Domingo, 4 Marzo, 2012 - 11:30

Los mensajes presidenciales que retratan un país irreal

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Cargada de cifras que acercan a la Argentina a una potencia mundial, Cristina desnudó los problemas del relato oficial. Mientras la Ciudad colapsaba en un gran embotellamiento y Mabel Remón, “la muda”, se convertía en un personaje nacional (la traductora al lenguaje de sordos fue trend topic mundial en Twitter), Cristina hacía evidente, otra vez, su preocupación por “la agenda”.

En su discurso de más de tres horas, el tema del manejo de la agenda y una catarata de cifras económicas alcanzaron para dejar en evidencia las actuales preocupaciones del Gobierno: el ajuste y la tragedia de Once.



La escena, para colmo, sucedía un 1º de marzo, el Día del Transporte (en que se recuerda el fallecimiento de Jorge Newbery) y la fecha, a la vez, en la que Perón dio a conocer el decreto de nacionalización del sistema ferroviario. El silencio presidencial posterior a las 51 muertes –aumentado por la presencia del presidente de Paraguay, que viajó a consolar a sus víctimas connacionales– se convirtió en un ruido sordo que Cristina trató, tarde, de conjurar. Habló del tema en un bizarro acto del Día de la Bandera en Rosario, citó a víctimas por sus nombres de pila, se dejó ver un día más tarde con una enfermera que tomó aquel tren y militaba en el Frente Transversal y volvió a emocionarse con la tragedia ante los legisladores.



La estrategia del kirchnerismo de darse a la fuga frente a las malas noticias dejó de darle buenos resultados: sucedió en Cromañón y en Flores, pero no resistió la masacre del Sarmiento. La otra mala noticia de la semana también decidió evitarse: Schiavi, que debió ser internado, no dio a conocer en la fecha prevista el aumento del “boleto sorpresa”.



Aunque fueron pronunciados por la misma persona, el discurso de Rosario y el del Congreso fueron sustancialmente distintos. En el primero, Cristina hablaba como si acabara del llegar al país: subsidios, trenes, petróleo... todo parecía responsabilidad de un gobierno equivocado y anterior. El jueves reivindicó todo lo actuado y se tomó más de dos horas de un discurso de tres en dar números y precisiones. Es increíble lo bien que nos va: según el discurso presidencial, somos, después de China e India, el país que más crece, más exporta y el séptimo del mundo en informática.



En otro párrafo recordó a aquellas modelos que, frente a las cámaras, dicen que su peor defecto es la sinceridad: Cristina sostuvo que “hubiese sido fácil (para El) decir ‘no tengo nada que ver con el corralito’, pero se hizo cargo y en 2006 y 2007 pagó 3 mil millones de dólares por ese famoso y bendito corralito”.



La Presidenta encontró un modo mágico de presentar la crisis ferroviaria. Afirmó que si el Estado no hubiera gastado más de $ 12 mil millones en salvar a los bancos, podría haber invertido más en trenes. Olvidó mencionar otros gastos que también servirían para salvar vidas: los mil millones al año de Fútbol para Todos, los cientos de millones en publicidad oficial, los del recién inaugurado Automovilismo for Everyone. Citando un artículo de El Cronista, resurgió el tema del tren bala: “Ahora piden empresas extranjeras. Cuando yo propuse a los franceses para hacer el tren bala, me mataron”, se quejó.



Las tres horas de discurso tuvieron crescendo dramático. Como en Rosario, Cristina volvió a mencionar a El en diversas oportunidades. Frente a la Bandera, lo hizo a modo personal en una especie de contrapunto con el dolor ajeno, lo que cosechó diversas críticas en radios y redes sociales. ¿Hay un dolorómetro? ¿Importa saber quién sufre más o se debe consolar y asistir a los que sufren? “Yo la acompañé cuando murió Néstor, ¿por qué ahora ella no me acompaña a mí?”, dijo una de las víctimas de la tragedia de Once en una emisora de la Capital.



Los comentarios de De Vido sobre rumores que implicaban al maquinista, los de Barone afirmando que murió tanta gente porque ahora se viaja más al haber menos desocupación y los de Nilda Garré sosteniendo que Lucas viajaba en un lugar prohibido del convoy sólo sirvieron para empeorar el estado de ánimo general. Algo similar sucedió en el gremio de los maestros cuando la Presidenta se refirió a su situación, mientras más de siete provincias siguen sin empezar las clases.



Cristina recurrió a los argumentos de siempre: trabajan cuatro horas, tienen varios cargos, hemos invertido en educación más que ningún otro gobierno.



“Llevamos 1.320 escuelas construidas”, afirmó. La cifra merece un aparte, ya que es parcialmente cierta. Se trata de 1.320 escuelas, muchas de ellas mejoradas pero no construidas desde cero (entiéndase por mejoradas: ampliación, pintura, reparación del techo, etc.). Con un crecimiento vegetativo de 200 mil chicos por año en todo el país –de los cuales unos 140 mil se educan en el sector público– y tomando como promedio unos 400 alumnos por escuela, el Estado argentino debería construir unas 500 escuelas por año para abastecer el crecimiento poblacional. En nueve años, el kirchnerismo hizo poco más de mil. El presupuesto de Educación para construcción de escuelas es de unos 350 millones al año, una tercera parte del Fútbol para Everyone.



Cuando ya habían pasado más de tres horas, la barra de La Cámpora seguía aplaudiendo en los palcos superiores y la mayoría del público televisivo se dispersaba mirando cómo había quedado la cicatriz presidencial o twitteando chistes sobre “la muda”, Cristina anunció que Aerolíneas realizará tres vuelos diarios a Malvinas. Acercarse a las islas en lugar de alejarse de ellas había sido parte central de la propuesta de un grupo de intelectuales del que formo parte y al que el Gobierno había hostigado llamándolos “cipayos”. Todos, claro, aplaudieron otra vez y hubo una lluvia de papelitos.
Fuente: 
Perfil.