Viernes, 9 Marzo, 2012 - 08:02

Correo de nuestros lectores
Mi apoyo radical a la reunión de San Bernardo

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Hace muchos años que algunos radicales venimos bregando por la necesidad de cambios de fondo y de forma en nuestro ya más que centenario y querido partido radical. Cada uno de nosotros lo hacía casi en soledad y de la manera en que podía: nos sentíamos excluídos de cualquier forma de participación.

Nuestras opiniones no eran escuchadas por una dirigencia que, amparada en antiguos logros, eran incapaces de percibir que las sociedades cambian, cambian sus humores, cambian sus necesidades. Y un partido político que sea incapaz de percibir y escuchar los reclamos de la gente, está condenado a su propia destrucción.



Y así vimos como nuestro radicalismo se iba aburguesando, como se iba acostumbrando a que se actuara sólo por lo que resolvía un muy pequeño grupo, que se elegía y se autoreelegía permanentemente. No se trata de si son viejas o nuevas caras, no se trata de si acertaron o se equivocaron antes, no se trata de un problema cronológico, se trata de una verdadera democratización y modernización de la UCR donde todos, absolutamente todos participen.



Un partido donde tengan cabida los viejos con sus experiencias y los jóvenes con sus ímpetus. Un partido donde tengan cabida todas aquellas personas de buena voluntad, que quieran participar de esta gesta indispensable de reconstrucción política, económica y social, de la que el radicalismo debe ser protagonista.



Vimos como nuestro radicalismo, de esa manera, se iba vaciando de principios y de contenidos ideológicos, alejándose así de una sociedad que cada vez manifestaba más enérgicamente su repudio a este tipo de manoseos y viejas y corruptas formas de hacer política. Formas de hacer política que, en realidad, cuando se desvirtúan de tal modo, se convierten abiertamente en politiquería, dejando de ser política. La Política es mucho más que lo que se estuvo practicando en los últimos años y no ocurre sólo en nuestro partido.



Pero hoy voy a hablar de nuestro partido, siempre ha estado orgullosos de su esencia democrática, del respeto a la pluralidad. Nada de eso ocurrió en los últimos tiempos. Así hemos visto como oportunidad tras oportunidad, la sociedad nos ha ido manifestando con más claridad que no aceptaba a un partido que con estos mecanismos, se había vuelto incapaz de dar respuestas claras y contundentes a sus reclamos, un partido que por egoísmos, incapacidades o por desinterés de sus dirigentes, fue perdiendo hasta su propia identidad..



En mi caso particular, que vengo manifestando desde hace mucho tiempo ese reclamo de cambios estructurales, cambios que permitan la discusión de ideas, incluso de candidaturas, las que eran impuestas por el dedo o por amiguismos y no por capacidades, tuve la posibilidad, a partir de la aparición de la prensa digital, de poder hacerlo a través de ella. Debí escribir cosas muy duras, pero consideré indispensable hacerlo así para ser escuchado. Lamentablemente, cosas muy feas estaban pasando en nuestro partido, cosas que nos humillaban y avergonzaban.



Incluso, con justos motivos, la sociedad nos reclamaba cosas que jamás hubiera pensado que se podían reclamar a dirigentes radicales, la honorabilidad era una de ellas. Algunos de nuestros dirigentes mas importantes estaban siendo altamente sospechados de corrupción y eso es inadmisible. Aún sin condenas judiciales que la avalen, todos sabemos lo difícil que es que la justicia condene a los culpables de corrupción en actos de gobierno. Y nuestras dirigencias permanecieron haciendo oídos sordos ante esos reclamos. Tenemos una sociedad que nos exige a los radicales el que actuemos como se debe actuar. El radicalismo ha sido, a través de su historia, una garantía de decencia en la política argentina. Hoy debemos recuperar esos valores, debemos recuperar los principios fundacionales de la UCR.



Muchos dirigentes, de distintos lugares de la provincia, me alentaban a que siga en esos esfuerzos casi solitarios. Algunos no eran de Convergencia, otros muchos sí lo eran, y muchos lo siguen siendo. No nombraré a unos ni a otros, soy muy respetuoso de las cosas que se hablan en privado, pero cada uno de esos dirigentes saben muy bien lo que deben enfrentar cada día en sus pueblos, los reclamos de su gente, con la que comparten y se encuentran cada día de sus vidas. Ojalá ellos tengan el honor y el valor necesarios para tomar el camino que ellos mismos me pedían que reclame.



Hoy veo con alegría y esperanza el surgimiento de una línea interna que sea capaz de poner coto a los abusos y a las arbitrariedades. Una línea interna que desde antes de nacer institucionalmente, ya ha conseguido gran parte de su objetivo: movilizar a un partido que se había vuelto aburguesado y paquidérmico. Un partido cuya dirigencia se olvidaba de la gente y de sus necesidades: un partido que no sólo perdía elección tras elección, eso sería lo de menos en política, lo grave verdaderamente era que había perdido su contenido ideológico humanista, progresista, nacional y popular. Había cambiado todo eso por ser un partido chiquitito, sin ninguna vocación de poder, un partidito más de los tantos, donde se cambiaban principios por prebendas, donde cada uno hacía lo que quería en materia de proyectos, en definitiva, esta dirigencia, sin controles internos, hacía los desastres que quería si es que esos desastres los beneficiaban o beneficiaban a sus amigos.



