Jueves, 5 Abril, 2012 - 11:32

Los millonarios rusos que arrasan con el lujo de Nueva York

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Más de 200 agentes inmobiliarios y abogados se reunieron durante tres horas en Manhattan y analizaron cómo venderles propiedades millonarias a clientes de Rusia y de la ex Europa del Este.

Mientras los agentes bebían vino y comían queso, un panel de abogados y un banquero revisaban las ventas más grandes hechas a rusos, incluidos los 188 millones de dólares gastados en propiedades de Florida y Nueva York por fondos de inversión vinculados con Dimitri Rybolovlev; los 48 millones de dólares que un compositor, Igor Krutoy, pagó por un departamento en el Plaza Hotel, y los 37 millones de dólares gastados por Andrei Vavilov, un ex viceministro de Finanzas, en un penthouse en el Time Warner Center.



El mercado inmobiliario norteamericano puede seguir en recesión, pero su extremo más elevado goza de un notable repunte, impulsado por dinero que fluye desde todos los rincones del globo, incluidos países en desarrollo como Brasil, China y la India. Pero ningún grupo llena cheques más grandes que los rusos. En los últimos cuatro años, rusos y ciudadanos de la ex Unión Soviética firmaron contratos para comprar propiedades por más de 1000 millones de dólares. En 2011 salieron de Rusia 84.000 millones de dólares, y Moscú estima que hasta el 5% de esa fuga de capitales fue invertida en propiedades en Estados Unidos.



Los megamillonarios, cubiertos de dinero a partir de la privatización de las industrias estatales rusas y debido a los altos precios del petróleo y otras materias primas, están ansiosos por poner parte de su fortuna fuera del alcance de Vladimir Putin.



Incluso antes de que Putin fuera electo el mes pasado para cumplir otro período como presidente, muchos rusos acaudalados ya habían tomado medidas destinadas a trasladar sus familias a Nueva York, dijo Edward A. Mermelstein, abogado de Rheem Bell & Mermelstein.



"Creo que Putin los mata de miedo", dijo Victoria Shtainer, una agente nacida en Rusia que trabaja para Prudential Douglas Elliman en Manhattan. "No habría tanta cantidad de gente comprando propiedades con tanta velocidad aquí si las cosas estuvieran bien en Rusia."



Rybolovlev, con una fortuna de 9000 millones de dólares, estuvo involucrado en dos ventas. En 2008, un fondo financiero vinculado con él compró una residencia frente al océano de 6400 m2, perteneciente a Donald Trump, por unos 100 millones de dólares, en ese momento un récord en Estados Unidos. En febrero, un fondo vinculado con su hija mayor, Ekaterina, de 22 años, adquirió un penthouse de cuatro dormitorios en el 15 de Central Park West, que pertenecía al ex presidente de Citigroup Sanford I. Weill por 88 millones de dólares, la mayor cifra pagada por un departamento en Nueva York.



La venta animó a las inmobiliarias a aumentar los precios de otras residencias de lujo. En los últimos cuatro meses, Extell Development Company ha aumentado sus precios entre el 5% y el 15% en el 157 de la Calle 57 Oeste, que será el edificio residencial más alto de Nueva York. El penthouse se vende por 115 millones de dólares; el precio original era de 98 millones.



Los rusos saben qué quieren -vistas de Central Park en edificios modernos y con todos los servicios-, pero terminan gastando el doble de su presupuesto, dijo Jacky Teplitzky, de Prudential Douglas Elliman.



Muchos rusos acaudalados también están causando impresión en la vida nocturna neoyorquina. Frecuentan el restaurante japonés Nobu y beben en el Standard Hotel, en el distrito de Meatpacking.



Algunos pasean por la ciudad en Rolls Royce adaptados, en los que las puertas se abren al revés para permitir que las mujeres se bajen del auto con mayor facilidad cuando usan tacos altos, explicó Teplitzky, cuyos clientes rusos incluyen a Vladislav Doronin, magnate de la construcción y novio de la modelo británica Naomi Campbell. Doronin gastó más de 20 millones de dólares en las reformas de una casa en Star Island, Miami Beach, que le compró al jugador de básquet Shaquille O´Neill por 16 millones.



Cuando los rusos buscan propiedades, tienden a no vacilar, y parecen gastar sus fortunas con tanta rapidez como las hicieron. Rybolovlev, por ejemplo, estudió medicina y fundó una empresa de terapia electromagnética cuando tenía poco más de 20 años. Se convirtió en uno de los primeros corredores de bolsa de Rusia, trabajó en un fondo de inversiones especializado en la compra de fondos de cupones y acciones en las empresas estatales y, en 1994, fundó un banco.



Estaba en el lugar adecuado cuando las industrias estatales empezaron a privatizarse en los 90. En vez de invertir en la industria petrolera, como hicieron otros, invirtió en la industria química. Se integró a la junta directiva de Uralkali, que exporta fertilizantes de potasa.



Rybolovlev era consciente de varias amenazas a su vida y se acostumbró a usar un chaleco antibalas. Se mudó con su familia a Suiza en 1995.



Poco después de haber sido designado presidente de Uralkali en 1996, a los 29 años, fue acusado de asesinato tras la muerte de un competidor. Pasó 11 meses esperando el juicio antes de que el principal testigo en su contra se retractara. En 2000, el valor de mercado de Uralkali era de 15 millones. Para 2008, el valor había aumentado a los 34.000 millones. Pero Rybolovlev no estaba dispuesto a correr ningún riesgo.



En 2005 transfirió sus acciones a dos fondos de inversión de Chipre, donde aún permanece parte de su fortuna. Sus otros valores están en bancos de Londres y Singapur, según el tribunal que sigue su juicio de divorcio. Su colección de arte, de entre 500 millones y 1000 millones de dólares, incluye a Monet, Van Gogh y Picasso.



Su colección de propiedades inmobiliarias incluye una casa en París que le compró al diseñador de moda Pierre Cardin, residencias en Dubai y Ginebra y una casa en construcción en Gstaad, Suiza. El y su hija Ekaterina comparten un amplio departamento en Mónaco, su residencia principal.



En 2008, Rybolovlev y su esposa hicieron varios viajes a Nueva York en busca de viviendas. Hizo una oferta por un departamento en el 15 de Central Park West, pero el vendedor se retiró de la transacción. Dirigió entonces su atención hacia Florida, donde Trump había intentado durante años vender la residencia en Palm Beach que había comprado por 39 millones de dólares en 2006. Rybolovlev creó un fondo para que sus dos hijas compraran la propiedad de tres hectáreas sobre el Atlántico. Desde entonces no volvió a la propiedad.



En 2011, Rybolovlev regresó a Nueva York con Ekaterina, que descubrió el penthouse de cuatro dormitorios con una terraza circundante, propiedad de Weill, y le pareció "único". Ekaterina compró el condominio con dinero en efectivo. Espera residir en el departamento entre septiembre y diciembre, cuando se gradúe en arte en Harvard. Asiste a la mayoría de sus clases online porque su pasión por la equitación la retiene en Mónaco.



"Le gustan la naturaleza, los animales -dijo Tatiana Bersheda, su abogada-. Ekaterina no es una chica frívola que se dedique a ir a fiestas."
Fuente: 
The New York Times