Lunes, 16 Abril, 2012 - 11:21

Los ingenieros podemos ser protagonistas

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Me pareció oportuno que quienes nos vinculamos a la universidad nos hagamos preguntas.¿Cuál es el rol social de la educación universitaria?

Hace pocos días atrás tuve la suerte de asistir al lanzamiento de “Plan Estratégico de las Ingenierías 2012 – 2016”, a cargo del Ministro de Educación de la Nación y del Secretario de Políticas Universitarias, ciertamente una muy buena noticia para las facultades de Ingeniería del país. Por ello, me pareció que sería oportuno que los que estamos vinculados con la formación de ingenieros y a la docencia universitaria en general nos hagamos algunas preguntas. Una, de gran importancia, aunque, tal vez, un tanto difícil de responder, es la siguiente: ¿cuál es el rol social de la educación universitaria?



Para comenzar a responderla, aunque de una forma que puede parecer a priori un tanto ambigua, podríamos decir que tal vez ella no sea formativa, ni tampoco meramente informativa. La actividad del docente universitario no finaliza una vez que acabó la clase. El docente universitario tiene, también, la responsabilidad, entre otras, de iniciar y mantener encendidos los debates sobre los temas importantes para la sociedad. Debe crear conciencia con ciencia y ejercer una docencia de la decencia.



Hoy, el pueblo argentino está haciendo un gran esfuerzo para encarrilarnos definitivamente en la senda del progreso sostenido. Estoy convencido que ese camino deberá estar pavimentado de mucha y buena Ingeniería, y por ello los ingenieros están llamados a ser protagonistas.



En ese contexto, ¿los responsables de formar nuevos ingenieros, estamos cumpliendo nuestro rol adecuadamente? Como la pregunta es compleja, su respuesta también es compleja. Lo cierto es que debemos estar dispuestos a encarar el desafío que la sociedad nos propone.



¿Qué rumbo debería tomar la enseñanza de Ingeniería? Antes de pensar adónde ir, sería recomendable primero analizar con quiénes haremos ese viaje. Nuestra Facultad de Ingeniería de la UNNE tiene un envidiable plantel de profesores e investigadores. Algunos son muy jóvenes y otros no tanto, pero lo que podemos rescatar es que tenemos una importante masa crítica para enfrentar los retos de este presente promisorio de la Ingeniería argentina.



¿SABER O ESTAR INFORMADOS?


En el prefacio de su libro “The science of water. The foundation of modern hydraulic” (La ciencia del agua. Las bases de la hidráulica moderna), el profesor Enzo Levy, quien en vida fuera catedrático de la UNAM (México), escribió la siguiente frase: “El peor enemigo de la humanidad no parece ser el holocausto nuclear sino la ignorancia; la ignorancia de algunos de nosotros, que fuimos educados y presumimos conocer. Este es un extraño tipo de ignorancia, resultante, tal vez, de un exceso de información”.



Aunque a veces no lo percibamos, hay una gran diferencia entre saber y estar informado. Saber implica una tarea intelectual de procesamiento y asimilación, mientras que para estar informado sólo hace falta tener acceso a la información.



La abundancia de esta última nos apabulla. Aparece y fluye a una velocidad que supera nuestra capacidad para procesarla, lo que nos lleva, muchas veces, a creernos sabios cuando apenas si alcanzamos la calidad de informados.



Si coincidimos con esas apreciaciones, tenemos que velar por que la formación universitaria no se transforme en lo que algunos llaman “educación bancaria”, para la cual las casas de estudio son meros “enseñaderos”. No debemos permitir que nuestras facultades de Ingeniería se transformen en algo parecido a aquellos viejos almacenes de ramos generales, que tenían de todo, pero no siempre de la mejor calidad.



Una gran institución es el resultado del legado de generaciones y los que hoy estamos vinculados a la Facultad de Ingeniería de la UNNE somos los herederos de esos visionarios pragmáticos, que hace más de 50 años fundaron nuestra Institución.



Es necesario reforzar el compromiso con el saber y el conocer en profundidad; pero para ello pueden ser necesarias transformaciones. Y hay que tener en cuenta que las transformaciones perdurables no son el resultado de cambios drásticos ni dramáticos. Son el fruto de un proceso realista, pragmático y comprometido; son el resultado del triunfo de la disciplina constante sobre la solución rápida.



El denominador común de las transformaciones exitosas es la planificación estratégica. Ella debe ser un conjunto de propuestas realistas, fruto de una reflexión profunda sobre el pasado y el presente, situando los objetivos de la institución en un futuro no inmediato.



