Sábado, 25 Febrero, 2012 - 13:28

Malvinas
Pueblos y poblados con derecho a veto

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Malvinas y Gibraltar, ocupadas por la fuerza, retenidas con las armas inglesas, protegidas por los patovicas de Su Majestad, reclaman su derecho a la autodeterminación. Kelpers y gibraltareños, zorros viejos coloniales, piden sentarse a la mesa de negociación mientras tramitan la ciudadanía británica.

Pero no es como decir: “Pagué diez años los impuestos de esta casa, ahora es mía”.



UN POCO DE HISTORIA

La profusa, precaria y a veces delirante historia del descubrimiento de las Malvinas reconoce que fueron avistadas “por primera vez”, entre el siglo XVI y el XVII, por españoles, portugueses, holandeses, franceses e ingleses. Posiblemente antes hayan pasado por ahí los yámanas de Tierra del Fuego, y antes el zorro de las Malvinas, un pariente cercano de nuestro querido y casi extinto Aguará Guazú que llegó caminando por el puente de hielo formado durante las últimas grandes glaciaciones y se aquerenció.



Para nosotros es simple: en 1520 un piloto sublevado de la expedición de Fernando de Magallanes, Estéban Gómez, las avistó mientras pegaba la vuelta rumbo a España. Y en 1833 los británicos expulsaron a los pobladores argentinos y las ocuparon por la fuerza hasta el día de la fecha.



¿Por qué importa que esos páramos rocosos hayan agitado los sueños febriles de piratas, aventureros y cazafortunas? ¿Por qué importa que un general borracho, en un vaho de escocés on the rocks, haya ordenado una incursión estúpida? Porque así se comprende el valor histórico y simbólico de las Malvinas.



SOBERANÍA

Después de leer a Jean Bodin, a Tomas Hobbes, a Rousseau y a Sieyès, Gerog Jellinek llegó a la conclusión de que “la soberanía es un concepto polémico”. Lo será como concepto pero no lo es como sentimiento de pertenencia. Que pregunten en Famatina, en la Patagonia, que les pregunten a los moqoit y a los qom y a los wichí, y a los gringos que dejaron su vida carpiendo la tierra y abriendo picadas.



La soberanía se refiere a cómo, con sus contradicciones, se constituye la identidad de un Pueblo. Es una manera de fijar límites concretos para materializar el mito de origen de una comunidad. Así que las Malvinas no sólo son argentinas porque están cerca sino por la sangre que se derramó sobre ellas.



AUTODETERMINACIÓN

Gran Bretaña, tanto en Malvinas como en Gibraltar (último bastión colonial de Europa, ocupado desde 1713), sostiene que deben ser los pobladores los que decidan si quieren más a papá o a mamá.



El concepto de libre determinación fue trabajosamente incluido por los soviéticos en Naciones Unidas. Como los ingleses, franceses y belgas tenían unas cuantas colonias por ahí y no estaban seguros de que sus habitantes fuesen a optar por el protectorado rubio de ojos azules, se opusieron fervientemente a la iniciativa rusa, pero después hicieron algunos sondeos, pusieron unas libras y cambiaron de opinión. Así son ellos: astutos en su política exterior.



La anécdota del general John Whitelocke (el comandante derrotado en las invasiones inglesas a Buenos Aires) es elocuente, como recuerda Salvador Ferla: “En una oportunidad quiso evitar una batalla ofreciéndole 5000 libras al general enemigo. El enemigo, un francés, le contestó desafiándolo a duelo y le aclaró que si no había ahorcado al emisario era porque comprobó que ignoraba el contenido de la carta”.



El autor de estas líneas se abstendrá de volver a hablar del tratado Roca-Runciman, tan infame como la década en la que se suscribió, y de interpretar la siguiente anécdota también perteneciente al sainete de las invasiones inglesas. Sólo dirá que es un buen ejemplo del amor al terruño.



Después de ser derrotado y expulsado por los criollos, Whitelocke escribe a Inglaterra: “No hay un solo ejemplo en la historia que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos sus habitantes, libres o esclavos, combatieron con una pertinacia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado e implacable. América del Sur no será nunca conquistada por Inglaterra porque sus habitantes nos profesan un rencor increíble”.



Una lástima que algunos piensen lo contrario. Debe ser la mala memoria.



(*) De la Redacción de Diario Chaco.