Domingo, 11 Marzo, 2012 - 09:47

El Soberbio

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Cuentan los lugareños que fue uno de los tantos inmigrantes brasileños de origen europeo que a principios del siglo pasado cruzaron a Misiones para colonizar el que, maravillado por la belleza del arroyo Guarambocá, exclamó “¡qué soberbio lugar!”.







Ese sería el origen de que la actual ciudad cabecera del departamento Guaraní en el centro-este de esa provincia a la vera del Río Uruguay se denomine El Soberbio. Una ciudad de unos 30.000 habitantes que vino creciendo en base a la explotación forestal, al cultivo del tabaco y un poco al turismo, y que en los últimos años pegó un salto considerable por dos razones. La primera es la terminación de la ruta asfaltada de 70 kilómetros hasta los Saltos del Moconá, que ha multiplicado por varias veces las visitas hasta lo que hoy ya es el segundo atractivo turístico de Misiones: una catarata que corta longitudinalmente al Río Uruguay por más de 2 kilómetros y que llega a alcanzar un desnivel de 15 metros. Si bien están lejos de ser las Cataratas del Iguazú, los Saltos del Moconá y el paisaje de la selva Yabotí son una maravillita. El Soberbio es paso obligado para llegar a ese segundo paraíso misionero.



La segunda causa del auge de El Soberbio es la constante y nutrida afluencia de brasileños que llegan de compras. En el lugar funciona una Aduana y varias veces por día un servicio de lanchas une los pocos metros que separan a El Soberbio de Porto Soberbo en Rio Grande Do Sul. La fuerte revalorización del real provoca que la mayoría de los productos estén más baratos de este lado del río y justifica el cruce para el aprovisionamiento. Los supermercados Ceferino y 5 Hermanos son los preferidos por los brasileños, y los brasileños son clientes muy pretendidos por los supermercados de El Soberbio, que promocionan sus ofertas en las radios del vecino país que dominan a ambos lados del Uruguay. Los brasileños se abastecen de golosinas que no encuentran en su país, de carne, vino y harina que, además de costar más barato, son de mejor calidad, y de muchos otros productos donde la diferencia la hace el precio. Por ejemplo: el arroz se consigue en El Soberbio entre 4 y 5 pesos el kilo mientras que en Porto Soberbo vale el equivalente a casi 8 pesos; la leche cuesta 6 y 10 pesos, respectivamente; y por un desodorante de igual marca se paga la mitad de este lado. Por supuesto que todo auto brasileño que cruza llena el tanque con combustible argentino.



Siguiendo por Misiones, en las Cataratas hay otro ejercicio de microeconomía que ilustra lo mismo. La entrada al Parque Nacional del lado argentino cuesta 70 pesos, mientras que los brasileños la cobran más cara, a un equivalente de 85 pesos. La diferencia es en realidad mayor ya que hay que considerar que la naturaleza quiso que la maravilla se admire mejor desde el lado argentino. Con ventajas en el espectáculo y precios más baratos es lógico advertir que la concurrencia del lado argentino supera muy ampliamente a la de enfrente.



La revalorización del real es un tema de creciente preocupación y máxima prioridad para el gobierno de Dilma Rousseff. En buena parte eso es resultado de lo que la presidenta ha definido días atrás como un “tsunami monetario” que inunda de dólares al Brasil y empuja hacia abajo el valor de esa divisa. A pesar de los obstáculos al ingreso de dólares que se tomaron, el año pasado ingresaron al país más de 65.000 millones de dólares, y en lo que va de 2012 la tendencia se acentuó; hubo semanas que entraron más de 5.000 millones de dólares.



De gira por Alemania, a comienzos de esta semana Dilma Rousseff se quejó ante la canciller Angela Merkel de la extraordinaria expansión monetaria de los países desarrollados porque “provoca una desvalorización artificial de las monedas y eso actúa como una barrera al ingreso de productos brasileños”. Además, parte de esa montaña de capital financiero es la que se está volcando hacia algunas economías emergentes, y en el caso particular de Brasil el atractivo es mayúsculo debido a que la tasa de interés real es muy elevada.



En ese contexto, el dólar que había comenzado el año cotizando a 1,89 llegó a perforar 1,70. En los dos primeros meses del año el real fue la moneda que más subió entre las quince más negociadas del mundo.



Si bien Brasil mantiene un considerable superávit en su balanza comercial (30.000 millones de dólares en 2011), la balanza de cuenta corriente (que incluye el flujo de divisas por turismo, flete, utilidades, regalías, intereses de deuda) arrojó el año pasado un déficit superior a los 50.000 millones de dólares. Además, hay consenso de que el dólar barato fue una de las causas centrales del magro crecimiento que registró el PBI el año pasado, de tan sólo el 2,7 por ciento.



El gobierno brasileño reaccionó poniendo más obstáculos al ingreso de divisas a través de un aumento en el correspondiente impuesto, aumentando el ritmo de compras por parte del Banco Central (acumula más de 350.000 millones de dólares), bajando un par de puntos la tasa de interés, y anunciando que seguirán tomando las medidas que sean necesarias para “desestimular el ingreso de capitales de corto plazo”, según dijo el ministro de Hacienda, Guido Mantega.



Con toda esa batería lograron frenar el derrumbe del dólar e incluso un pequeño repunte hasta 1,74 reales.



Si se toma como parámetro lo que sucede en El Soberbio y en Cataratas, se podría inferir que un real fuerte beneficia a la Argentina toda, razonando que si esa moneda no estuviera sobrevaluada el déficit comercial de más de 4.000 millones anuales que la Argentina tiene con su principal socio comercial seguramente sería bastante superior.



Pero hay otro razonamiento que llega a una conclusión inversa: una devaluación en Brasil potenciaría su crecimiento económico y eso impulsaría una mayor demanda de productos argentinos.



¿Qué es más conveniente para la Argentina: el escenario brasileño del 2011 o un real devaluado con más actividad?



Los misioneros no dudan en responder. Los economistas sí.
Fuente: 
InfoNews.