminar una gran fiesta para pocos hoy, o administrarlo para su disfrute racional a perpetuidad por todos.



Escuchamos desde los despachos oficiales decir que “ese desmonte es legal porque tiene permiso”. El permiso no es garantía de legalidad. Gran parte del Chaco ha sido enajenado en sus tierras y sus bosques con apariencia de legalidad, con títulos y permisos durante el rozismo. Pero no somos el rozismo, y las leyes no están para que les “les busquemos la vuelta” como para violarlas y hacer parecer que las estamos cumpliendo. Se debe proponer el debate y modificarlas. Siempre que optemos por lo primero es que sabemos que va de contramano con los intereses colectivos.



Por último y volviendo al sacrificio de nuestras banderas, mucho antes que Greenpeace, compañeros que viven en el monte vienen denunciando el atropello de las topadoras. Ellos no saben si ellas tienen permiso o no, pero sí saben que les destruyen su hábitat, como saben que las avionetas envenenan sus huertas, pequeños sembrados y vidas. Pero no los hemos escuchado.



También cabe recordar que un grupo de funcionarios venimos advirtiendo –también sin eco- sobre el manejo de nuestros bosques. Lo hemos hecho siempre en defensa de este gobierno que nos costó conseguir para que los chaqueños hoy disfrutemos las extraordinarias transformaciones jamás imaginadas. Pero tuvo que venir Greenpeace, con sus “Jaguares”, motos, areneros y helicópteros. Lo lamentamos, por la bandera prestada, pero en buena hora si sirve y no hubo otro modo.