Viernes, 13 Abril, 2012 - 09:38

Correo de nuestros lectores
Un pequeño detalle llamado Boudou

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Hoy, una vez más, veo como casi sin querer, casi sigilosamente, va desapareciendo de las tapas de los diarios el escándalo Boudou.

Casi podría decir que está pasando lo mismo que con la mayoría de los escándalos por corrupción, van desapareciendo de las primeras planas, aparecen nuevas, la gente se queda sin respuestas, y cuando aparecen, casi todas son absolviendo a quienes todos sentimos culpables. Algunos pocos los toman por “vivos”, otros nos sentimos profundamente preocupados. Sabemos que la corrupción no es un invento de hoy, pero vemos como día a día se perfecciona y aumenta de tal manera, que la termina convirtiendo en algo cotidiano e intrascendente.



Todos sabemos, lo percibimos con absoluta claridad, que hubo y hay corruptos de todos los partidos. Lo que no podemos hacer es dejar que por la habitualidad se convierta en un hecho inevitable. La corrupción es algo demasiado grave. También es corrupción el mentir.



Lamentablemente, nadie le da el suficiente valor a las instituciones republicanas que son las que deberían controlar. Al contrario, algunas veces son sus mismos integrantes los que las desprestigian, pero la mayoría de las veces son los propios corruptos quienes hacen lo posible por desmerecerlas, por hacer que la sociedad sienta que no sirven para nada.



Es toda la culpa del Poder Judicial? Creo que no, creo que cuando se le echan todas las culpas, lo mismo que al Poder Legislativo, lo que se hace es conseguir mayor impunidad, garantizársela. Desprestigiar a los demás poderes de contralor es una de las formas de conseguir las propias impunidades.



Yo mismo he criticado muchas veces, diferentes actitudes del Poder Legislativo y del Poder Judicial. De ninguna manera lo he hecho pensando en la totalidad de sus miembros, pero hay algunos que prefieren vender su alma a los poderosos y terminan ensombreciendo el accionar de todos. Siempre defenderé la necesidad de la existencia de los tres Poderes del Estado. Son indispensables, pero necesitamos que funciones bien y que interactúen civilizadamente..



No recuerdo ninguna época, desde la recuperación democrática, en que los jueces hayan sido tan presionados desde el poder político y desde el mismo Consejo de la Magistratura. Tampoco recuerdo que hubieran tantas vacantes no cubiertas por jueces titulares, o que se demoraran tanto sus nombramientos. Ni recuerdo otra época donde, con tal aumento de litigiosidad judicial, no se fueran creando nuevos e indispensables juzgados que pongan la justicia al alcance de todos.



Que digan los empleados de los juzgados, tan criticados por sus reclamos, la cantidad de horas que deben trabajar para tener más o menos al día los expedientes.



Las causas demoran años, muchas prescriben, otras reciben penas que van a ser cumplidas a medias, o directamente no van a ser cumplidas, por los cómputos de los tiempos procesales.



Justicia que llega tarde, no es justicia.



Pareciera que estas demoras están alentadas. Lo que sí es seguro es que a las autoridades no les interesa que los inocentes sean absueltos y los culpables sean condenados. Ésto es terrible en todos los casos, en las esperas de los jubilados, en quienes están acusados de delitos y en quienes fueron víctimas de ellos.



La sociedad termina por cansarse, casi ni presta atención a delitos como los de corrupción. ¡Total son tantos, debe pensar! Y todo queda en la nada. Quedó en la nada la Amia, la Embajada de Israel, las Armas de Menem, la explosión de Río Tercero, las valijas de Antonini Wilson, el caso Skanska, los aumentos patrimoniales del matrimonio presidencial, los negociados con los ferrocarriles, con los medicamentos truchos, los aviones y los oros de Jaime, los muertos de Once. La inseguridad, más que un problema, pareciera que para algunos ha pasado a ser un brillante negocio al que no “conviene” combatir. Podría seguir con casos conocidos de la nación y de la provincia, lamentablemente, algunos afectan también a ex funcionarios de mi propio partido, también fueron absueltos y hoy andan hablando de decencia. La justicia los absolvió, la gente no es tonta y sabe bien como cambiaron y como v cambian las vidas de los atorrantes corruptos, sean del partido que sean. Con la corrupción no podemos ser parciales.



Lamentablemente, decía, las cosas pareciera que van en aumento desmesurado. Pero la impunidad hace estragos, la gente deja de creer, deja de preocuparse, siente que los temas de corrupción son tema de hoy, y mañana se olvidan.



Hoy se trata del caso Boudou el que está desapareciendo. La mala política se abroquela detrás de los ladrones para asegurarles esa impunidad. Tal vez, seguramente, la impunidad de unos significa la impunidad de otros. Nadie roba por su cuenta.



El radicalismo siempre bregó por la justicia, por la equidad, por el bienestar general, por la democracia, por la república. Algunas veces, lamentablemente, no lo hizo adecuadamente, otras privilegió algunos intereses personales a los principios.



Permítanme, la sociedad entera, no sólo los radicales, explicarles que todos los radicales estamos tratando de encontrar las mejores formas para volver a esos principios éticos que nunca debimos abandonar.



Seguramente necesitaremos la ayuda de todos, estamos convencidos que no podemos seguir así, necesitamos cambios urgentes. La política se ha convertido en una mala palabra, mientras debe ser la herramienta de transformación urgente, debe ser la que dé respuestas inmediatas, a mediano y a largo plazo a esta sociedad desesperanzada.



