Sábado, 5 Mayo, 2012 - 08:28

Obispos al Diván

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La renuncia de monseñor Juan Carlos Romanín a la diócesis de Río Gallegos por “stress" evidencia que cada vez más obispos sufren problemas psicológicos.

El dato clínico que derivó en la dimisión no puede soslayarse, aún cuando la salida del prelado santacruceño tuvo como detonante el boicot de un grupo de sacerdotes contrarios a su postura crítica a las políticas oficialistas en el principal bastión kirchnerista.



"Estoy devastado, debí ser más prudente", se le escuchó decir al prelado, hoy bajo tratamiento psicológico estricto en Buenos Aires.



El caso de Romanín no es el único, aunque otras son las razones. Un obispo del conurbano bonaerense -revelaron a DyN fuentes eclesiásticas confiables- evalúa pedir una licencia a la Santa Sede o bien que se le nombre un obispo auxiliar para ayudarlo en las tareas pastorales, a raíz de una "depresión aguda" motivada por la muerte de su madre.





El papa Benedicto XVI expresó "preocupación" por la salud psíquica del clero, al advertir que la sobrecarga de trabajo pastoral impide a los sacerdotes alimentar en forma adecuada su vida espiritual y poder discernir lo esencial de lo secundario.







Ante esto, sus colaboradores alentaron la organización de un congreso sobre las problemáticas mentales. Fue recientemente en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, y con un título sugestivo: "Sacerdotes en el diván. Bienestar y malestar en el trabajo pastoral".



Psicólogos, terapeutas y religiosos coincidieron en que el clero católico no está exento de sufrir tipologías que pueden ir desde el simple malestar a la depresión profunda, y desde el stress en la actividad pastoral hasta el rigorismo en la concepción del ministerio sacerdotal y las neurosis.



Los especialistas también concluyeron que el stress psicofísico y la depresión de los clérigos es producto de la soledad, la introversión -un porcentaje mucho mayor respecto de la medida de la población masculina- y la pérdida de relevancia social, en casos a raíz de los escándalos por pederastia.







Muy pocos, en cambio, vincularon los desajustes psicológicos de los sacerdotes al celibato.







Teodoro Argerich, de la Fundación Argentina de Salud Mental, confirmó a DyN que el estrés y demás problemas psicológicos de uno de cada tres curas es tal, que muchas veces terminan sufriendo el Síndrome del Burnout. Es decir, "sacerdotes que se sienten agotados, desmotivados, desilusionados, cansados...".



Otros especialistas consultados por esta agencia precisaron que una de las causas de este padecimiento es "la enorme carga laboral que desempeñan" por la falta de sacerdotes para atender las parroquias, que los lleva a celebrar misas en hasta tres o cuatro templos por día, y por "no pocos" conflictos generacionales entre jóvenes y viejos clérigos.



También por las diferencias profundas entre conciliares y postconciliares, progresistas y conservadores, o entre quienes buscan ascender en la estructura eclesiástica y aquellos que se entregan a la atención de los creyentes.



Los especialistas citaron, además, la "doble presión" que los fieles someten a los curas: Unos que los buscan en forma continua como punto de referencias en sus comunidades, y otros que se desinteresan, permanecen indiferentes y hasta se manifiestan contrarios a la doctrina por ellos proclamada.



Hasta el cine abordó el tema en forma irónica en la película "Habemus Papa", muy criticada por presentar a un pontífice recién elegido que no puede asumir sus responsabilidades apostólicas y contrata un psicólogo para superar la crisis.
Fuente: 
DyN (*)