Martes, 3 Abril, 2012 - 10:16

Entrevista
Aldo Ferrer: "El tipo de cambio se puede revisar"

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El actual embajador en Francia y ex ministro de Economía en los 70 analiza la situación argentina y la crisis europea. Dólar, subsidios, Moreno y la inflación en la era kirchnerista.

¿Cómo afectará a la Argentina la crisis europea?

Afectará, como pasó en 2008, a la economía real, la internacional. Vamos a ver qué pasa con el precio de las commodities, con la reducción de la demanda de nuestros principales ejes comerciales. Puede haber un efecto depresivo en el comercio exterior. Por el lado financiero, el país conserva considerable fortaleza: el colapso financiero internacional no colapsará el sistema financiero argentino. Nunca tuvimos internamente un nivel de deuda importante. El crédito representa, creo, el 14% del PBI. No hubo burbujas especulativas tampoco.



En 2008, la Argentina tenía más recursos para hacer contracíclico y volcar más dinero al consumo, agregar más demanda. Hoy tiene muchas menos herramientas disponibles que en 2008.

La situación, en términos de superávit primario, de reservas, a lo mejor revela un cierto debilitamiento. Pero la fortaleza que se conserva en las finanzas públicas, en el balance de pagos, en las reservas internacionales es suficiente para enfrentar una eventual repetición de este desorden financiero internacional. Al mismo tiempo, para que esta fortaleza se proyecte en el tiempo, hay que reforzar lo que fueron las causas del despegue argentino. Hoy, la Argentina no está buscando plata para cerrar sus cuentas y, al mismo tiempo, tiene que evitar problemas como la fuga de capitales, el aumento de precios y una serie de cuestiones que están en la agenda del programa energético.



¿Por qué los chinos, a pesar del desaceleramiento de la economía mundial, prevén este año un crecimiento de 8,5%; es decir, una desaceleración de su crecimiento del 15%, mientras en la Argentina se prevé en 2012 un crecimiento de la mitad del año 2011?

China tiene un poderoso Estado nacional, con recursos gigantescos. Hay una diferencia entre el poder financiero chino y el de las viejas potencias industriales. En los Estados Unidos o en Europa, el poder financiero es poder de mercado. Las finanzas se utilizan para ganar plata para los actores privados. En China, el poder financiero es poder del Estado nacional. Y tiene una masa de reservas espectacular. Tiene un problema muy grave, que es el bajo nivel de consumo por la fuerte concentración, cosa que se resuelve con una altísima tasa de ahorro interno y de inversión respecto del Producto Bruto Interno, en orden del 40% o más. Los chinos tienen un mercado interno gigantesco. Pero, dentro de las condiciones que son propias en la realidad latinoamericana y argentina, yo diría que nuestra posición es relativamente sólida.



¿Que los chinos sean más ahorrativos les generó recursos para ser contracíclicos?


Tenemos en Argentina una tasa de ahorro considerable, del orden del 30% del PBI. Si pudiéramos retener todo ese ahorro, podríamos tener una tasa de inversión de un 27 o 28, y una tasa de crecimiento a largo plazo. El único problema que tenemos pendiente es el de la fuga de capitales. Cuando hay un poco de incertidumbre por razones internas o externas, se repite este fenómeno, pero con una diferencia fundamental: cuando esa salida se produjo en 2001, se vino abajo el régimen de la convertibilidad, porque la plata que salía tenía deuda como contrapartida; ahora, la plata que sale tiene como contrapartida superávits reales de la economía, del comercio internacional. Pero sería mejor que esa plata se quedara anclada en el sistema interno.



¿Está bien sustituir todas las importaciones, todo lo que sea posible sustituir, o sólo aquello conveniente?

El modelo de los países avanzados es lo que se llama la especialización intraindustrial, incorporar en su tejido con flexibilidad una estructura diversificada y compleja, abierta e integrada al mundo. Esto yo lo llamé, hace mucho tiempo, la estructura industrial integrada y abierta. Si usted toma la composición de comercio internacional de países industriales avanzados, va a advertir que en cada sector aparecen como exportadores e importadores. Esto ha sido fortalecido por la integración de cadenas de valor en el marco de las corporaciones. Pretender producir todo me parece que no es posible.



En la Argentina existe una controversia respecto del agregado de valor del sistema de producción de aparatos electrónicos en Tierra del Fuego. ¿Es partidario de regímenes especiales?

