Domingo, 6 Mayo, 2012 - 10:14

Cómo gestionar YPF
Ahora, lo difícil

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Pasada la épica expropiadora, llega el momento de conducir la petrolera. ¿Podrá o lo dejarán a Galuccio?

Crónica de una épica que no fue. Así podría titularse todo el proceso que culminó con la nacionalización del 51% de las acciones de YPF que estaban en manos de Repsol. Por eso, la puesta en escena del debate en la Cámara de Diputados formó parte de esta necesidad permanente del Gobierno de hacer del relato casi la esencia misma de su gestión. Y, paradójicamente, es la exposición de ese relato la que deja a la intemperie las indiscutibles contradicciones del kirchnerismo. El Gobierno tiene todo el derecho de decidir la expropiación de una empresa cuando entiende que hay tras de ello una cuestión de interés público. Hacía muchos años que había razones objetivas para proceder a la nacionalización de YPF. El accionar de Repsol fue devastador. El artículo 17 de la Constitución Nacional contempla esta circunstancia y expresa claramente cómo proceder en situaciones como éstas. Y es en esa inobservancia de lo establecido por la Constitución donde la Presidenta ha cometido un error cuyas consecuencias no serán gratuitas.



La Argentina nunca debió haber privatizado una empresa de la importancia estratégica de YPF. La complicidad de Néstor y Cristina Kirchner con ese modelo no necesita ya de mayor comprobación. Por eso, el lienzo con el rostro de Néstor Kirchner que, tras la aprobación de la ley de expropiación hizo caer La Cámpora desde los palcos de la Cámara de Diputados, no se corresponde con la verdad histórica.



La renacionalización de YPF, disfrazada de ideología, tuvo una causa fundamental: la imposibilidad de hacer frente a los costos que el creciente déficit energético hoy le significan al país.



Viene ahora lo más difícil: la gestión. La designación al frente de YPF del ingeniero Miguel Galuccio, una luminaria del mundo del petróleo, ha generado elogios unánimes. He ahí un acierto de la Presidenta. Para la gestión de Galuccio la incógnita tiene que ver con el nivel de apoyo político con que contará. Se sabe que el nuevo funcionario ha puesto condiciones exigentes para dotar de independencia a sus decisiones. Ojalá se las respeten. Galuccio debe remontar una cuesta empinada. Por estas horas, hay ansiedad en el Gobierno por cerrar acuerdos con algunas de las grandes petroleras internacionales que puedan ser anunciados con bombos y platillos. Ello no será fácil.



Con todo, el principal problema energético que tiene la Argentina es el gas, que es el elemento del cual se nutre la industria y por cuya falta muchas plantas quedan expuestas a una realidad, ya crónica, de cortes en los meses de otoño y de invierno. De ahí la expectativa que genera la existencia del pozo de gas shale de Vaca Muerta, considerado el tercero en importancia en el mundo después de los existentes en China y en los Estados Unidos. La real posibilidad de explotación de este recurso va a depender de tres factores primordiales: el impacto ambiental, la necesidad de utilizar grandes volúmenes de agua y el requerimiento de grandes inversiones.



Un capítulo aparte de todo este proceso de renacionalización de YPF lo merece la oposición, que parece empecinada en su derrotero de declinación imparable. En la Argentina hay opositores pero no hay oposición. Nadie allí acierta a encontrar la fórmula que permita anudar algún tipo de consenso mínimo sin el cual les será imposible construir una estructura con capacidad de oponerse al Gobierno, no ya por el hecho mismo de enfrentarlo sino por el de la necesidad que tiene toda democracia de generar alternativas. Hasta el mismo Gobierno se beneficiaría con ello. La crisis que la nacionalización de YPF ha producido en la UCR es la que corresponde a un partido carente de figuras con capacidad de liderazgo.



Por todo esto es que el Gobierno se siente imbatible. “Podemos hacer lo que queremos”, se ufana una voz que habita en las entrañas del poder que, con algún grado de sensatez, agrega que “esa falta de límites es, a la vez, un problema, por las tentaciones que genera”.



En medio de esta euforia, comienzan a aflorar los números de la economía, los que marcan que las señales de alerta se vienen incrementando. El cerrojo que, con acuerdo de la Presidenta, Guillermo Moreno mantiene sobre las importaciones, ha empezando a horadar la fortaleza de la economía argentina. Por otra parte, las dificultades que las provincias van teniendo para lograr financiamiento ha vuelto a poner en vigencia la idea de las cuasimonedas –en buen criollo, bonos– como instrumento de pago. Habrá que ver cómo se maneja esta delicada situación. El Gobierno cubre el rojo de sus cuentas fiscales sacando plata de cuanta caja puede. Es una potestad que las provincias no tienen. Los gobernadores despotrican pero lo hacen en la voz más baja posible. Saben que si son escuchados por la Presidenta, serán sujeto de represalias y se quedarán sin fondos, sin gestión, sin presente y sin futuro político.



Estas cosas aún no son percibidas por una gran parte de la sociedad. Por lo tanto, el Gobierno sigue de fiesta. Para corroborarlo ahí está Amado Boudou, el hombre que, a pesar del escándalo de la ex Ciccone, siempre ríe. A propósito de esto: dos relevantes figuras del mundo del derecho, que supieron ocupar cargos de relevancia en la magistratura, fueron lapidarias al decir que con los elementos que son del dominio público, la situación del vicepresidente es, desde el punto de vista del proceso judicial, de una gran endeblez; con jueces verdaderamente independientes su citación a declaración indagatoria sería un hecho.



Como parte de la fiesta está el nuevo chisporroteo con Gran Bretaña por la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas. Ahí están pues, el entredicho entre la embajadora Alicia Castro y el ministro de Relaciones Exteriores británico William Hague, sumado al resonante impacto producido por la publicidad filmada por el capitán del equipo argentino de hockey sobre césped, Fernando Zylberberg. En el Gobierno están exultantes con la repercusión interna de estos episodios. Increíblemente, nadie allí parece darse cuenta de que, en los hechos, con estas acciones se logrará sólo una cosa: que las Malvinas estén cada día un poco más lejos.







Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.