Domingo, 6 Mayo, 2012 - 19:58

Cuando se abre el paraguas... no llueve

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Muchas veces cuando se “prevee”, nada pasa, pero “si pasa”, y no se tomaron medidas de precaución, vienen las culpas y las acusaciones.



Por lo general no es un hábito de todas las personas, ser previsoras, y aún así caminan tranquilas, aunque no seguras.



En un país nórdico, a los automovilistas que usan anteojos en forma permanente, se les exige que tengan un par de repuesto en su automóvil, por si se les rompiera el otro. Imagínense a un miope que se quede sin lentes en la ruta.



En los boliches, aquí, se exige una puerta de emergencia, por si sucediera algún imprevisto.



Cuando se inunda una calle, a veces hay otras donde
transitar, que de no hacerlo se quedarán aislados.



Y así llegamos, para hablar del Puente Gral Belgrano.



Muchos recordarán los tiempos en que se construía el puente, loa profesionales que participaron, los que vinieron de afuera,
los operarios de habla extranjera. ¿se acuerdan del francesito?
Era un espacio con cientos de personas trabajando para
unir las dos provincias en un tránsito más fluído y acordes a los tiempos. Había una demanda cierta.



Fue en ese entonces que se conocieron un ingeniero tucumano con una hermosa chaqueña de ojos azules.



Hasta ese entonces quienes trabajaban de uno u otro lado de la orilla o estudiaban ( porque siempre ocurrió) se trasladaban en la lanchita o la balsa, que en su viaje de una hora o más, ellos acumularán mil recuerdos y anécdotas., los de los lindos día de sol, los de tormenta, y la sensación de las gotas de lluvia mojando la cara, sentados en la lanchita..Fue en ese tiempo que Rocío estudiante de medicina lo conoció a el Pepe.



Como todas las cosas los tiempos cambiaron, se modernizaron y se alzó imponente el Puente Gral Belgrano. El tránsito se hizo más agil, intenso. Pero, se convirtió en el único modo de ir a un lado o al otro.



Y algo que también tiene que ver con la modernidad, aparecieron los cortes, los piquetes y al interrumpir el tránsito , por momentos se convirtió en un verdadero martirio , el esperar o el cruzar a pie, para quienes lo debieron hacer a diario.



Ahora, tal como ocurre en las calles de la ciudad, también en el puente se suceden y cada vez más seguido accidentes por embotellamiento, exceso de vehículos.



Quienes son asiduos usuarios se lamentan, reclaman,; la demanda ahora es mayor.



Hace un tiempo se está discutiendo por la contrucción de un segundo puente. Las decisiones parecieran estar muy lentas , aunque el tema urge.



Con la agudeza que da la tecnología, con la inteligencia de crear caminos alternativos, con el avance de las herramientas científicas, no reavivar ese proyecto, sería dejar de lado aspectos del desarrollo regional, que hace a la vida de los habitantes de las dos provincias.



Si hubiera que realizar tareas de “restauración” en el lugar, paralizarían a cientos y cientos de personas que son el motor productivo. Y no pensemos cuando debe pasar una ambulancia, que ahora sucede con frecuencia, aunque ya es “normal” escuchar sus sirenas, son un aviso sinónimo de dolor y urgencia, quizás, por no preveer.



Con identidades definidas, con aportes diferentes, las dos provincias marchan en algunos aspectos casi como “socias”, y un “chacocorrientes”, va y viene hilvanando historias con las que se construye la vida día a día.





(*) [email protected]