Lunes, 9 Abril, 2012 - 12:28

YPF: Estado y Soberanía

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Es la hora de la segunda independencia. En este contexto se aprobó la caducidad de las concesiones de YPF para exigir compromiso por parte de la empresa.

La crisis del año 2.001 no sólo significó la implosión del sistema político argentino en una crisis de triple dimensión: crisis de legitimidad, de representatividad y de gestión. Parecía que la Argentina dejaba de existir a tal punto, que el Estado Nacional perdió la soberanía monetaria, aunque la memoria colectiva falle a veces.



La crisis argentina fue para el Consenso de Washington lo que la caída del muro de Berlín fue para el bloque soviético. No volvería a existir la posibilidad política que dé lugar al neoliberalismo. Se había derrumbado la “lógica” de que el mercado gobierna y la política administra.



Estos hechos desembocaron en la presidencia de Néstor Kirchner en 2003 y con él la inauguración de una nueva forma de encarar las acciones estatales. Y con la continuidad del Proyecto Nacional, Popular y Soberano a través de nuestra presidenta Cristina Fernández Kirchner es precisamente, la política la que devuelve el cauce popular para que nuestro pueblo recupere la dignidad.



La recuperación de los derechos populares se efectivizan cuando se entiende que el Estado es una herramienta al servicio de la Nación y no debe servir el propio Estado a las exigencias de una democracia de las corporaciones.



Y aquí reside la lucha por hacer realidad día a día que el crecimiento de un pueblo no es igual a su desarrollo; que desarrollo es darle justicia social al pueblo, redistribución, inclusión social, capacidad cultural y educativa, federalismo, en suma soberanía.



La soberanía tiene tres dimensiones, la soberanía cultural es decir la voluntad política de ser Nación, soberanía territorial en el contexto de darle operatividad a la integración regional y soberanía energética, porque poseemos poder acuífero, alimentario, de biodiversidad y energético.



Estamos en la hora de la segunda independencia. Y como nos enseñó Néstor Kirchner y nuestra compañera Cristina Fernández, ésta se alimenta a diario de las convicciones, de las ganas de ser en el día, de reafirmarnos en el ser argentino, en el compromiso por la patria grande.



En este contexto, el Estado Nacional a través de las decisiones soberanas de nuestros gobernadores con un criterio federal, aprobaron la caducidad de las concesiones de yacimientos a YPF para poder exigir a través de nuevos cauces, un compromiso por parte de la empresa.



La discusión no versa sobre la falsa dicotomía público-privado, sino sobre cuán alejados están los intereses empresarios del bien de nuestro pueblo argentino, respetando nuestra soberanía. Es menester de gobierno actuar en unidad de acción a partir de la unidad de concepción para llevar a cabo las acciones tácticas que devienen de una Estrategia, de entender que la política es la herramienta de transformación del pueblo y esto va en línea con la soberanía.



Y en este caso, toma una importancia inusual la VI Cumbre Hemisférica en Cartagena de Indias este mes. Porque se produce en el momento de crisis máxima del panamericanismo. La Junta Interamericana de Defensa, el Tratado Interamericano de Defensa y la Organización de Estados Americanos, hijas del monroísmo, están heridas de muerte.



No olvidemos que en el 2005 en Mar del Plata, Néstor Kirchner, Lula y Chávez entre otros, enterraron al Alca. San Martin y Bolívar, Vargas, Perón y Néstor Kirchner conviven con nosotros, se vuelven presentes en la lucha por recuperar lo que nos pertenece, haciéndose eco vivo de la Historia que supimos construir.



Y en ese momento nuestra presidenta Cristina Kirchner, hará flamear con el apoyo de todos los presidentes Latinoamericanos la bandera de Malvinas, Sándwich y Georgias de Sur, que ya son banderas continentales suramericanas, latinoamericanas y caribeñas.



El camino es irreversible. La decisión es firme y legítima.

Por eso debemos levantar las banderas vigentes de la segunda independencia, que tiene como meta la patria grande. Y en esta senda, la política se materializa para estar al servicio del pueblo.



(*) José Ricardo Mongeló

Diputado Nacional Frente para la Victoria