Lo importante es la integración efectiva, no como ensambladores, sino como productores de elementos del sector electrónico. Vivimos un retroceso fenomenal. Tenemos que volver a reincorporar la electrónica, pero no alcanza con el ensamblaje de teléfonos. En vez de estar gastando millones de dólares importando teléfonos celulares, deberíamos estar exportándolos. Hay que enfrentar, en este sector industrial, alguna estrategia que vaya incorporando valor propio para la previsión nacional, en un esquema de especialización industrial. Por ejemplo, un país que exporta muchos celulares, con un alto componente argentino, que también importa otros celulares, en un comercio balanceado y con un superávit mejor.



¿Qué opina del reciente sistema de control de importaciones y unificación de la Secretaría de Comercio Interior y Exterior bajo la conducción de Guillermo Moreno?

Se parece bastante a las preocupaciones que se advierten en otros países: defender el mercado interno, promover la industrialización. Los controles son instrumentos legítimos en ese terreno y en cualquier otro, pero los controles no resuelven desequilibrios fundamentales. El éxito de estas medidas va a depender de que la economía sea competitiva, que haya inversiones, porque de entrada no va a suceder. El éxito va a depender del conjunto de las políticas y de la solidez de los equilibrios macroeconómicos, dentro de los cuales tienen lugar estos controles.



Moreno dijo: “Esto no es cerrar la economía, es reindustrialización competitiva con fuerte capacidad exportadora”. Siempre que se dice “no es tal cosa”, se sospecha.

No se trata de cerrar, sino de aumentar el comercio exterior, tanto de las importaciones como de las exportaciones, pero tiene que ser funcional al proceso de transformación interna. Si la apertura consiste en aumentar el déficit de nuestro comercio de manufacturas, que ya es muy importante, no sirve. Hay que cerrar el desequilibrio en el comercio de manufacturas, sobre todo, en las de alta complejidad, fortalecer el sector de bienes de capital. En el sector de maquinaria agrícola, hemos logrado avances muy importantes. Yo diría que los controles son jurisdiccionales, formando parte de políticas de transformación que incentiven la inversión, el cambio técnico en los sectores líderes. Ciertamente, hay mucho para mejorar en la calidad institucional, pero hoy está la democracia. Y hay un pensamiento crítico con una influencia que no tuvo en mucho tiempo.



Moreno les pide a quienes importan que exporten por la misma cantidad. Un ejemplo es el de Audi, que aceptó exportar commodities por el mismo monto que importa autos, mientras el representante argentino de BMW, tras siete meses sin poder importar autos, ahora ofreció exportar mosto y arroz. Algo similar sucede con algunas empresas de electrodomésticos de Tierra del Fuego, que ofrecen exportar calamares. ¿Qué opina de este método?


En los países de Asia, lo que exportan son bienes complejos. Me parece interesante decirles a las firmas que tienen que tener balance de divisas, pero exportando bienes y servicios, esencialmente, dentro de la misma actividad. Porque, si no, lo que exporten de algunos productos primarios lo va a exportar un exportador provisional. Me parece que no se ajusta al objetivo que se plantea la Argentina.



¿El país no aumenta sus exportaciones, sino que, simplemente, se genera un mercado interno de pase de exportaciones?

Los controles tienen que estar analizados con la mayor honestidad posible, transparencia y eficacia. Es posible que un control destinado a seguir un objetivo encomiable pueda no ser bien administrado y, en este caso, no cumplirá la función que tiene.



Cuando la Presidenta ganó las internas abiertas del año pasado, Moreno se despedía asegurando que se iba del Gobierno, y seis meses después es la persona más importante en el área económica. ¿Cuál es su opinión técnica sobre él y sus conocimientos económicos?

No le voy a responder porque está fuera de mi costumbre opinar sobre funcionarios o personas. Me limito a observar los hechos, a comentarlos.



Lo que antes de la llegada del kirchnerismo concentraba el ministro de Economía hoy está atomizado entre el ministro formal, su predecesor y hoy vicepresidente, los ministros de Planeamiento y de Industria, más Moreno. ¿Le parece correcta o excesiva esa división?