Hoy veo sus preocupaciones, veo que estos tres prestigiosos intendentes que aparecen como cabezas convocantes de este nuevo movimiento interno, los mismos que hasta hace muy poco eran considerados por esos dirigentes a quienes que estamos cuestionando, hoy aparecen siendo víctimas de enormes descalificaciones de todo tipo.



Hoy se preocupan por sus orígenes y con quienes hablan. Ayer, en el triunfo, eran absolutamente radicales, hoy, en el cuestionamiento, son poco más que deleznables para esos dirigentes que no se fijan en medios para conservar su poder. Parece que para esos viles dirigentes, Ayala, Cipollini y Azula, de golpe, de un dia para otro, casualmente cuando comenzaron a expresar sus preocupaciones, antes eran dioses y ahora se volvieron demonios.



Que no se preocupen los afiliados ni los dirigentes, no presten atención a esas sucias formas que suele adquirir la política. Justamente estamos aquí para corregirlas, estamos aquí para cuidar que no se produzcan nuevas desviaciones, estamos aquí para rearmar un partido radical moderno, con equipos y personas capaces, que piensen en la gente y no en sus propias necesidades.



Jamás estaría aquí si pensara por un segundo que éste mi partido radical que amé, y por el que luché toda mi vida, aún en las peores circunstancias, podría apartarse de sus principios y de su ideología democrática y republicana.



Estoy aquí porque considero que el radicalismo debe ser un partido amplio, inclusivo, en permanente revisión, un partido con controles internos y externos donde no haya abusos ni excesos. Un partido donde se corrijan todas las cosas que haya que corregir.



Estoy aquí porque considero que la UCR debe volver a ser ese partido generador de los grandes cambios que la sociedad necesita. Estoy también aquí, porque al margen de estas cuestiones internas, las que deben ocupar una muy pequeña parte de nuestro tiempo, debemos habar de los grandes problemas que nos aquejan a los chaqueños y a los argentinos. La solución de esos problemas deben ser la mayor preocupación de este nuevo movimiento interno que, afortunadamente, vino a sacudir a este partido que se había dormido en sus laureles.



Y estaré en San Bernardo expresando mi apoyo, mis preocupaciones, mis inquietudes. Hace demasiado tiempo que no pisaba una reunión de radicales, no me gustaba ir de oyente, ni me gusta aplaudir aquellas cosas que no me gustan o en las que no creo.



Allí estaré ratificando mis ideas de un radicalismo, que debe ser bandera y lucha en el campo de lo nacional y popular.



Allí estaré, para impulsar este nuevo movimiento que no es contra nadie en particular y es en cambio a favor e la UCR y de la democracia.



Allí estaré para impulsar la unidad de todos los radicales, y no el unicato. Hago un llamado y un muy humilde pedido a todos los dirigentes y simpatizantes que nos acompañen. Los necesitamos a todos. A mis amigos de Convergencia y a quienes, como yo, jamás fuimos de Convergencia, pero siempre fuimos y seguiremos siendo radicales. No dejemos que nuestros reclamos queden convertidos sólo en una queja lastimera, hagámolos posibles. Sólo podremos hacerlo con nuestros compromisos.



Es mentira que las internas dividen, las internas engrandecen a los partidos y, cuando finalizan, no deben quedar heridos ni diferencias entre vencedores y vencidos, todos debemos encolumnarnos y apoyar a los candidatos y dirigentes que surjan. Yo mismo he expresado públicamente mi apoyo a fórmulas que no elegí, Nikisch-Polini fué la última de ellas. Los que ahora hablan de posibles divisiones, son los mismos que no quieren perder sus privilegios y hoy buscan cualquier escusa para justificar sus permanencias.



No se trata de echar a nadie por la ventana, se trata precisamente de lo contrario, se trata de abrir las puertas de un radicalismo que las tenía cerradas con candados y las abría nada más que para su grupo de amigos. La verdadera unidad se da en medio de la diversidad de ideas, con el espíritu constructivo de conseguirla. No basta con declamar una unidad cuando nunca les importó.



Allí estaré porque considero que esta es la oportunidad de reconstruir los vínculos con una sociedad que hoy descree de nosotros y de toda la clase política. Una sociedad cansada de mentiras y con muchas necesidades insatisfechas.



Nuestro único adversario es el oficialismo gobernante. Nuestros únicos enemigos son el hambre, la miseria, la corrupción, la inseguridad, la inflación, las injusticias y las inequidades. Para dar solución a esas necesidades debe estar la política.



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