Sábado, 31 Marzo, 2012 - 17:37

Moyano, en los umbrales del a todo o nada

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Si en los últimos tiempos ya se consideraba casi imposible un retorno de Hugo Moyano al redil del oficialismo, los acontecimientos de las jornadas recientes muestran que el "casi" comienza a verse borroso.

Los movimientos de Moyano y del Gobierno tuvieron distinta manifestación: el líder camionero y de la CGT volvió a desenfundar su lengua filosa para lanzar advertencias concretas, mientras la administración cristinista continuó con su plan de "ninguneo" y en ese sentido, salvo algún caso aislado, prefirió esquivar réplicas.



Esa política oficial provoca que Moyano vaya entrando solo en calor, temperatura que va aumentando a medida que, además, se acerca la fecha de renovación de autoridades de la CGT, donde se jugará el futuro del líder camionero.



El mandamás sindical hizo estos días jugadas a varias bandas, como un experimentado billarista, tanto para mostrar su bronca con el Gobierno como para alinear a la tropa interna, arrimar a los que aún están remisos a volver y sumarse a su grupo y torear a quienes quieren tirarlo por la ventana.



A la administración de Cristina Fernández de Kirchner –y más precisamente a la jefa del Estado- le dedicó durísimos párrafos y, por primera vez desde que el kirchnerismo llegó al poder, habló de la posibilidad de una huelga general si no se satisfacen las demandas gremiales en materia de Impuesto a las Ganancias, asignaciones familiares y cobertura de la deuda con las obras sociales, entre otras reclamaciones. Y avisó que también habría una movilización a Plaza de Mayo, como para completar la tradicional liturgia sindical peronista.



Así, Moyano sigue sacándole espoletas a las granadas verbales y comienza a desempolvar las minas para eventualmente tapizar el camino de los próximos meses en caso de tener que retornar a la acción a gran escala después de mucho tiempo.

Esta estrategia es obviamente inseparable de los movimientos dirigidos hacia las entrañas del mundo gremial.



El endurecimiento con el Gobierno le permite satisfacer una de las condiciones impuestas por Luis Barrionuevo para pensar en la disolución de su CGT Azul y Blanca y arrimarse al fogón moyanista.



A la vez, aunque ya prácticamente está firmado su retorno, esto también llena de satisfacción al ruralista Gerónimo "Momo" Venegas, quien si bien se alejó cuando Moyano militaba en el ultraoficialismo, nunca ocultó su voluntad de realinearse en caso de que el camionero recuperara su espíritu crítico.



En paralelo, Moyano se dedicó a restañar viejas heridas en su misión de sumar la mayor cantidad de votos posibles para renovar su mandato. Así, se juntó a comer con Roberto Fernández, el jefe de los colectiveros de la UTA, dirigente de peso con el cual habían intercambiado metralla pesada, al punto que alguna vez hasta estuvieron a punto de irse a las manos en una reunión de la CGT.



En los otros grupos están, o bien definidos, o bien oteando la situación para actuar en consecuencia.



Del lado de los "gordos", Armando Cavalieri sigue por ahora categorizado como enemigo de Moyano, después de una traumática historia entre ambos en los últimos años. Son recordados a diario en el mundo sindical los avances de Moyano para sacarle afiliados a Cavalieri.



Y en los últimos días hubo una reedición de esa pulseada cuando Camioneros anunció un paro por los trabajadores de Eki, y finalmente la medida quedó neutralizada cuando Comercio –que representa a la mayoría de los empleados de esa fallida firma- se metió de lleno en las negociaciones con el Gobierno para tratar de resolver el problema.



Otro "gordo", Oscar Lescano, tuvo una intensa aparición en los últimos meses promoviendo la salida de Moyano, con lo cual también está a una importante distancia del líder cegetista.



Por el lado de los llamados "independientes", como Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA), hay silencio y observación al detalle del devenir de los hechos, sabedores de que también podrían erigirse en árbitros si hay una definición cerrada en la cumbre gremial de mediados de año.



Los candidatos a suceder a Moyano auspiciados por el Gobierno –el metalúrgico Antonio Caló y el mecánico Ricardo Pignanelli, por ejemplo- no ocultan su deseo de ocupar el sillón mayor de la central gremial.



Pero también están envueltos en dudas, sobre todo al momento de evaluar un posible escenario de conflicto en caso de que la administración nacional siga impertérrita ante las peticiones sindicales o la situación económica no sea demasiado favorable a los asalariados.



En la última reunión de la cúpula de la CGT convocada por Moyano, a la que previsiblemente acudieron sus adherentes, estuvo Caló, respetando la tradición verticalista que siempre se acató de manera religiosa en la UOM, pero fueron pocas y medidas las palabras que emitió en el cónclave.



En cuanto a la actualidad estricta de los reclamos enarbolados ya no solo por Moyano sino por la mayoría de la pléyade sindical, continúan durmiendo el sueño de los justos.



El Gobierno no da señales sobre la actualización del haber mínimo no imponible para la aplicación del inequitativo Impuesto a las Ganancias; la misma suerte están atravesando las asignaciones familiares –que, si no se actualizan los topes para su cobro, dejarán de ser percibidas por un importante número de trabajadores cuando se apliquen los nuevos aumentos salariales- y no hay novedades sobre erogación de montos trascendentes para la cobertura de la deuda del Gobierno con las obras sociales, que según los sindicatos superaría los 10 mil millones de pesos.



Sobre este último punto los gremios están preocupados por un hecho adicional pero no casual: el cambio de status de la Administración de Programas Especiales (APE), donde ya no quedan rastros del moyanismo, y el desembarco de una delegada directa y dilecta de la Presidenta en la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), con la misión de acotar el territorio e impermeabilizarlo a las presiones gremiales.



Es en este marco que, en el mientras tanto, Moyano sigue acumulando bronca pero a la vez cada día más convencido de que se terminó la etapa del crédito al Gobierno y que sólo él es capaz de desatar, controlar o domesticar un conflicto. Claro que con un ojo mira los acontecimientos políticos y con el otro apunta a los tribunales, donde siguen abiertos expedientes en los que está mencionado y que podrían recobrar dinamismo.



En este sentido, también está seguro Moyano de que detrás de esas causas podría haber movimientos directamente proporcionales a su enfrentamiento con el oficialismo. Pero a la vez, a esta altura de las circunstancias, está obligado a seguir jugando sus fichas. Por eso lo seguirá haciendo y, por lo menos de acuerdo a lo visto hasta ahora, no piensa dejar de realizar apuestas más fuertes. Sabe que ya está instalándose en los umbrales del a todo o nada.



(*) Periodista DyN
Fuente: 
Agencia DyN