Una cosa es el organigrama en términos formales y la realidad de la política económica. Ejercí como ministro del súper Ministerio de Economía, que tenía la totalidad de las secretarías, Comercio, Industria, Agricultura… Planeamiento. Nos fue muy mal. El organigrama es importante, pero lo fundamental es la orientación de la política económica. En un momento en el cual no existe este grado de coordinación y la jefa del Estado asume responsabilidades de coordinación muy importantes, las cosas funcionan razonablemente bien. Tal vez, se podría facilitar un poco la tarea de la jefa de Estado con algún mecanismo de coordinación entre los principales funcionarios, que cuesta, sí, porque cada uno atiende prioritariamente a su sector. Pero es un organigrama y lo importante son los resultados. Como ese proverbio chino que usted conoce: “Lo importante no es si el gato es blanco o es negro, sino si caza ratones”.



¿Cómo cree que repercutirá en la economía la reducción de los subsidios que se viene anunciando?

Si se hace con prudencia, atendiendo a la equidad, va a fortalecer las finanzas públicas, y me parece fundamental. Los subsidios son instrumentos legítimos de la política económica, distribución de ingreso, de inversiones. Tienen que estar en el marco de los equilibrios fundamentales y atender los objetivos que persiguen, porque se ha visto que algunos favorecían a sectores que no había razones para que los tuvieran. El sistema está básicamente equilibrado; hay espacio para rectificaciones que hacen falta, y que tienen que hacerse con toda la prudencia y el equilibrio para que funcione bien.



¿Afectará la inflación?

Este tema tiene varias dimensiones. Una es la credibilidad de los índices, con la polémica del Indec. Desde el principio, dije que nos estábamos equivocando porque es como si nos convocan a los médicos a estudiar la fiebre de un paciente y nos ponemos a discutir el termómetro. El otro tema es que los precios están creciendo más que lo que conviene, pero este aumento no tiene nada que ver con la experiencia histórica nuestra ni tiene riesgo de descontrolarse. Algunos observadores dicen que esto desbarranca en un descontrol. Y no se puede descontrolar porque los equilibrios básicos están todavía sólidos: para mi juicio, hay una inflación inercial. Todos los operadores suponen que “la inflación”, entre comillas, está en el orden del 20%. Entonces, la puja primitiva de los salarios, de las ganancias, de la meta de la inflación salarial, parte de un piso alto. Por eso, a mí siempre me gustó la idea que había propuesto la Presidenta de un concejo económico social que permitiera desactivar la hipótesis inflacionaria y que podamos discutir realmente la distribución de la riqueza, sin estar repartiendo unas cosas ficticias. Es cierto que no sé todas las situaciones que generan perplejidad en el resto del mundo, donde hay una inflación del 3%, del 4%, y parece una barbaridad. Entonces, no entienden cómo en la Argentina, con una inflación bastante más alta, nosotros estamos creciendo al 7%, 8%, ya hace una buena cantidad de tiempo.



Su planteo sería un acuerdo de aumento de salario en función de la inflación con correcciones posteriores, con cláusulas gatillo.


Que le den garantías al trabajador de que si los precios se desvían, habrá mecanismos de compensación. Pero partir de una hipótesis menor, que ayude a bajar esta inflación, que es incómoda.



¿Y no cree que el problema es que no hay índice para medir porque se rompió el termómetro?

Siempre hubo estadísticas con precios más altos que los del Indec. Pero al estar en conflicto, se hizo más grave. De alguna manera, habría que buscar la forma de que las cifras oficiales sean incuestionables, que nadie pueda decir: “Esto está manipulado”. Ayudaría a calmar las cosas.



¿Su perspectiva es que en 2012 la inflación será mayor, igual o menor que en 2011, teniendo en cuenta la crisis internacional?

No creo que sea mayor que la del año pasado.



¿Y respecto de los salarios?

Si es cierto que los equilibrios macro están razonablemente bajo control, no habría motivos para que fuera muy distinto a lo del año pasado.



El año pasado los salarios aumentaron más que la inflación. ¿Este año deberían aumentar también más, igual, menos?

La participación de los asalariados en el ingreso es muy importante; constituyen al mercado interno y, por lo tanto, tienen que participar en los incrementos de la riqueza. Ha habido una recomposición considerable, sobre todo, en los trabajadores registrados, y ha habido un progreso muy grande en la eliminación del trabajo no registrado. Con el crecimiento fuerte, la legitimación, la normalización del mercado de trabajo hay lugar para un crecimiento sostenido del salario real, compartirlo con el crecimiento de la productividad y el de la economía. Y también tener claro que la solidaridad social no se da solamente a través de la distribución del ingreso entre los sectores productivos, la empresa y el trabajador, a través del salario y las ganancias; se da a través de las políticas sociales. Y en ese sentido, ha habido algunos avances muy importantes en la Argentina. Está lo que se llama los bienes públicos, los que la sociedad, el Estado ofrece: educación, salud, medio ambiente y tantas otras cosas.



