Miércoles, 22 Febrero, 2012 - 09:12

Opinión de nuestros lectores
¡Que no se rompa ni se doble!

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Quienes hace bastante tiempo venimos bregando por la necesidad de cambios en nuestra UCR, vemos, con mucha complacencia, como se han iniciado imparables y vigorosamente.

Muchos de nosotros nos hemos sentido totalmente excluidos de un partido al que amamos y al que hemos dedicado gran parte de nuestras vidas.



Tal vez, el mirarlo desde un lugar distinto al de las cúpulas, nos permitió apartarnos de los microclimas que reinaron hasta ahora y ver mucho más de cerca los reclamos, las angustias, las necesidades, las expectativas de tantas personas que, como uno, veían como el radicalismo se iba encerrando en una burbuja, cada vez mas pequeña, que la alejaba de la gente, impedía el debate de ideas, renegaba de sus principios.



Pese a la soledad con que reclamábamos esos cambios, pese a que muchas veces consideramos necesario hacerlo con dureza para ser escuchados, jamás nos sentimos más radicales que nadie, tampoco menos. Lo hacíamos con la íntima convicción de que eran cambios indispensables.



La UCR se había convertido en una especie de club, con una comisión directiva de muy pocos miembros, donde no se admitían disensos ni debates. Se hablaba de consensos, pero todo se resolvía entre cuatro paredes.



Y fue ese estilo de conducción, prolongado en el tiempo, el que le fue quitando protagonismo a nuestro partido. Excesos de confianza y autoritarismo, se convirtieron en una mezcla explosiva que fue dinamitando las relaciones del radicalismo con la sociedad. Todos sabíamos lo que estaba pasando. Cualquiera que hablase con personas que no perteneciesen al círculo pequeño de las decisiones, escuchaba los improperios que, inicialmente como un susurro, pero cada vez con más fuerza, expresaban nuestros interlocutores. Todos vimos como nuestros comités se iban vaciando. Todos vimos como esa forma soberbia y autoritaria de conducción, era incapaz de dar respuestas a los reclamos de la gente; como se iba burocratizando cada vez más; como se digitaban puestos y componendas, resignando cada vez más los principios.



No éramos sólo quienes nunca fuimos parte de Convergencia quienes veíamos esa necesidad de cambios. Muchos dirigentes, afiliados y simpatizantes, pertenecientes a Convergencia, nos decían, en secreto, las enormes dificultades que debían enfrentar, y confiaban en los cambios que les prometían pero que nunca llegaban. Nos contaban de su preocupación por la disgregación permanente de afiliados y simpatizantes. Siempre había escusas para que nada cambie, siempre había cosas mas importantes que el debate. Hicieron lo posible por mantener lealtades personales que no eran correspondidas, por el contrario, muchas veces eran maltratados.Fueron tiempos donde era bastante habitual que ellos mismos alienten nuestros reclamos. Así nuestro radicalismo se fue vaciando de gente, de principios, de ideología.



Ahora aparece la posibilidad de discutir todo lo que no se discutió en este tiempo. Un tiempo oscuro para el radicalismo. Y es precisamente esa discusión lo que se necesitaba. No es una discusión contra nadie, es una discusión en favor del radicalismo. Es la discusión por la libertad y la democracia que pregonamos. Es la discusión por las ideas. Tenemos que redefinir un radicalismo anquilosado, para que sea de vanguardia, ágil, moderno, inclusivo, preocupado por encontrar los mejores equipos técnicos, los mejores hombres y mujeres, los mas capaces, las mejores respuestas para una sociedad que las reclama.



Este nuevo movimiento interno, al que vemos cada día como se le van sumando adherentes, es el que va a posibilitar esa discusión interna que nos debemos. Una discusión que, repito, no debe ser contra nadie, todos deben tener su lugar para aportar al debate de las ideas.



Este nuevo movimiento no surge contra Convergencia Social. Convergencia Social ocupa un espacio muy importante en nuestra provincia. Este nuevo movimiento interno, que ni nombre tiene todavía, deberá encontrar, en el debate apasionado, todos los denominadores comunes que nos permitan marchar, todos juntos, hacia la recuperación de un radicalismo ético, democrático, con vocación de volver a gobernar y dar soluciones a los problemas de la sociedad.



Este nuevo movimiento no viene a romper nada, por el contrario, viene a unir y a reconquistar a una sociedad que se fue alejando por diversos motivos que sin duda deberemos considerar.



Ojalá cada uno de los radicales, pertenezca al sector que sea, no olvide que antes que de un movimiento, somos todos radicales. Si actuamos ética y responsablemente, sin mezquindades, en función de los principios fundacionales de la UCR, con una generosa vocación de unidad, este debate que se inicia nos dará la fortaleza que necesitamos.



(*) [email protected]