Sábado, 10 Marzo, 2012 - 19:58

Panorama Laboral
Días difíciles

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A esta altura de los acontecimientos vale preguntarse si Hugo Moyano volverá a entrar a la Casa Rosada durante el mandato de la presidenta Cristina Fernández. Los recientes dichos del jefe de los camioneros y de la CGT siguen alejándolo de Balcarce 50, donde parece que, al menos por estos días, han decidido apelar a la estrategia del "ninguneo", al no emitir devoluciones a la andanada de críticas y advertencias del líder sindical.

En medio se escuchó a la jefa de Estado decir que defender al modelo "no es defender a este Gobierno ni a esta presidenta, es defenderse los trabajadores".



El dato saliente de esa intervención presidencial pasó, más que por los dichos, por su interlocutor en ese momento: el titular del SMATA, Ricardo Pignanelli, un fervoroso adherente al kirchnerismo al que algunos impulsan para reemplazar a Moyano al frente de la CGT, aunque es novato en las grandes ligas de secretarios generales de gremios poderosos.



Moyano se despachó con diferencia de pocos días con definiciones más fuertes que las que venía pronunciando. Primero, en una entrevista radial, dijo que cree que el Gobierno "está perdiendo el rumbo" y criticó los cuestionamientos de la Presidenta a los maestros.



Luego, en un acto sindical, donde es pez en el agua, alertó que "se vienen tiempos difíciles y me encontrarán en la CGT o fuera de ella, pero siempre defendiendo los intereses de los trabajadores".



También reclamó nuevamente que el Gobierno reciba a la central sindical y afirmó que el no acceder a ese pedido "es una clara actitud de alejamiento". A la vez, denunció que "hay una falta de respeto a los trabajadores".



Las críticas de Moyano aparecen enmarcadas, según su propia explicación y la de sus más cercanos espadachines, en la falta de respuesta gubernamental a las reclamaciones sindicales sobre aumento del mínimo no imponible, pago de la deuda con las obras sociales y elevación de las asignaciones familiares, entre otros puntos.



Pero no hay que descartar otro elemento surgido en los últimos días, que puede añadirse a las razones que abonan el endurecimiento de Moyano y al mismo tiempo puede acercar claridad para entender la estrategia de la administración, caracterizada en este momento, como se ha dicho, por el silencio ante el líder gremial. Ese punto es la reactivación de la causa judicial radicada en Suiza en la que aparece involucrado Moyano.



El jefe de la CGT está convencido de la existencia de una "mano negra" que podría residir en algún despacho oficial para promover esta investigación en momentos en que el camionero amenaza con tornarse incontrolable. Y al Gobierno por supuesto le sirve que Moyano aparezca complicado, sobre todo en cuestiones judiciales.



De todas maneras, a la vez parece haberse morigerado el avance de algunos sectores para echar a Moyano de la CGT. La mitad del año -y en consecuencia el fin del mandato del líder camionero- está cerca y entonces parecen haberse convencido de llegar a esa instancia.



Varios dirigentes que no quieren a Moyano están recalculando el tema de los congresales cegetistas para sacarlo respetando formalmente las tradicionales instituciones sindicales, aunque todos -de uno y otro lado- deben afinar el lápiz y sus estrategias al máximo para cosechar las voluntades que respondan a sus intereses.



Sin embargo, más allá de las fintas políticas, asoma una realidad con la característica de la conflictividad. Por ahora son expresiones sectoriales, entre las que se destacan las acciones de fuerza de los maestros. Pero también retomaron las calles justamente los camioneros de Moyano y amenazan con la extensión de la protesta.



En otras actividades, como en el rubro de la carne, también están en alerta y denunciando situaciones difíciles para sus respectivas actividades.



Los dirigentes sindicales saben que, en caso de profundizarse los problemas, deberán hacerse cargo con más ahínco para atender el malhumor de sus representados y hasta podría entrar en crisis la entusiasta adhesión al Gobierno de no pocos de ellos. Y si la cuestión se expande, se les pueden achicar los márgenes para esquivar una manifestación de protesta más global.



Moyano ha demostrado que puede canalizar la protesta sectorial -en el caso de los camioneros- y también se presenta como el eje para hacerlo de manera general. Empero, para ello deberá concitar también el apoyo de al menos un sector de los dirigentes que hoy lo miran de la vereda de enfrente, aunque sea archiconocido que únicamente con un puñado de camiones puede generar un gran trastorno en todo el país.



Claro que, si se llegara a esas instancias, indudablemente ya se estaría en los umbrales de días difíciles. 

(*)DyN