Moyano dijo que cuando escucha hablar de sintonía fina, le recuerda a la época de Menem, cuando se disfrazaba un ajuste bajo la figura de flexibilidad laboral. La sintonía fina, ¿es un ajuste?

No me gusta usar la palabra “ajuste”, y la diferencia entre esta política con la del ’90 me parece abismal. La palabra “ajuste” está muy ligada a nuestra experiencia histórica, a lo que está pasando ahora con Europa. En una economía que sigue creciendo, no es una palabra conveniente, que use normalmente en el análisis de la situación argentina. Hay que hablar de fortalecimiento de equilibrios macroeconómicos.



¿Podría decirse que el consumo se va a enfriar?


Va a depender del nivel de empleo y de la tasa de crecimiento. El consumo ha sido un factor importante de la reactivación. En la medida en que la economía crezca, van a mejorar el empleo, los salarios y el consumo. Así que lo que pase con el consumo va a depender de lo que pase con la economía.



Los chinos dicen que, para ellos, dada la enorme cantidad de personas que tienen con alto nivel de pobreza en el interior, crecer a menos del 5% sería catastrófico. ¿Se podría decir que en un país con la injusticia social acumulada en la Argentina en los últimos cuarenta años, también si crece a menos del 5%, por ejemplo, se crean problemas de aumento de la pobreza?

Nos conviene crecer a una tasa alta, sostenible, sólida, sobre la base de equilibrios fuertes que den una perspectiva para la toma de decisiones, la inversión, el cambio técnico. En la medida en que todo esto se conjuga, se viene un escenario de crecimiento a largo plazo en una economía que está parada en sus propios recursos. Esto hay que consolidarlo, no está definitivamente ganado, si no hacemos las cosas bien, y este es el esfuerzo que tenemos que hacer entre todos.



El vicepresidente dijo que el Gobierno no precisa intermediarios con los trabajadores porque tiene línea directa con ellos. ¿Logrará cambiar el papel que tuvo el sindicalismo en el pasado?

Los sindicatos son parte de las instituciones que hacen sólida a la sociedad moderna, y esto les da una gran responsabilidad a los dirigentes sindicales. Las dirigencias argentinas en el pasado, incluyendo las sindicales, muchas veces no se confrontaron conforme al interés nacional y, por lo tanto, tampoco al interés de los trabajadores. Los sindicatos son fundamentales, hay que fortalecerlos. Tenemos un problema en construir la democracia, no sólo en la representación de la división de poderes, sino también en diferentes formas de concentración y de diálogo. El fortalecimiento de los sindicatos y la fluidez del diálogo son aspectos fundamentales.



El Gobierno también criticó duramente a los bancos y a las petroleras, es decir, las empresas con mayores ganancias y mayor volumen. Muchos analistas lo atribuyen a que es necesario compensar los costos políticos que tendrá la baja de subsidios en el bolsillo del ciudadano medio atacando también a los más poderosos. ¿Coincide con esta interpretación?

No sé el resultado. El manejo de los subsidios y adecuarlos a los objetivos que persigue, no extenderlos a quienes no los necesitan o las empresas que tienen ya suficientes incentivos para invertir, me parece bien. Se está a tiempo de que estas medidas se manejen con prudencia, en la medida en que se logre mayor apoyo para ponerlas en práctica. Es necesario establecer ese equilibrio.



Se está hablando de la posibilidad de estatizar YPF. Usted, en el pasado, tuvo una opinión contraria a la privatización de esa empresa. ¿Hoy qué haría?

La Argentina fue el único país que privatizó el petróleo. La venta de YPF fue una catástrofe, y creo que hay que fortalecer las políticas públicas en el sector energético y tratar de que las empresas privadas en el sector se comporten de la mejor manera posible para aumentar las reservas. Lo ha dicho la Presidenta, tenemos un problema de desequilibrio en lo energético. Los dos grandes recursos fundamentales que sostienen una economía moderna son la energía y el alimento. Nosotros somos excedentarios en alimentos. Estuvimos en equilibrio energético hasta hace poco. Hay un cierto desequilibrio ahora. Hay que rectificar. Algunas medidas apuntan en ese sentido, pero en el sector de hidrocarburos se plantea un desequilibrio que ligo bastante a la desafortunada privatización de YPF.



