Viernes, 23 Marzo, 2012 - 12:32

Correo de nuestros lectores
La visión de un ex-preso político
24 de Marzo: Memoria con verdad y justicia

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En este nuevo aniversario del golpe cívico-militar, y aunque hayan tenido que transcurrir 36 años, es auspicioso que hoy se esté haciendo Justicia en nuestro país.

Esto es reconocido en distintas partes del mundo, donde se toma conciencia que los crímenes de lesa humanidad cometidos en nuestro país, hoy son investigados y condenados por la Justicia. Basta mirar a nuestro alrededor y ver las diferencias que tenemos con nuestros hermanos del Uruguay, Paraguay, Brasil, Chile, Perú,
ni que decir con las actitudes asumidas por la justicia de España respecto a las atrocidades cometidas por el franquismo, y la
condena a ese gran Juez que es el Dr. Baltasar Garzón.



Este es el primer 24 de marzo
en el Chaco
que recordamos con un carácter y sentimiento distinto, a partir de haber logrado las condenas a los genocidas en dos causas judiciales emblemáticas como son las Causas Caballero y
Margarita Belén.



Hasta ayer, los ex – presos políticos sabíamos que lo que habíamos vivido en carne propia era verdad. Que estuvieron vivos con nosotros hasta la tarde-noche del 12 de Diciembre de 1976 los compañeros que fueron masacrados en Margarita Belén, por ejemplo. Pero solo creían en eso, nuestros compañeros y los
propios familiares. Aunque también, en las familias algunos no compartían esto , ya que más de uno por ahí se hacía eco de lo que en general decía y divulgaba una tendenciosa
prensa,- que aún hoy nos asecha- creando dudas con el “por algo será”, “en algo habrá andado” y así vivimos con esa pesadísima carga, durante 34 largos años.



Pero gracias al giro de 180° que se logró en el 2003, cuando
la Presidencia de la Nación
asumió como cuestión de estado la necesidad de que los juicios por delitos de lesa humanidad debían realizarse,
nuestras
voces en reclamo de MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA dejaron de ser campanas de palo.



Sin un solo hecho de justicia por mano propia,
logramos ser escuchados, pudimos
cara a cara decirle a los genocidas, frente a los jueces, que eran torturadores, violadores, asesinos, responsables de la desaparición de personas, tal cual fue debidamente probado en ambas causas nombradas.



Durante las audiencias, en el Tribunal Oral Federal , me llamó la atención que más de un integrante de la Policía Federal, así como de la Gendarmería, que se encargaban de la custodia y el orden de la Sala de Audiencias, y por ello debían permanecer en la sala en forma permanente, después de haber testimoniado en las causas mencionadas anteriormente, me saludaban estrechando
la mano al tiempo que me decían hallarse conmovidos al escuchar nuestros testimonios
respecto a las atrocidades que los genocidas habían cometido con todos y cada uno de nosotros, así como con los masacrados y desaparecidos. No me caben dudas que lo que expresaban era sincero. Esto marca a mí entender un aspecto importantísimo en la consideración de la ciudadanía para que la sociedad pueda con el tiempo ir restañando heridas y las FFAA y de Seguridad puedan recuperar el respeto del conjunto de la sociedad, cumpliendo el papel que por Constitución les corresponde al servicio de la Nación.



Lamentablemente
en todo este proceso, aún hoy no hemos podido dar con los cuerpos de nuestros queridos compañeros, lo cual es una causa pendiente y para lo cual seguiremos luchando.



No obstante, la o las causas derivadas de las anteriores, identificadas como “residuales”,
actualmente en trámite,
nos permitirán seguir avanzando en la búsqueda de la verdad
de los hechos acontecidos, que implicarán también el sometimiento a la justicia, con el debido proceso, a los civiles que fueron en la zona
participes directos y necesarios para tanta atrocidad cometida por la dictadura cívico – militar.



Ahora ya se sabe
cómo los mataron a los
compañeros. Ahora el común de la gente debe comprender
por qué los mataron.



El
modelo de país de los años ’70, en que la torta de la producción era
repartida en partes iguales entre los empresarios y los trabajadores, con todo lo que ello implicaba, por un lado, y por otro, el nivel de conciencia y organización de los trabajadores así como de la juventud, con preponderancia
peronista, resultaban
cuestiones inadmisibles
e insoportables para los que detentaban el poder.



Los “dueños del poder”
pretendían
imponer un modelo económico
social de exclusión
y de destrucción de la industria nacional, tal cual se hizo ni bien concretado el golpe de 1976. Eso requería, según su óptica,
una única manera de proceder que era con todo
el terror a su alcance, a sangre y fuego, pretendiendo desaparecer hasta los cimientos de esa sociedad, y de aquella manera de hacer política.



De ahí que todo militante, o persona que tuviese una manera de pensar distinta a los que detentaban el poder, era criminalmente peligrosa, y pasible de ser encarcelada, cuando no desaparecida.



Ahora, con lo demostrado por
la Justicia, fehacientemente queda claro que por ejemplo, los informes periodísticos locales de los medios de comunicación de
la época, sus tapas y títulos, no informaban la verdad por ejemplo al publicar los comunicados del Comando de la Séptima Brigada de Infantería, sino que contribuyeron, voluntariamente o no, en el “armado de la mentira” que sostuvo en el tiempo la dictadura. Los medios locales por ejemplo titulaban: diario El Territorio del 14-12-76. “ENFRENTAMIENTO CON SUBVERSIVOS SE PRODUJO EN MARGARITA BELEN”; diario NORTE del 15-12-76. “OTRO ENFRENTAMIENTO EN MARGARITA: DOS GUERRILLEROS MÁS ELIMINADOS.” La verdad es que no hubo enfrentamiento y nadie se fugó en Margarita Belén, los masacraron y por eso, a 36 años, hoy hay condenados.



Esa fue la manera de proceder de la dictadura cívico militar, lo que se siguió hasta fines de 1983, cuando ya se les hacía insostenible el gobierno por los “errores” cometidos, incluido Malvinas con todas sus secuelas, no solo para el país todo, sino en particular a los auténticos ex combatientes.



La recuperación de la democracia, luego de los oscuros años vividos, con un presente
en el que con total claridad tenemos un rumbo y
modelo de país digno de ser sostenido junto a nuestros hermanos latinoamericanos, hacen posible que, como simple ciudadano comprometido así como desde la militancia, todos los días se puede aportar
desde el lugar que a cada uno
le toque, a la transformación de la sociedad. No hace falta para ello llegar a una presidencia, una diputación, intendencia, o cargo de gobierno.



A mi entender este es el camino y la mejor contribución que podemos hacer para la superación de las secuelas que en los distintos aspectos no dejó la dictadura cívico- militar.



(*) D.N.I. Nº 10.291.706