Lunes, 19 Marzo, 2012 - 20:40

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Ellos no tienen la culpa

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Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, con datos de Argentina, Marina Bassi, una de las autoras, lo explica así: “Los conocimientos académicos no son suficientes para el desarrollo de los jóvenes en su vida adulta”.

Que las destrezas que más escasean son las que están relacionadas con el comportamiento, la cortesía, el compromiso y la responsabilidad.



No tienen ni idea de cómo redactar un currículum. La impuntualidad no es algo que los abochorne. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), basado en datos de la Argentina, indagó sobre las condiciones en que los jóvenes ingresan al mercado laboral: “Se requieren políticas educativas urgentes no sólo para abordar el problema de la calidad de la educación, sino de la pertinencia de la misma cuando se trata de facilitar las transiciones de los jóvenes al mundo del trabajo”, concluye el informe.” Párrafo de lo publicado bajo el título: jóvenes en el trabajo: advierten falta de conexión y compromiso.

Ellos no tienen la culpa, pero es para tener en cuenta.



Triste ¿no? Lamentable. Mientras Educación trata de poner estrategias, modalidades, estímulos para que muchos logren terminar la secundaria,
justo aparece esta noticia, casi mostrando que no es suficiente. Habría que poder contestar a esta pregunta: “para que se los prepara?”.



Las currículas de Educación se centran en los contenidos, se ponen y sacan materias, se facilita las pruebas, los exámenes, pero, lamentablemente se achicó la responsabilidad del alumno, se desvaneció el esfuerzo, hay que multiplicar los estímulos, hay que utilizar más tecnología, hay que dejarles pasar los yerros, y hasta admitirlos sin poner exigencias previas. Por un lado una manera de “capturarlos” y por otra, ellos ya saben que no es necesario esforzarse porque las puertas están abiertas. Casi un tema generacional.



Muchos finalizan su concurrencia, pero no significa que hayan estudiado lo suficiente, porque hubo que atraerlos proponiéndoles el menor esfuerzo.



El Banco Interamericano de Desarrollo, hace énfasis en la actitud hacia el trabajo,
la responsabilidad, al respeto a las jerarquías.



Esto no se da en las escuelas, es más, se perdió. Esta actitud es la que debiera tener el adolescente casi adulto que incursiona en sus primeros trabajos, no está desarrollada, no es un proceso natural, debieran adquirirlo, recibirlo.



Los motivos y los factores son muchos, pero quedan a la vista algunos, y tratemos de verlos juntos y si se puede, corregirlos.



Hay una especie de “depresión adolescente” que hace que se los vea desganados, lentos, dispersos y hasta ausentes. No ven en la secundaria, la motivación que luego de ella comienza
la mayoría de edad,
la independencia, del poder tomar decisiones personales, y que de esas decisiones depende su bienestar, cumplir sus sueños y su futuro. No son concientes de ello.



Convencidos de la adolescencia
eterna, perdonadora, y que un asistencialismo puede seguir estando y podría ser una alternativa, y los habrá quienes
son capaces hasta de esperar
alguna herencia, en una actitud pasiva casi de brazos caídos, creyendo un futuro asegurado.



Como ha cambiado el ritmo familiar, también mamá o papà a veces no están para despertarlos a la hora de cumplir una obligación Pero si
incumplirla no tiene ninguna pérdida, ¿para que usar el despertador?, ese que dicen que “no escuchan”. No saben que “se escucha” lo que interesa, o lo que se teme.



Por razones económicas, en muchas escuelas ya no se usa uniforme, es decir no todos van igualmente vestidos, entonces, algunos cometen el error de la desfachatez en sus remeras o pantalones “rotos”, y está permitido. La imagen, de la que hace alusión el BID.



La responsabilidad, no se premia ni se castiga en algunos establecimientos. Las tareas y sus notas pueden ser sólo una rutina sin emociones. El hombre reacciona a los estímulos más que a los castigos.



Algunas empresas, utilizan el estímulo, un “premio”, que puede ser en pesos o un viaje, u otros beneficios, por buen empleado, por cumplidor, etc, pero el castigo, es quedarse sin trabajo. Y ésto es más notable.



Entonces, por un momento, escuchemos al BID, porque podrían escasear los empleados, o muchos no podrán tenerlo
o lo perderán, por no estar preparados.



¿Y que se puede hacer en las escuelas? Casi como un juego, simulacros de trabajos y obligaciones dentro del establecimiento,
que tengan como aliciente la exposición de los nombres y puntajes de acuerdo a su rendimiento. El nombre!!!! Estarían tocando su identidad, su amor propio.



No esperar desarrollar estos valores el último año, no sería difícil incorporar estas tareas en el momento que se los ve indiferentes, casi sin voluntad. Reaccionan cuando hay dinamismo, se aletargan cuando no saben “para que”. Pero no son tontos.



Y crearles la conciencia, que una buena imagen, un currículo bien redactado, una presencia prolija, es parte del éxito de
“la primera impresión.”



Ellos no lo saben , no tienen la culpa, pero no permitamos que fracasen.





(*) [email protected]