Domingo, 11 Marzo, 2012 - 18:23

Correo de nuestros lectores
Radicalismo

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La magnitud cuantitativa y simbólica del éxito alcanzado en San Bernardo por la convocatoria de los referentes que hoy lideran el llamado ‘Nuevo espacio radical’, indudablemente que ha sido una sorpresa para muchos y un disparador de nuevas esperanzas para sus afiliados y simpatizantes.







Este mismo portal, a través de noticias y opiniones publicadas, dio cuenta del gradual y persistente reclamo de algunas voces partidarias (no demasiadas) que bregaban, básicamente, por democratizar, dinamizar y mejor atender al reclamo social desde la identidad y los principios del propio radicalismo, hastiados –tal vez- de que las pequeñas o grandes autocríticas del pasado, especialmente las que siguieron a la derrota electoral del 2007 en el ámbito provincial, de poco o nada hayan servido en el presente,
a la luz de los resultados de los comicios del año pasado.



Y así, hasta para quienes no estamos afiliados a ningún partido ni tenemos relación alguna con sus dirigentes, a excepción de honrosas excepciones de amistad con simples ciudadanos o referentes de diversos signos políticos, nos resulta agradable y alentador observar que un partido, en este caso el radicalismo provincial, haya tenido el buen tino de materializar en un encuentro (que se supone no será el único), un largo proceso vinculado a la lucha por el respeto a la diversidad de pensamientos, matices y métodos intra partidarios, aunque siempre dentro de la unidad que implica el sencillo hecho de compartir un mismo y único núcleo ideológico, y una misma y única historia centenaria a la cual ninguno de sus miembros puede escapar.



Dicho esto, me gustaría señalar según mi entender, un par de aspectos de los cuales el electorado está harto. Un hartazgo que involucra a todos los partidos pero que especialmente debería ser tenido en cuenta por todo nuevo espacio o vertiente política.



En primer lugar, la confrontación y descalificación permanente, habitualmente mediática, hacia “adentro” y hacia “afuera”.



Es una ingenuidad suponer que la crítica reiterada al mal obrar del adversario de turno sea un imán que atraiga votos o seduzca al electorado que se quiere conquistar. En mi caso (como en el de millones de argentinos, supongo), lo que esperamos es la atención concreta a las necesidades de cada cual. Los productores
y la industria esperan una atención realista a sus reclamos. Lo mismo el comercio, el asalariado, el jubilado, el médico, el paciente, el docente, el alumno, el indígena, el pobre o el indigente.



En términos prácticos, no nos interesa el discurso de quien nos quiere convencer de que tiene la razón, sino de aquel que muestra su vocación política con hechos y expresiones concretas para con nosotros, “el soberano”, único dador del triunfo de cualquier elección.



En segundo lugar, la falta de formación intelectual y la pérdida de la ‘sensibilidad
humana real’ por parte de muchos de los que ostentan un cargo público.



Y es que la realidad es extremadamente compleja y exige discernimientos intelectualmente honestos y exentos de todo personalismo, acompañados –a la vez-
por el don maravilloso de empatizar con el pueblo en sus necesidades.



Es muy poco,
pobre y efímero lo que se soluciona con buenos discursos mediáticos o metas idealistas. Se necesita realismo y hechos.



El Chaco, con sus logros y dolores, no es una isla dentro de Argentina, como tampoco lo es cada municipio respecto de la provincia; y como tampoco lo es la Argentina toda respecto del mundo. Las variables en juego se han multiplicado. Es la consecuencia natural de la creciente globalización en su versión política, económica, cultural, humana y comunicacional.



Si un partido no favorece, por ejemplo –y solo por ejemplo-, la formación intelectual de sus jóvenes militantes, desde el Chaco pero con una referencia globalizadora, y con experiencias complementarias que les haga comprender el valor de la justicia social,
la igualdad ante la ley, el drama de la pobreza, el valor de la educación, la iniquidad de la corrupción, etc., difícilmente pueda contribuir en serio al quehacer político orientado al bienestar social.



Así, creo que la gente del radicalismo chaqueño, que ha sabido, en su intimidad y en sociedad, disfrutar y expresar con éxito una variante
política dentro de la estructura de UCR,
tiene –a partir de ahora y al mismo tiempo- el simple pero medular desafío de no “ser más de lo mismo”. Como sea, el tiempo lo dirá…



(*) [email protected]