Martes, 6 Marzo, 2012 - 18:17

Correo de nuestros lectores
Que se espera de nosotras hoy: con mirada de mujer

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En un mundo de muerte y de violencia, de intemperancia y de impiedad, nos toca a las mujeres, rescatar la sensibilidad de la condición humana, el valor de lo afectivo y de la vulnerabilidad, cumpliendo y haciendo cumplir el Mandamiento nuevo del Amor, es ésta nuestra misión, construir un mundo de más Amor.

Frente al desafío, en un mundo que tantas veces se olvida de Dios, el misterio que hoy nos toca anunciar es tomar conciencia que además de carne somos energía, espíritu, fuerza, viento, luz, somos, hombres y mujeres, Ruaj de Dios, que está vivo y que late en cada uno de nosotros.



En esta misión, a la manera de un nuevo éxodo, hagamos un poco de silencio, y así, desde el silencio profundo de nuestro desierto interno, aprendamos a contemplar...y contemplando...templemos nuestros espíritus y seamos canales de templación de otros espíritus. No permitamos que nos aturda ni confunda, inquiete ni apabulle, la cultura que nos venden.



Hagámoslo, a partir de nuestra condición femenina, recordando que fuimos creadas para ser templos de vida, sintiéndonos y reconociéndonos, mujeres, diferentes a los hombres pero con igual valor, iguales a partir de las diferencias, que lejos de alejarnos nos acerquen y nos igualen, haciéndonos Uno, como en el Génesis.



Nuestra sociedad necesita más mirada de mujer, que porte e irradie más poder de vida, rescatando el valor de lo afectivo y de lo vulnerable, que se oponga a tantos abusadores de poder y a la ceguera de tantos faraones portadores de poder de muerte y de tumbas, cambiando el decurso histórico y preparando el nacimiento de un orden social nuevo, más humano y por ende más sensible.



Seamos idóneas para demostrar, que el más grande es el que da el primer paso, instalando una cultura del perdón, de la misericordia, latiendo al unísono con el otro, con el prójimo, con el próximo. Y tengamos la convicción de que podemos hacerlo, porque de eso sabemos, al haber sido preparadas biológica y culturalmente, a través de generaciones de sojuzgamiento que lejos de debilitarnos nos han fortalecido en vulnerabilidad.



Ceñidas del cinturón de la Verdad y protegidas por la coraza de la Justicia, como necesarias armaduras caminemos en búsqueda de la Paz individual y colectiva, llevando en nuestras manos, la antorcha de la esperanza que alumbre y de lumbre a un mundo carenciado de amor, reconociéndonos parte de una generación enferma de injusticias, fariseísmos e inequidades.



Abramos las cárceles que nos encierran en la "seguridad" de los bienes y de un bienestar incierto, cada vez más incierto, instalemos un ayuno de soberbias, egoísmos y falsedades y liberemos de cadenas injustas a los oprimidos, compartiendo solidariamente el pan de cada día y el pan de la palabra, de la caricia, de la mirada que sacie al que vive en la penuria.



Cambiemos nuestra historia, que cuando digamos "sí" sea "sí" y cuando digamos "no" sea "no", instaurando una cultura de coherencia entre el sentir, el pensar, el decir y el hacer. Anunciando la vida y denunciando la muerte y la violencia, arquetipos hoy de lo humano?



Embriaguémonos, del espíritu del amor, seamos eternamente jóvenes, hermosas como solo nosotras podemos serlo, arriesguémoslo todo, emprendamos el desafío, y no nos desanimemos si algunos de nuestros varones no se animan y neciamente lo toman como "delirio de mujeres",otros varones sí sabrán hacerlo.



Entonces se hará la luz en las tinieblas, y las llagas no tardarán en cicatrizar;



Delante de nosotros, avanzará la Justicia y detrás nuestro la gloria del Señor, que cuando le pidamos auxilio responderá: “¡Aquí estoy!” y podremos todos oirlo.



La sociedad, se encamina providencialmente, a veces con pasos lentos otras con pasos rápidos, pero siempre seguros, a no dudarlo, hacia este nuevo orden, necesitamos mujeres concretas que dejen huellas, en un mundo que se caracteriza sociológicamente por una ausencia de liderazgos.



Necesitamos mujeres que alimenten, que amparen, que provoquen el encuentro, el diálogo y que también decidan, reformulando la autoridad democrática a través del ejercicio de un poder circular y no desde el tradicional mando vertical, y contribuyendo a la instalación de una paz verdadera y por ello perdurable, no ficticia ni transitoria, que humanice la vida.



Transgresoras y desestabilizadoras de una cultura de angustias de muerte, de pactos fraudulentos que sellan redes de corrupción para que nada cambie, no tengamos miedo y no nos desalentemos, avancemos con pasos firmes, erguidas y bellas por dentro y por fuera, simplemente mujeres, para qué más...





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