Miércoles, 18 Abril, 2012 - 09:40

Correo de nuestros lectores
Luego del fallo: ¿Ahora qué hacemos?

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Una bebé murió luego de las consecuencias de la violación de un hombre con los más bajos instintos, en el 2010. De él no nos ocupemos ahora

“Grave pena aplicable a su autor; sino por las connotaciones relacionadas a los vínculos entre la víctima y su madre, su contexto familiar o de amistades. Comparto entonces con mi colega, que nuevamente el alcohol, la marginalidad, la pobreza estructural y cultural, el descuido de las instituciones encargadas de velar por estas personas han contribuido todo ello en una muerte que pudo ser evitada”. Así se expresaron al dar el fallo.



El cuadro que se menciona es de una madre abandónica, alcohólica, con un entorno similar a ella, por eso este sujeto, visitaba esa vivienda. La pregunta es: si Instituciones destinadas para la defensa de la niñez cuando tienen conocimiento, ¿actúan, actuarían? ¿Cuándo se produce la intervención?



Lamentablemente son muchos los niños que se encuentran en situaciones similares, viviendo en total hacinamiento siendo abusados
o con padres
con adicciones.



Es un tema muy delicado, en que aquí, Argentina, se permite el exceso hacia los
hijos de parte
de sus padres, pero habría que reconsiderar cuáles son las verdaderas
situaciones de riesgo. Como se vio el otro caso, tan lejos de la pobreza
y que no se escuchó.



Luego también dijeron: podía haberse evitado.Luego también dijeron :podía haberse evitado.

Puede pensarse que los Hogares sustitutos se llenarían de
niños. Pero mejor sería pensar que algunas veces la intervención tendría que ser rescatando al adulto, como en
casos parecidos al de la madre de Giuiliana,
lo que significa un trabajo arduo porque son personas que necesitan asistencia. No es solamente con
viviendas
o
un subsidio, sino ser rehabilitadas en lo social.



Enseñarles a vivir y a vivir en sociedad. Si no se las acompaña en este “crecimiento” es como abandonarla con recursos que no sabe manejar. Y en la torpeza de sus actos, cometerán
los mismos errores nuevamente. Malgastará lo poco que tenga, deteriora lo que haya conseguido. No tienen desarrollada la pertenencia., volverán a sus malos hábitos. Es necesarios que sientan que la sociedad las controla a través de sus agentes, ya sean sanitarios o sociales.



A modo de ilustración: hace años en la incursión al gran basural para atender el pedido de una discapacitada que había sido violada, se trató de iniciar un diálogo para “convencer” que si a los hijos los llevaban a un medio más saludable se beneficiarían, la respuesta fue: “aquí nacimos y estamos bien”.¿estaban bien? ¿Están bien? No conocen otra cosa, a veces, se sienten bien. Pero hablaron los adultos.



Hay operadores sociales que hacen esta labor: orientación
y acompañamiento. También es cierto que eso implica dinero y proyectos desde Instituciones del Estado.
Pero aunque los aspectos sociales no sean rentables, no sirvan las campañas políticas, tendría que ser un trabajo permanente por la salud
y la seguridad de toda una sociedad. Aquí, murió Giuliana, pero es probable que su mamá no haya cambiado su condición, por lo que
significa que hay una persona enferma,( como habrán muchas) ¿tendrá otros niños? ¿está embarazada?



Lamentablemente sus err ores tienen un costo para la sociedad, ya sea por las conductas suyas o de sus relaciones.: hijos que pueden ser alumnos mal nutridos, jóvenes que se entreguen a las adicciones, violencia causada por estos excesos: inseguridad para ellos, inseguridad que se traslada a la sociedad.



No se trata de políticas autoritarias, sino tutoras, que rescaten y tengan proyectos productivos primarios en que pueda dignificarse las personas. En este caso, a casi indigentes. Perdón, puede que este pensamiento sea una utopía. Pero al comienzo de la nota se expresó
“AHORA QUE HACEMOS?”. Me surgió
esta es una idea.

Debe haber muchas Giulianas, a las que se pueden salvar.





(*) Mónica Persoglia: [email protected]m.ar