Sábado, 28 Abril, 2012 - 20:03

Correo de nuestros lectores
Un mar de poder

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Del mar de la política siempre en todas las épocas y en toda la historia han surgido ellos, esa nueva elite social y económica que utilizan los peldaños de la función pública.

Para cambiar su nivel de vida
luego de
considerarse los afortunados
elegidos, para hacer ostentación de su
poder y de su riqueza.



Como Catilina en la antigua Roma quien era un hombre de confianza del Cesar y fue acusado
de malversación de los fondos del imperio sin embargo no sufrió castigo alguno porque el Emperador intervino, pero en cambio su carrera política fue destruida.

Pero aquí, no podemos decir lo mismo. A nadie se le destruye su carrera política, porque pasa todo lo contrario.



Ellos se imponen frente al resto del pueblo a quienes les siguen engañando o quizás aún sabiéndose engañados están conformes con lo que les ofrecen. ¿Porque será?

Ellos mientras tanto toman posesión de aquello que es de todos, se benefician de las mieles del poder y lo convierten en algo propio.



Ya que lo único que los mantiene en un equilibrio de intereses
es estar atento a las próximas elecciones, como van en las encuestas, si van a ganar votos, que cargo publico tomaran la próxima vez
y como incrementaran
su patrimonio. De este modo alimentan sus ambiciones personales
y la de su entorno que gira a su mismo ritmo.



Pero muchas veces ese poder va inversamente proporcional con su capacidad, y
con sus atributos intelectuales, produciendo efectos perjudiciales al interés de todos.



Aunque manejan el engaño hábilmente, con un discurso cargado de falsedades. Son hábiles Judas a la hora de poner en juego estrategias favorables cuando la situación lo amerita. La verba politiquea la ayuda a envolver
a sus seguidores con habilidad seductora que hace crecer el auditorio con aplausos y cánticos, que terminan por
llenarlos de vanagloria.



Pero cuando las cosas se ponen pesadas el discurso se vuelve ambiguo, y entonces lo que ayer se dijo mañana no funciona y hay que cambiar
el mensaje quebrando la coherencia,
demostrándose así una falta de plantificación y de conocimiento en lo que se hace. ¿Pero eso importa? ¡Claro que no!
Y como "las papas queman"
hay que remarla como se pueda,para continuar alimentando la popularidad y la imagen, aunque con ello se arriesgue
la verdad y se deje de lado la honestidad.



Es mas, buscan con esmero poner a la prensa no oficialista en un grado de poca credibilidad, y que mas allá de ser cuestionada a diario por todos ellos, minimizan las criticas al punto tal de convertirlos en chimentos sin fundamentos serios. Así los escándalos oficiales vienen y van como las olas en la playa; hacen mucha espuma al principio, pero luego desaparecen de la escena, eclipsándose a través de maniobras astutas llenas de efervescencias.



Sabemos que la Argentina -como tanto otros países- han sido muchas veces golpeada por los malos políticos que sobrepasados por el poder y la vanidad y deslumbrados por un cómodo sillón y un gran despacho lleno de secretarias, esmerilaron la realidad de tal modo que pasaron a ver la realidad con
lentes muy distintos a lo que se ve en la calle , y a lo que vive y padece la gente.



Y en ese mar de opiniones donde se entremezclan las adulaciones y las críticas, las euforias y las ofensas surgen situaciones
en que
escasean las soluciones .Y mientras ellos dilapidan mal el dinero del pueblo con presupuestos holgados para gastos
que no se saben a donde van, afuera hay carencias, hay reclamos eternos que nunca fueron escuchados. Donde pasaron gobiernos, pasaron elecciones pero el problema persiste, y nada ha cambiado.



Caminamos
así de la mano de un egoísmo por parte de quienes deben brindarnos una mejor calidad de vida, pero ellos no lo ven ni nos escucha
y eso los
deshumanizan.



Pero ¿porque? Porque hay una hipocresía tras sus ambiciones; esas
mismas que los enceguecen. No miran las carencias de su gente, carencias que
pone al hombre contra el hombre y así surge la inseguridad como resultado de la marginalidad Y
los que tienen la autoridad para cambiar todo, tampoco lo ven.



Y muchos interrogantes
y pocas respuestas se repiten en bocas de todos, y solo
recibimos de parte de ellos una lucha por el poder, una carencia de responsabilidad y una carencia de capacidad para solucionar los problemas.



Algunos piensan que las crisis económicas conducen al fracaso a los modelos de gobierno.



Cuando es todo lo contrario, son las crisis políticas
las que conducen al fracaso a un país.



Políticos que repiten errores del pasado para tener como resultado errores en el presente.

Ya que un catálogo de conceptos forman parte de ese entramado de medidas que debe ser el índice general en la toma de decisiones, donde las necesidades del pueblo son las prioritarias como la pobreza, la educación, la producción, la salud, el desarrollo, la energía, el transporte, la vivienda, la seguridad, el trabajo entre otras cosas, y
que debería marcar la retórica de un ritmo que los conducirán al éxito o al fracaso. Sin embargo a veces todo queda en propuestas, en proyectos absorbidos por el exceso de gastos, la falta de presupuesto o su mal manejo, ya sea
por favoritismos, por la corrupción, por las omisiones y errores repetidos que luego hay que esconderlos tras explicaciones que no conducen a soluciones factibles. Pero aun así
se disfrazan tras un personalismo seductor, y un vocabulario grandilocuente, banalizándose
sus omisiones
y sus ineficiencias. Y
la oposición que debería intervenir para modificar lo que está mal, toma una posición de simple observador, que como producto de sus propias limitaciones, de sus incapacidades y de sus debilidades terminan siendo funcionales obsecuentes,
humillados por el oficialismo ante sus propias narices y traicionando así la confianza de quienes los eligieron.



Si bien miles de años han pasado bajo los pies del
hombre
pero eso no ha cambiado en el ser humano y es que cuando transita por los pasillos del poder
solo se ven a si mismo, allí solo vale su negocio y no la ideología. No hay interés
sobre el bien común solo el "salvase quien pueda"
regula la capacidad del mas apto, para continuar sentado en esos estrados.



Allí la evolución de un político no se maneja con las herramientas de la honestidad, ni de la verdad. Hay una degradación lenta que crece y se hace poderosa entre ellos y que es alimentada a veces por la torpeza del pueblo que los apoya, o por la debilidad de la oposición que actúan como títeres
al servicio de ellos
y que sin darnos cuenta -por culpa propias y ajenas- todos
terminamos
tropezando ante nuestro futuro.





(*) [email protected]