IDEAS Y PODER


Alguien dijo una vez que para realizar cualquier transformación son imprescindibles ideas y poder. Las ideas sin poder generan utopías, mientras que el poder sin ideas, tiranías (y de estas últimas los argentinos ya hemos tenido más que suficiente).



El poder se consigue desde la política, mientras que las ideas se generan a partir de la investigación y el estudio. La generación de ideas –principalmente nuevas y preferentemente buenas- es una de las tareas que nos encomendara tácitamente la sociedad a los docentes e investigadores universitarios.



Si estamos convencidos de la importancia de contar con el apoyo del trabajo de nuestros investigadores y científicos para generar ideas que sirvan de disparadores y sustento técnico de los cambios que nuestra sociedad necesita es preciso dar un impulso contundente a la investigación y promover proyectos para estudiar, entre otros y con gran prioridad,
problemas propios de nuestra región.



Lamentablemente, ocurrió muchas veces en el pasado que los objetivos de los programas de investigación estaban definidos por cuestiones de tipo presupuestarias, más que académicas. Sin embargo, aun con muy poco es posible hacer buena investigación…, pero para ello hay que planificar todo muy bien para ser eficientes en el uso de los recursos.



Todos estamos convencidos que la investigación es buena, pero si nos preguntan por qué, probablemente más de uno dude antes de responder. Sin embargo y contra toda razón, hay algunos que opinan que no vale la pena invertir en investigación ya que nunca -o casi nunca- inventamos nada y terminamos pagando royalties para producir cualquier cosa. Es cierto: tal vez no se invente casi nada y se compre casi todo; pero con investigación de por medio tendremos la seguridad de que estamos comprando bien y no sólo lo que nos quieren vender.



Invertir en investigación, en mediciones para generar datos y producir información y tener disponible esa información para que quien la precise acceda a ella sin necesidad de intermediarios es una inversión de bajo riesgo. Los resultados son conocidos de antemano y sólo pueden ser la independencia tecnológica y el desarrollo de nuestra sociedad.



EL INGENIERO DEL SIGLO 21

Según un informe que leí hace algunos años atrás, las cualidades deseables en el ingeniero del Siglo 21 son: buena base de fundamentos de ciencias de la Ingeniería; entendimiento de procesos y proyectos; entendimiento del contexto social, económico y político en el que se practica la Ingeniería; capacidad de comunicación; habilidad de pensar en forma creativa y crítica; capacidad de actuar independientemente y en forma cooperativa; flexibilidad y capacidad de adaptación a los cambios en forma rápida; curiosidad y deseo de aprender durante toda la vida; capacidad de trabajar en equipo.



Ese informe fue elaborado por la Boeing. Sin embargo, además de definir al ingeniero capaz de trabajar en esa gran firma, conocida y reconocida en todo el mundo, define también al ingeniero que necesitará cualquier empresa, inclusive, el que necesitará hasta un pequeño municipio del interior de nuestra provincia.



En la actualidad, la gran mayoría de los noveles ingenieros consiguen emplearse (por ejemplo, en nuestra Facultad no registramos desocupados entre nuestros graduados). Pero es importante mantenerlos vinculados a nuestra Facultad. Ellos son nuestros hijos académicos. Debemos tratarlos como tales. Debemos convencerlos que vuelvan a su Facultad, que es como su casa paterna, cuando lo deseen o cuando lo consideren necesario.



Son ellos los que nos informarán de primera mano si la formación que les brindamos les es verdaderamente útil. Son ellos los que nos solicitarán cursos de actualización o especialización específicos. Son ellos los que están conociendo la real práctica profesional de la Ingeniería.



El reconocido político y ex Primer Ministro de la India, Jawarharlal Nehru, dijo una vez, “La vida es como un juego de cartas. La mano que te ha tocado representa el determinismo; la forma en que tú la juegas es tu libre albedrío”. Parafraseando a Jawarharlal Nehru, utilicemos nuestro libre albedrío y hagamos una jugada magistral con las “cartas” que hemos recibido.



Hagamos los cambios que sean necesarios para formar ingenieros conocedores de la problemática de la sociedad donde se desempeñan, comprometidos con esa sociedad y con gran vocación por el conocimiento profundo de la técnica y la tecnología. Pero no olvidemos que para lograr cambios conducentes no sólo hace falta poner manos a la obra, sino también hay que creer que la empresa es posible. Y yo estoy convencido que sí lo es.



Sinceramente, así lo creo.



(*) Ingeniero y Doctor en Ingeniería –

Decano de la Facultad de Ingeniería de la UNNE