Domingo, 22 Abril, 2012 - 13:11

Damas de Hierro

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

La principal crítica interna a la estatización del 51% de YPF hizo foco en el pasado: ¿por qué no lo hicieron antes?





O peor, ¿por qué
hicieron lo opuesto en los noventa? La correcta explicación a este cuestionamiento sobre el pasado responderá también la pregunta de fondo, que es sobre el futuro: ¿estamos ahora haciendo lo más conveniente? ¿No nos estaremos equivocando dos veces?



Más allá de las cuestiones sentimentales y simbólicas, la decisión será acertada si la suma de los beneficios resulta mayor que la de los perjuicios. Se trata de una cuenta compleja en la que no sólo suman y restan los beneficios que la propia YPF genere para sí y para sus accionistas, que ahora seríamos mayoritariamente todos los argentinos. Pero no se podría comenzar un análisis sin responder la más simple de las preguntas. Si YPF fuera suya, lector, ¿hubiera vendido en 1993 la gran parte, y luego el remanente en 1998, al precio que se vendió? Y ahora, si la plata fuera suya, ¿pagaría lo que se termine pagando por recuperar hoy el 51% de YPF?



Asumiendo que pudiera “recomprar” cuando quisiera y que en los noventa
hubiera estado corto de caja, no habría que descartar que su respuesta pudiera ser “sí” las dos veces, tanto a la venta como a la recompra. Porque en los noventa el petróleo costaba 12 dólares el barril y con el boom de todas las commodities, en los últimos años llegó a 120 dólares. De esas diez veces que aumentó el precio del petróleo desde entonces, sólo había aumentado una vez hasta el año 2003: cuando asumió Néstor Kirchner el barril costaba 25 dólares, las nueve veces restantes aumentó desde que el kirchnerismo ocupa el poder.



Muy simplificadamente, si usted pudiera comprar una
hectárea de tierra sojera que cueste hoy alrededor de diez mil dólares por el mismo precio que costaba esa hectárea hace algo más de una década,
o sea mil dólares, ¿la compraría?

Otro punto que usted tendría en cuenta, si fuera el vendedor primero y el comprador después, es que la YPF de comienzos de los noventa perdía dinero porque tenía 37 mil personas mientras que la actual gana dinero porque tiene una cuarta parte del personal. O sea que a quienes usted se la recompraría le hicieron el trabajo de hacérsela rentable. Y aquí comienza a insinuarse el futuro: porque si fuera para volver a los niveles de ineficiencia que YPF tenía cuando era cien por ciento pública, en lugar de recomprar YPF usted se abstendría.



Finalmente, usted tendría en cuenta que el año pasado YPF descubrió la tercera mayor reserva mundial de shale gas del mundo, lo que, aunque resulta complicado y caro extraerlo e YPF no cuente con el capital suficiente, no podría ser un hecho menor de cara al futuro.



Otro tema que usted tendría en cuenta es quién era el dueño de YPF. La española Repsol era una empresa más chica que YPF cuando la compró. España no tiene petróleo ni tenía mucha experiencia en la materia. Además de estar en Argentina, sus pozos de petróleo se concentraban en la Libia de Kadafi y países como Angola o Trinidad y Tobago.



¿Qué atributos tuvo entonces Repsol para quedarse con YPF? Que a fines de los años noventa España gozaba del boom de la Unión Europea y esto le permitió el acceso a crédito internacional a tasas de interés del 2% anual. Pero al revés, hoy España tiene un riesgo país superior al de muchos países latinoamericanos y ya no cuenta con fondos para inversiones enormes. No es una petrolera china o norteamericana. En síntesis, no agrega mucho valor.



Sin tener en cuenta nada más, probablemente usted compraría hoy el 51% de YPF al precio que se termine pagando.



El problema es que no está usted solo y habrá que ver cómo afecta al resto de los actores económicos su decisión, si desalienta las inversiones de los otros o le dificulta el acceso al crédito.



Más afectan a la imagen internacional que el Indec mienta con las estadísticas o los desastres que Moreno viene haciendo con las importaciones al clima de negocios. Pero habrá que ver si la nacionalización del 51% de YPF es la gota que rebasa el vaso y, como decía Vinicius de Moraes en su canción Regla tres: “Tanto lo hiciste que ella se cansó/porque abusaste de la regla tres/donde menos vale más./La primera vez ella lloró/pero resolvió seguir./Es que los momentos felices/habían dejado raíces/en su penar./Después perdió la esperanza/porque el perdón también cansa...”



Fortaleza o debilidad. Otra de las polémicas que desató la medida es si se realiza ahora porque el kirchnerismo está más fuerte con el 54% de votos, o porque está débil y precisa la caja de YPF. Quienes optan por esta segunda alternativa sostienen que el Gobierno se está radicalizando conforme a las leyes de la aceleración de un cuerpo en caída libre. Y argumentan que decisiones controversiales como la estatización de la jubilación privada o la Ley de Medios se produjeron en momentos de debilidad del kirchnerismo.



Lo cierto es que tanto las dos leyes anteriores como la de YPF fueron enviadas al Congreso cuando el Gobierno contó con mayoría. No podrían haber sido promulgadas entre diciembre de 2009 y de 2011, dos años en los que jugó a la defensiva legislativamente y se limitó a que no prosperara nada de la oposición.



YPF es una excusa más para que oficialistas y opositores nos vuelvan a mostrar su dieta unilateral de conceptos.
Fuente: 
Perfil.