Jueves, 26 Abril, 2012 - 19:10

Correo de nuestros lectores
Pequeños Mendigos

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Todavía duele, a otros molesta, ver a niños que piden limosna, aunque desde el Estado ponen su esfuerzo en erradicarlos de la calle.











Todavía algunos se muestran en distintos lugares de la ciudad.



Hay quienes convencidos que se fomenta la vagancia, no dan monedas, y otros piensan que dándoles puedan calmar de algún modo su estómago vacío, aunque tristemente sepan que esa no es la solución, pero están, existen y piden



Quizás ud la vio, o
la miró. Con unos ojos grandes bordeados de largas pestañas. Su cabello enmarañado, y su carita sucia con expresión de susto. Acurrucada esperando que le den “algo”. Muchos le dejaron una moneda , un
señor
sacó de su bolso con
logo del supermercado una manzana y dos naranjas. Las tomó casi en un arrebato.



Segùn contó, es de Vilelas, son siete hermanos. Uno, es discapacitado, tiene “una manguerita” , dijo llevándose la mano a la cabeza., Vive con su abuela y una tía. “mi abuela es vieja, no puede caminar, llevó los papeles al Anses, pero no contestan”

Dice ir a la “escuela nueva
a cuarto grado”. Los maestros se encuentran frecuentemente con estos cuadros y muchas veces cubren espacios afectivos vacìos, que se convierten en vínculos fuertes e importantes. Del mismo modo los docentes sienten la impotencia ante estas carencias, que los desbordan.



Esta niña de 12 años, con un aspecto de 8, es la imagen
de lo que marca la pobreza., Su madre los abandonó, dijo, mientras se le humedecieron los ojos.



Son historias que se repiten, y casi con un futuro anunciado, que también se repite. Quizás algo pueda evitarse.



Es cierto que son muchas, pero atender y salvar a “una”, es importante.

Puede que
haya dicho en parte verdad, en parte mentira, pero lo que es verdad es que estaba en la calle y
mendigaba.



Hoy tenía frío,
era ese ovillito marrón acurrucado en la puerta del banco donde muchos
retiran sus haberes.



(*) [email protected]