Lunes, 12 Marzo, 2012 - 13:27

Correo de nuestros lectores
Un parto tranquilo y natural

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Quisiera contar la forma en que viví este encuentro del sábado en San Bernardo. Sin dudas la crónica periodística ya lo ha hecho desde sus propias perspectivas. Yo deseo hacerlo desde mis vivencias, desde mis sensaciones, desde mi propio análisis…

Yo deseo hacerlo desde mis vivencias, desde mis sensaciones, desde mi propio análisis, que tiene un poco de todo eso, mezclado con mi orgullosa, aunque no menos crítica, pertenencia radical. Evidentemente no lo haré como un observador externo, no lo fuí. Fui parte de una gesta muy esperada por mi. Una gesta imprescindible y trascendente para un radicalismo que amo y al que veía languidecer.



Y en esta pequeña y hermosa ciudad, limpia, cuidada, amable, a la que hace años no visitaba, atravesando esa fantástica entrada arbolada, me fui encontrando con cientos primero, y luego con miles de asistentes que poblaban sus calles, seguramente siempre tranquilas. Y este sábado bullicioso, alegre, lleno de banderas, tambores, música , canciones y bailes, estábamos rompiendo sus rutinas.



Se estaba por producir el tan ansiado nacimiento. Nadie sabía cuántos iban a asistir, pensábamos que con cuatrocientas o quinientas personas nos debíamos quedar más que satisfechos.



Pero San Bernardo, Capital de la Primavera, bajo el sol abrasador del mas puro verano chaqueño, nos deparaba la sorpresa no sólo de cantidades enormes, incontables e impensadas de asistentes, que arribando de todas partes de la geografía chaqueña, llegaban con las mismas ansiedades, con las mismas esperanzas de ver plasmar el inicio de este movimiento, tan necesario para el radicalismo.



Allí dejamos de estar atomizados, allí pudimos charlar amablemente, contarnos nuestras experiencias, nuestros reclamos, nuestras frustraciones y, por supuesto, también nuestras expectativas y nuestras ilusiones. Allí pudimos ver también nuestras grandes coincidencias.



Y así, en ese medio tan alegre y cargado de emociones, se produjo, casi como si fuera un parto tranquilo y natural, el nacimiento de este Nuevo Espacio Radical. Y el recién nacido fue grande y fuerte, enorme diría. Parecía que supiera que su destino era conducir a este radicalismo, hoy adormecido, nuevamente a la victoria.



Allí confirmamos que no estábamos equivocados y que este nuevo movimiento no sólo estaba en marcha de manera irreversible, estaba naciendo con la fuerza y el empuje necesarios para convertirse en la nueva cara del radicalismo.



Este parto natural me hizo ver muchas cosas. Como todo parto, tenía dolores, pero, fundamentalmente traía la esperanza.



Eran dolores que tal vez yo mismo no había comprendido en su verdadera intensidad, era el dolor de aquellos que con claridad, supieron que había llegado la hora de abandonar a un movimiento que los había cobijado durante muchos años. Era el dolor de quienes honraban y agradecían esa etapa, sabiendo que se había terminado, que era necesario pasar a la siguiente si se quería tener futuro como radicalismo. Era un dolor que expresaban la inmensa mayoría de los asistentes, lo expresaron los organizadores, los jóvenes, muchos adultos. Todos sabían que era ese dolor necesario de todo destete, ese dolor que produce el volverse adultos, ese dolor que es necesario para recuperar el idealismo y la esperanza. Yo, que nunca había pertenecido a Convergencia, no había comprendido lo que les había costado tomar esa tan difícil decisión.



Comprendí también que era una decisión íntima, absolutamente personal, meditada, y que no había vuelta atrás para ninguno de los asistentes.



Me encontré allí con muchos dirigentes y afiliados que sabía que iban a estar, con muchos de ellos veníamos hablando desde hace tiempo. Pero me encontré también con muchos otros que creía que todavía no iban a estar. Allí comprendí que nadie se suicida en la política y muchos se animaron ahora. Otros, que piensan absolutamente igual, que enfrentan cada día las mismas presiones de sus pueblos, de sus barrios, de sus conocidos, y hasta de sus mismas familias, se irán sumando muy pronto. Algunos de ellos no han superado sus miedos a los cambios, otros, aún sabiendo de la necesidad de abandonar sus antiguas pertenencias, demoran una decisión que saben ineludible.