¿Y qué responsabilidad le cabría al kirchnerismo en estos ocho años en los que recibió un país que era autosuficiente en materia de hidrocarburos y gas, e incluso exportaba energía, y ahora importa?


Se explica en parte porque la economía es el doble de lo que era en 2002. El balance energético está ligado a la oferta y a la demanda; no se puede comparar una situación con la otra.



Que la economía iba a crecer al doble de 2002 se venía previendo. ¿Por qué no se tomaron antes medidas que tendieran a resolver este problema energético?


En 3D, cuando termina el partido, uno sabe que si los defensores se hubieran puesto en una posición no le habrían hecho el gol. El tema está en jugar el partido en tiempo real. En tiempo real, lo que tenemos hoy es el problema energético. Se puede discutir si algunas cosas se pudieron hacer mejor en el pasado, pero hoy el problema que tenemos que resolver es el energético y tenemos que ponernos de acuerdo en las políticas de ir para adelante.



La Cámara de Empresas de Transporte de Larga Distancia dijo que hacía dos años había advertido al Gobierno que el gasoil mayorista se lo vendían a 20% más que en los surtidores. La Presidenta lo denunció ahora, cuando podría haberlo solucionado hace más de un año y con un simple llamado telefónico. ¿No le parecen indicios de que las críticas a YPF puedan tener otros motivos que los hechos públicos como, por ejemplo, la búsqueda de querer estatizar la empresa?

Hay todo tipo de interpretaciones, algunas realistas, otras menos. Yo no tengo mucho para decir.



Hace un año y medio, se anunció con bombos y platillos el descubrimiento de reservas que duplicaban las de petróleo y de gas del país, en la zona de Vaca Muerta, que son 32 mil kilómetros cuadrados que componen la provincia de Mendoza y Neuquén. ¿Hay una contradicción entre los de hace 15 meses y hoy?


No le puedo contestar. Hay cosas que a lo mejor se pudieron haber hecho mejor, y haber tenido mejores resultados.



¿Usted sería partidario de la estatización de YPF?

Me gustaría que tuviéramos una gran empresa del Estado en el sector petróleo. No hablo de una firma o de otra. Digo que el Estado argentino tiene que tener una Standard Oil Company que cumpla un papel de liderazgo. Todos los países mantienen controles a ese recurso fundamental. Ahora tenemos que ver dónde se acomoda esto y ver qué metas adicionales necesitamos para hacer una buena política energética.



¿Cuál es su opinión sobre la tasa de cambio real en Argentina?


Este es un tema importante porque la competitividad es un elemento fundamental del desarrollo económico. Los países exitosos operan con un tipo de cambio competitivo. Nosotros lo tuvimos un tiempo prolongado y sobre esa base mejoró mucho la competitividad. Después, con el aumento de precios internos, incluso la paridad nominal, está disminuyendo la competitividad. Más que discutir si el tipo de cambio actual es bueno o es malo, hay que mirar el comportamiento del balance. Si hay, por ejemplo, un crecimiento en el déficit de los productos industriales, quiere decir que hay un problema de competitividad. La competitividad no descansa solamente en la paridad nominal, pero se observa en la experiencia de los países que han hecho políticas extraordinarias de competitividad en ciencia, tecnología, capacitación de recursos humanos, que en todos los casos operaron siempre con tipo de cambio razonablemente competitivo. El actual tipo de cambio en la Argentina tuvo un proceso de apreciación, pero la economía conserva un grado considerable de competitividad. Hay un problema histórico con la cuestión cambiaria, no sólo acá sino en el resto del mundo, y es frecuente que los problemas de desequilibrio de la paridad se resuelvan preventivamente. Nosotros tenemos que analizar la situación con total franqueza, y ver si es o no necesario, en el marco de los factores que condicionan la competitividad, tocar el tipo de cambio. Si es necesario, hay que tocarlo. No quiero decir que hay que subirlo o bajarlo. Digo que es un tema que hay que ponerlo en la mesa de discusión con toda objetividad, con el conjunto de todos los elementos que hacen a la competitividad.



¿Le preocupa que durante años el precio del dólar haya subido mucho menos que la inflación?

