Domingo, 1 Abril, 2012 - 08:12

¿Ciudadano "cómodo" o fundamentalistas de la ciudadanía?

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Detendré por unos instantes, sólo eso, mi constante y añosa prédica en la búsqueda, hasta ahora infructuosa, de una ciudad donde el municipio honre su función de cumplir y hacer cumplir las normas.





Lo haré para referirme a una Carta de Lectores aparecida en varios medios donde su autor habla de habitante, ciudadano y demás con consideraciones que creo son erróneas y algunas, para mi modesto entender, hasta llamativas, más aún teniendo en cuenta de quién vienen.



No está mal, si así lo desean, que existan personas que ayuden al Municipio “distraído” a cumplir su función, sí lo está criticar a quien no lo hace tratándolo de “ciudadano cómodo” porque, según el autor, el bueno debe “trabajar, involucrarse, poner el lomo”.



Y está mal porque somos distintos nada más ni nada menos. Colaborar socialmente o hacer lo que el municipio no hace, en forma anónima y desapercibida, como muchos, o pública como algunos, es una decisión personal que no implica catalogarlo de mejor o peor ciudadano.



El descalificarlo sólo porque no actúa igual que uno suena fundamentalista. Nadie está obligado, ni siquiera moralmente, a asumir responsabilidades ajenas y menos aún cuando son propias del estado como el tránsito y la limpieza. Nos corresponde cumplir la ley y si así no lo hiciéramos ser sancionados por ello.



No concibo una ciudad “2020” donde debamos estar, por ejemplo, controlando semáforos junto al inspector para evitar accidentes. Y a riesgo de sufrir un calificativo de “ciudadano protestón” vuelvo a un Municipio que “se rasca” mientras vemos día a día siniestros, que cuestan también muertos y heridos, producto de diversos factores que van desde la negligencia y el descuido hasta el descontrol en una ciudad desbordada por un tránsito que crece día a día en su parque vehicular ante ninguna planificación; con infractores por doquier; donde la prevención, la enseñanza y el cumplimiento de las leyes no son práctica usual; con conductores a quienes poco importa su vida y la ajena; con sus calles llenas de baches; con servicios de muy pobre calidad; con algunos ciudadanos de primera y muchos de segunda; una ciudad cuyo gobierno se niega sistemáticamente a abrir los ojos y encarar soluciones reales; que desvía la atención hacia terceros y que no invierte como debiera los dineros públicos en servicios, control y seguridad.



Insisto, la solución parte de decisiones políticas y una de ellas es usar la plata de todos quienes pagamos nuestros impuestos, como corresponde, para mejorar la situación. La Municipalidad está obligada a cumplir su función y los ciudadanos a exigirlo.




Reflexión: Señalar los problemas es correcto, marcar los errores y las posibles soluciones es participar, exigir al Municipio que cumpla su cometido es lógico, reclamar ante servicios de mala calidad hasta resulta obvio, criticar el incumplimiento está bien
como también no hacer nada de ello no invalida al ciudadano como tal.



Mientras cómodamente espero respuestas, como miles a diario, eludo las motos estacionadas en la vereda y esquivo a otra que casi me atropella mientras su conductor escribe un mensaje en el teléfono; una señora con un niño intenta cruzar la calle por la senda peatonal donde hay un semáforo, como otros tantos, de adorno; un taxista detiene su marcha en medio de la calle para que suba un pasajero interrumpiendo la normal circulación y alguien a mi lado cobra estacionamiento. ¡Y justo me olvidé el silbato!



(*) Barrio 400 Viviendas, Resistencia.