Necesitamos la unidad sin obsecuencias, necesitamos devolver la esperanza perdida y, entre todos, podemos hacerlo. No debemos repetir errores, debemos acabar con este grado de enfrentamiento y tensiones que nos inmovilizan, estoy seguro que si actuamos sin fanatismos partidarios, si actuamos con grandeza, pensando en un futuro que comienza hoy, la sociedad no puede esperar un futuro a ser alcanzado alguna vez, podemos hacerlo. Y por supuesto que no será fácil, deberemos enfrentar demasiados intereses, demasiadas “malas costumbres”, demasiados acomodados y demasiados cómodos. Por supuesto que estos últimos no quieren cambiar nada.



Algunos radicales venimos luchando desde hace años por esos cambios, lo hacíamos cuando todos nos insultaban. Hoy, desde este tan reciente Nuevo Espacio Radical, vemos como se van concretando a pasos agigantados esas antiguas aspiraciones y sabemos que debemos cuidarlo, y sabemos que debemos ser muy respetuosos con otros radicales y con toda la sociedad, todos vamos a necesitar de todos para derrotar a esta corrupción y a todas las inequidades a las que hemos tenido que soportar.



Algunos, que jamás hemos gozado de las ventajas oficiales, estamos comprometiendo nuestro honor en hacer todo lo posible para que no se vuelvan a repetir tamañas injusticias. Sabemos que algunos se acercarán buscando beneficios personales, sabemos que muchos de los que se acercan no son muy queridos por mucha gente. Necesitamos ser muy generosos y amplios en la convocatoria. Una convocatoria que se hace con la más absoluta generosidad y amplitud. Una convocatoria sin candidaturas preexistentes. Creemos que todos tenemos la posibilidad de ganarnos los lugares que cada uno pueda pretender. Creemos que la base de la democracia está en la justa competencia, pero fundamentalmente en la previa discusión de ideas y de encuentros, aún en las disidencias. Debe ser la gente la que decida y elija.



Debemos hacerlo desde lo humano, desde lo profundamente humano y necesitamos la confianza y el apoyo de todos. Seguramente en muchas cosas coincidiremos los radicales, los peronistas, los kirchneristas, los conservadores, los comunistas. Cada uno debe ser muy claro en la definición de su identidad. Si uno es claro, no crea dudas, seguramente serán mucho más sencillos esos acuerdos. Ni por casualidad estoy pensando en acuerdos o componendas electorales, estoy pensando en los acuerdos fundamentales que marquen el rumbo de la Nación, que desarmen los enfrentamientos, que permitan una auténtica justicia, con crecimiento equitativo para todos. Pero no hay acuerdos posibles con este grado de enfrentamientos. Mientras tanto, la sociedad se desangra.



Y es dentro de este contexto cargado de necesidades urgentes, con gente que vive con enormes necesidades, con desesperantes necesidades, aunque las estadísticas digan lo contrario. Necesidades que van en aumento con una inflación que genera cada vez más pobres, más indigentes, mas rehenes. Un contexto donde la gente piensa en la yerba que no puede pagar, en la comida que no consigue o que no le alcanzan sus ingresos para comprar, en remedios urgentes que faltan, en industrias que se paran, con su consiguiente pérdida de empleos, en los ajustes que se implementan y se los intenta disimular llamándolos “sintonía fina”, en los grandes negocios de los amigos del poder, mientras millones de argentinos sufren carencias impensables después de años de crecimiento sostenido.



Algunos creemos que la UCR, afortunadamente, con el nacimiento de esta línea interna, a la que repito, debemos cuidar para que no se desvíe ni un ápice de sus principios fundadores, está dando ejemplo a todos los partidos políticos, todos sufrieron y sufren de los mismos males. Todos sufren de iluminados que se creen dueños y señores, apoyados por adulones que no les permiten ver los graves errores que cometieron y cometen. Todos, antes o después, se verán obligados a hacer estos mismos cambios. Todos se verán obligados a democratizarse.



Es la sociedad la dueña de sus partidos y de lo que pretende de ellos. Es la sociedad la que debe fijar sus rumbos.



Este panorama lamentable de los abusos de los gobernantes, y el de los partidos políticos que describimos, no es una cuestión sólo del Chaco, es algo que lo venimos viendo a lo largo y a lo ancho del país. Creemos que el radicalismo chaqueño está dando ejemplos y se está anticipando a los grandes cambios que impulsamos. Que nadie piense que se trata de un simple cambio de caras, que nadie piense que se trata de que se laven las caras y que todo siga igual. Que nadie piense que se trata de nuevos o viejos. Se trata de cambios reales. Se trata de que todos participen, de que todos tengan las mismas posibilidades de opinar, de elegir y de ser elegidos. Se trata fundamentalmente de dar respuestas ciertas a una sociedad que las reclama.No se trata de achicar, no se trata de echar a nadie, no se trata de enfrentarnos unos con otros. Se trata de abrir las puertas para que entren todos los que deseen hacerlo. Necesitamos del vigor y del ímpetu de los jóvenes y necesitamos de la experiencia de los mayores. Necesitamos del idealismo, necesitamos de gente que se sienta capaz de convertir sus sueños en realidad, por más difíciles que parezcan.



Ante este reclamo de cambios verdaderos, ante este reclamo de respuestas ciertas y urgentes a problemas cotidianos, debemos denunciar la corrupción, pero más debemos pensar en las soluciones que entre todos debemos encontrar.



La gravedad de los hechos someramente expuestos aquí, convierten al caso Boudou en un pequeño detalle más, que sin dudas debemos denunciar, no olvidar, exigir justicia y que no se repitan. Pero al mismo tiempo debemos recordar que las prioridades de la gente, son otras, son urgentes. Eso sí que no se puede olvidar nadie que pretenda ser dirigente u ocupar algún cargo. No puede olvidarlo nadie que crea en la política.



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