Hubo un sobreajuste en el marco de la crisis que tenía que ir modificándose en la medida en que la dinámica de la economía fuera la que estamos mencionando: aumento del empleo, aumento de salarios. Ahora estamos en una situación manejable. No es la situación brasileña. Cuando Lula llegó al poder, el dólar estaba a cuatro reales. Ahora, tantos años después, en Brasil han tenido un ajuste en la paridad que les ha traído problemas; uno, la pérdida de competitividad en buena parte de su producción industrial, sobre todo en las pymes, y un aumento del déficit comercial, y el otro, la atracción del capital en su pirateo de corto plazo para aprovechar una alta tasa de interés interna con apreciación cambiaria. Nosotros no llegamos a ese grado de problemas. Pero tenemos que observarlo con mucha objetividad. Insisto: en materia de tipo de cambio, como de subsidios, de equilibrio fiscal no estamos en situaciones límites de desequilibrios críticos, pero en esa dinámica de la realidad hay que observar los hechos y tomar las medidas que correspondan.



¿No sería más lógico, en lugar de colocar tantas trabas a las importaciones, o como complemento de esa política, un precio del dólar también más alto?


En materia económica, nunca olvide que cada instrumento está ligado al conjunto de instrumentos que uno toma en cuenta para orientar una cierta política. Se requieren controles, tipos de cambio, financiamiento al comercio exterior, apoyo a la tecnología, credibilidad en materia industrial... Cuando usted utiliza el total de instrumentos, puede llegar a un conjunto de medidas que apuntan en el sentido que está buscando. El qué se está buscando, está muy claro, es la industrialización, el cambio técnico, el fortalecimiento de balances de pagos, el desarrollo industrial, la convivencia entre los dos sectores fundamentales de la economía argentina, la industria y el campo. Cuando se discutió la 125, a mí me parecía que estaban discutiendo mal el tema de las retenciones porque lo estaban discutiendo como instrumento de captación de una renta excedente del campo, cuando en realidad es la diferencia entre el tipo de cambio que hace falta para ganar plata produciendo soja. Hay que ganar plata con la soja y el tipo de cambio que hace falta para producir tractores, porque tenemos que ganar plata exportando tractores y maquinaria agrícola. Como tenemos precios relativos internos, distintos a los internacionales, como nos pasa a todos los países con tantos recursos naturales, y los recursos primarios son relativamente más baratos que los industriales, si ponemos un tipo de cambio que esté libre para todos los sectores, nos quedamos sin industrias. Entonces, tenemos que tener un tipo de cambio que le dé competitividad a la soja y le dé competitividad a las manufacturas concretas. Las retenciones no son un impuesto al sector agrario, o de extracción de una renta excedente; eso es excedente para evitar la llamada enfermedad holandesa, la de la apreciación cambiaria, poniéndola a competir con sectores más complejos y que no dispone el Gobierno de las presiones, en este caso de los que aprovechan los recursos naturales pagando un dumping. Nos pasa con el campo y les pasa a otros con otros recursos.



¿A una mayor tasa de devaluación nominal le corresponderá una mayor tasa de inflación?


No, porque depende de otras variables. El tema del tipo de cambio es muy controvertido desde siempre, en parte por todo lo que le digo de las diferentes condiciones de competitividad entre los distintos sectores. Las retenciones han dado lugar a una polémica muy importante, pero existe una cierta tendencia a suponer que una paridad relativamente alta sacrifica el valor real del consumo o el poder adquisitivo de la gente, y la verdad es que el factor determinante en el valor real no es el tipo de cambio, sino el empleo. En la medida en que el tipo de cambio es competitivo, genera industria y ocupación, mejora los salarios reales. Porque si no, nos puede pasar que se genere un tipo de cambio muy bajo, tenemos en dólares un salario real muy alto, pero al mismo tiempo tenemos un costo internacional. La solución está muy dividida porque uno encuentra dentro de la propia profesión gente que está de acuerdo con la industrialización y la competitividad, pero que tienen contra la paridad nominal esta idea de que los eventuales que se hacen llevan a un fenómeno reducido o a un proceso inflacionario. No me extraña que este tema sea tan controvertido porque siempre lo fue y me parece que muchas veces no lo hemos analizado con suficiente realismo en el contexto de los factores en juego. El tipo de cambio es un instrumento más que tiene que estar al servicio de la producción, de la inversión, del empleo y la inclusión social, y que hay que utilizar con la objetividad del caso.



La tasa de desempleo es la que finalmente marca si el tipo de cambio es bueno o malo.