El mismo Rozas demostró, con absoluta claridad, en una reacción tardía, cuando ese mismo día, viendo la contundencia de lo ocurrido en San Bernardo, habló de la necesidad de cambiar la conducción de Convergencia y de la necesidad de ocuparse de los problemas de la gente. Hace años algunos le veníamos diciendo de esa necesidad, pero a algunos dirigentes no les gusta que los contradigan. Eso no se cambia con una medida desesperada de última hora. El radicalismo no debió apartarse de la gente. De cualquier manera es justo también decirle al Dr. Rozas, que la inmensa mayoría de quienes se alejan de su movimiento, conservan un gran cariño por él. Si lo hacen es porque tienen la convicción de que, pese a ese cariño, se debe salvar al radicalismo de la hecatombe a la que estaba siendo conducida por un grupito que no comprendió nada de lo que estaba sucediendo con los afiliados y con la sociedad en su conjunto.



Y es bueno también que sepa toda la sociedad, no sólo los afiliados, que el internismo es bueno, permite la renovación de ideas, de personas, abre las puertas a todos, para que se sientan partícipes y no convidados.



Pero desde este Nuevo Espacio Radical, venimos a asegurarnos que las cosas de la interna ocupen un muy pequeño espacio en la actividad política de nuestro partido. Consideramos que nuestra tarea principal es abocarnos a armar los mejores equipos técnicos y políticos para brindar una respuesta rápida y eficaz a la enorme cantidad de problemas que afectan a nuestra provincia y a nuestra nación.



No aparecimos a la vida política para excluir a nadie, por el contrario, consideramos fundamental el mantener la apertura y la unidad de nuestro partido. Unidad que no significa unicato sino pluralidad y respeto a las diferencias.



Este movimiento interno llamado Nuevo Espacio Radical, llega, como una brisa de aire fresco, para renovar, en las formas y en el fondo, a este radicalismo que se había quedado sin ideas y sin principios.



Llega por reclamo de una militancia y de una sociedad que espera del radicalismo que ocupe su lugar.



Llega de la mano de muchos radicales que no peleamos puestos ni prebendas, que venimos sin mas ambición que reconstruir ese radicalismo enfervorizado, idealista, capaz de constituirse en alternativa. Radicales que no fuimos a San Bernardo para abandonar ni uno sólo de nuestros principios ni de nuestras convicciones. No estamos marchando detrás de personas, estamos haciéndolo detrás de ideales. No queremos echar a nadie por la ventana, queremos abrir las puertas para que entren todas las personas que encuentren en la UCR una opción distinta y ética, puesta al servicio de la gente y no de sus dirigentes.



San Bernardo fue la primera respuesta de un radicalismo que se puso de pié, dispuesto a escuchar los reclamos de cambios que expresaban afiliados, simpatizantes e independientes.



Primero debatamos ideas y definiciones para este radicalismo, que necesariamente debe ser humanista y progresista, necesariamente debe estar en el campo de lo nacional y de lo popular, necesariamente debe estar para privilegiar un Estado justo, que esté al servicio de todos y, muy especialmente, al servicio de quienes más lo necesitan. Un radicalismo que debe estar dispuesto a una permanente revisión y actualización. Si se cometen errores deberá corregirlos.



Los dirigentes y los candidatos vendrán después, será la propia gente la que deberá ratificar o rectificar los nuevos liderazgos y candidaturas. No importa si son nuevos o viejos, no importa de dónde vengan, lo que importa es como actúan y a donde van. Necesitamos dirigentes que sean ejemplares en sus conductas.



Nuestro verdadero desafío no es la interna, es el dar respuestas concretas a los problemas que nos aquejan como sociedad.



Respeto y unidad fueron las consignas permanentes que viví y escuché de todos los participantes. No hubo un sólo agravio, no hubo un sólo altercado. Este nacimiento del Nuevo Espacio Radical se dio en este marco respetuoso, serio, responsable y esperanzado, el mejor que podía cualquiera imaginar.



(*) [email protected]