Lunes, 20 Febrero, 2012 - 09:11

Correo de nuestros lectores
No escapa a los ojos de Dios

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Luego de leer la nota de Ricardo Bustos, “”Hasta Dios entendió mi enojo”, me asaltó una mezcla de sentimientos. Cómo no entender la impotencia que expresa este señor en su nota. Cuesta entender que quienes acceden a una banca, quieran hacerlo por ambición y no por convicción.

Golpea ver con la libertad en algunos casos como se manejan los dineros públicos, haciéndose sentir en la calidad de vida que impacta en la salud, educación y economía. Más allá de las estadísticas, el bienestar se refleja en la gente, y los números tras un nombre y apellido, nunca mienten.



Duele leer las noticias que tienen que ver con la seguridad y con el tratamiento de los derechos del hombre libre y los excesos con quienes cumplen una condena, sin encontrar un equilibrio, mientras el énfasis puede ponerse en negocios o inversiones que muchas veces no tienen como destino el bienestar general, sino la generación de más negocios.



Molesta sentir que se quiere confundir con dos términos “prevención” y “rehabilitación.”, cuando la sociedad está acosada por el delito y la drogadicción

No negaremos que existen planes y programas, voluntades y buenas intenciones, y quienes están al servicio con profesionalismo, pero todavía falta plantearse “porque no es suficiente” Es parte de un trabajo inconcluso. Quienes están inmersos en ellos, defiéndalos, ustedes no son políticos, son el nexo con las autoridades. No permitan que sus tareas se debiliten desviando la atención. y abandonando lo que fueran buenos y reales propósitos.



Siempre habrá tareas pendientes, siempre habrán emergencias, pero los ministerios son brazos extendidos de proyectos políticos dinámicos y permanentemente en alerta. La burocracia es su peor enemigo.



Se habla de que la política “es sucia”, no señores, son las personas quienes abusan de la credibilidad ciudadana.



Y quienes desde su banca defienden con uñas y dientes su doctrina, su metas, sus ideas, llegando más de una vez a enfrentarse a enemigos entre sus propios pares, la mayoría de caminan en soledad, pero tienen nombre y apellido. Y usted los conoce. A ellos la tentación no los alcanza, no son ingenuos: son honestos, fieles a lo que creen será mejor para la gente.



La política es necesaria y quienes la integran también. Son nuestros mediadores, o tendría que serlo. Tendrían que haber instrumentos válidos, que no son únicamente los paros y las manifestaciones públicas, o cortes de ruta, sino la letra escrita, eso, la “defensa” que demuestre y fortalezca el poder ciudadano, con fuerza de ley.



El pueblo tiene poder al elegir. Pero no permitan la esclavitud de la dádiva, en la espera de falsas promesas. Exijan capacitación, fuentes de trabajo. Oportunidades y mesas de diálogo. Que los discursos se materialicen en acciones. Eso dignifica al hombre.



En la administración de un país no existe la magia o el toque de suerte, existe el buen criterio para conducir una realidad en permanente cambio. Para eso es necesario sean capaces , tener una mirada fina y buenos asesores.



Quizás conozca estas palabras: cuando aumenta los bienes, también aumenta quienes la consumen…..dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco, pero al rico no le deja dormir la abundancia.



Es para pensarlo, ¿no? En el afán de querer “acumular”, les crea la ansiedad que hacer con èl y como no perderlo, hasta esconderlo. Lo que comúnmente le llaman evasión. Se desata pasiones. Ocurre cuando el dinero es fruto de la oportunidad , que consideran puede ser fugaz.



La historia se escribe entre todos. Nosotros permitimos que vuelvan o permanezcan.

Cuando sentimos la impotencia, invocamos a Dios. Pues, Dios acudirá al auxilio de un pueblo, pero si el pueblo se lo pide. Si ud cree, hágalo, yo sumaré mi plegaria por una Argentina justa y próspera.



(*) [email protected]