Exacto. Nunca se me había ocurrido pensarlo así. Pero sí, es interesante, me parece que está bien. En ese caso, mejorando el empleo, uno puede suponer que está competitivo. Me parece una acotación interesante.



¿Cuál es su pronóstico para la economía argentina, para los próximos cuatro años?


En una economía razonablemente ordenada, que ha demostrado capacidad de crecimiento, que tiene en agenda el problema de los precios, el problema eléctrico, el de la competitividad, en la medida que seamos capaces de resolver ese tema con suficiente razonabilidad, en el escenario latinoamericano mundial, la Argentina es uno de esos países que tiene mayor potencial de crecimiento a largo y mediano plazo por la magnitud de sus recursos naturales, por la calidad de sus recursos humanos, la consolidación que vienen teniendo las instituciones. Hay un cambio positivo de los liderazgos políticos, y de otras esferas, de búsqueda de la construcción nacional, de la solidaridad y de la soberanía, a diferencia de otras épocas en que estaban empeñados en que todo era gris, que viniera la inversión extranjera, endeudarnos… Así terminamos. La Argentina tiene una misión muy promisoria de transformación productiva, de industrialización, de incorporación de tecnología y de formación de una sociedad que esté a la altura. El país real está muy por debajo del país posible. El país real, que es el que hace a la identidad nacional, todavía no llegó a donde puede llegar porque es un país que todavía tiene grandes fracturas sociales, que tiene que consolidar sus liderazgos, entonces tenemos que tomar al país a la altura de la cultura que alcanzó, de relieve internacional.



¿Usted cambiaría, y en qué, los planes de estudio de la carrera de Economía en las universidades argentinas?

La Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Economía, tiene una pluralidad de ideas muy rica. De ahí ha surgido, entre otras cosas, el grupo Fénix que hizo un aporte fundamental para cubrir un enfoque heterodoxo de la realidad y allí tiene usted las diferentes expresiones del pensamiento económico, el marxismo, el neoliberalismo, el pensamiento liberal, la escuela neoclásica. En el marco de la libertad académica, esto es lo importante. Después, tiene escuelas de Economía en muchos lados. A nivel internacional, hay una gran crítica acerca de lo que han sido los supuestos aportes teóricos de las últimas décadas. El endiosamiento del mercado ha terminado en esta crisis que estamos viendo, entonces, hay una crítica muy severa a ese enfoque, un replanteo a la necesidad de recuperar las políticas públicas, las que surgieron por las políticas keynesianas. Hay todo un debate, que se da también en el país, acerca de la orientación en la formación de los economistas, pero le diría que en la profesión ha prevalecido durante mucho tiempo un enfoque de bajo grado de realismo, extremadamente sofisticado, por ejemplo, la economía matemática, con muy bajo nivel de aplicabilidad para criterios públicos. La pregunta es pertinente para el grado y el posgrado también.



Así como los países latinoamericanos son solidarios con la Argentina en su disputa por las Malvinas, ¿los europeos lo son con Inglaterra, en esta escalada al cumplirse treinta años de la guerra?

No. Estamos recogiendo opiniones acá, en este esfuerzo que está haciendo el Gobierno argentino para afianzar nuestros derechos y buscar la solución negociada al conflicto, conforme las normas de Naciones Unidas. Las conversaciones que hemos tenido acá son extremadamente auspiciosas. Encuentro en personas muy valiosas del medio académico francés comprensión sobre este problema y la necesidad de encontrar una solución en el marco del Derecho Internacional. La sensación que tengo es que no es un tema prioritario para la opinión pública europea. Están ahora con las crisis internas.



¿Y a nivel de gobiernos?

Cuando uno ve lo que pasó en el conflicto, está muy claro cómo se alinearon, ¿no? Ahora, en la Argentina volvió la democracia, y no hace mentiras para tapar desastres, sino que está defendiendo su interés en el marco del Derecho Internacional. Creo que va a haber cambios de comportamientos. Es un proceso que va a llevar tiempo, pero la Argentina tiene todos los argumentos para sostener su posición en los fueros internacionales. En las conversaciones que he tenido, encontré un alto grado de comprensión de la posición argentina.



¿Hay algo que no le haya preguntado y quiera agregar?

No, gracias. No es habitual que uno tenga esta oportunidad de expresar sus ideas con tanto detenimiento. He leído varios de estos largos reportajes con mucho interés.
Fuente: 
Perfil.