Domingo, 19 Febrero, 2012 - 10:07

Kiwi

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Hace varios años que muchas personas interesadas en política venimos discutiendo qué es exactamente este gobierno. Quizá sea una discusión vana: como si los gobiernos tuvieran esencias.

Envidio a aquellos que creen que, más allá de los datos de la realidad, este gobierno es, en esencia, buenísimo o pésimo, porque de ellos probablemente será el reino de los cielos. Me apabullan y avergüenzan sus certidumbres, las de aquellos que los odian o los aman, con la misma fe, el mismo brillo en los ojos y desconfían de cualquier duda. O sea: no sé lo que es este gobierno. Depende el momento, depende el área, depende la medida, a veces me parece bueno, a veces malo, y muchas intrascendente. Nunca el mejor ni el peor de la historia.



Un gobierno, bah.



Pero lo que me parece claro es que, en los últimos días, ocurrieron varios episodios que, al menos, ponen en duda que el Gobierno sea lo que el Gobierno dice que es, y todos alrededor del conflicto por la aplicación de minería a cielo abierto.



El primer punto que se pone en cuestión es que este gobierno no reprime la protesta social. Tanto es así, que en esta misma semana la CGT y diputados oficialistas como Martín Sabbatella y Jorge Rivas manifestaron su inquietud al respecto luego del segundo brote represivo el pasado viernes. En los últimos dos meses se ha vuelto una costumbre semanal que la policía lastime a manifestantes. Ocurrió en Santa Cruz, durante una manifestación contra el ajuste anunciado por Daniel Peralta, dos veces en Catamarca, una en Famatina, otra en Chubut contra los camioneros y, la última, en la Capital Federal. En Catamarca hubo además allanamientos y cortes de ruta realizados por empleados de seguridad de empresas mineras y policías para impedir el paso de periodistas y ambientalistas. El día previo a la represión más violenta en Catamarca, la Presidenta participó de una puesta en escena en donde un supuesto trabajador criticaba a los ambientalistas. Dejó correr la defensa de la minería a cielo abierto y no hizo una sola mención a la represión que había ocurrido el día anterior. Basta leer los documentos del Centro de Estudios Legales y Sociales para tener el detalle de todas las muertes por represión que se produjeron en los últimos tres años –más de quince– por parte de policías que desde hace años, a nivel nacional o provincial, maneja el Frente para la Victoria. Lo que ocurre en las últimas semanas es que a ellos se les agregó la aprobación de una inverosímil ley antiterrorista. Cambien por un momento los nombres y piensen cómo reaccionarían si esta seguidilla hubiera sido producida por un gobierno encabezado por Mauricio Macri y sus fuerzas provinciales aliadas.



El segundo punto en que el Gobierno entra en conflicto consigo mismo es en el que sostiene que enfrenta a las corporaciones. Se podrá pensar lo que uno quiere de la minería a cielo abierto y lo cierto es que se trata de un debate que se está produciendo de manera muy dura a nivel internacional. Hay personas que pertenecieron al Gobierno, como Romina Piccolotti, la ex secretaria de Medio Ambiente, que han militado en contra, convencidos de que es un daño irreparable a la naturaleza. Otros, como la Presidenta y tantos gobernadores, creen que no. Lo que está clarísimo es que existe una poderosísima corporación minera internacional, con empresas que llevan nombres de película, y que el Gobierno está completamente alineada con ella, o al revés, lo que viene a ser la misma cosa. No sólo hay fuerzas policiales que reprimen a ciudadanos, no sólo se les ofrecen tribunas oficiales a las personas que manejan esas fuerzas, sino también se han vetado leyes aprobadas por unanimidad a pedido de las mineras. Son empresas extranjeras, muy poderosas, de naturaleza extractiva y hay múltiples denuncias contra ellas. El Gobierno las desmerece y se alinea con esas empresas. Otra vez: si eso lo hiciera Macri, mucha gente reaccionaría. Lo menos que harían sería compararlo con Mr. Burns. ¿Qué deben hacer los que creen que este gobierno es bueno, siempre, no importa lo que haga? El desarrollo de la minería en la Cordillera arranca en la década del noventa gracias a leyes que les dejan a las provincias apenas el 3 por ciento de regalías y que no fueron modificadas.



El tercer punto delicado es el manejo de los medios. El viernes a la mañana, cuando TN transmitía la represión en Catamarca, la televisión pública difundía una receta sobre cómo cocinar kiwi. Durante todos estos días, muchos periodistas nos informamos por el trabajo de las radios comunitarias de la zona, que tienen débiles antenas, mucha creatividad para aparecer en distintos lugares de Internet y nada de ayuda oficial. Esas radios fueron interferidas varias veces. Los medios oficiales y grandes de las provincias difundían la versión de los gobiernos y las mineras. Otra vez: se puede opinar lo que uno quiera sobre cortes de ruta y represión, pero es inexplicable que muchos medios al mismo tiempo hayan decidido que el tema ni siquiera había que mostrarlo. Dicho de otra manera, si no hubieran estado esas cámaras allí, nadie se habría enterado de la represión, como ocurrió tantas otras veces. Entonces, si quienes manejan los medios oficiales, activos dirigentes de todo el movimiento forjado para que haya más voces en la Argentina, silencian lo que ocurre: ¿cuán creíble pasa a ser el discurso oficial en el área? Y no es la primera vez que ocurre. Los ambientalistas están prohibidos en los canales oficiales, como antes lo estuvo el líder Qom Félix Sosa, o ahora la familia Moyano. Desde la tele pública se justificó la absurda detención de Rubén Sobrero, se difundió que Eduardo Duhalde era el asesino de Mariano Ferreyra y se ignoraron los vínculos entre el gobierno nacional y el Ingenio Ledesma cuando la policía jujeña reprimió y mató para defender unos terrenos de este último. Y son sólo algunos episodios de una seguidilla que ya es interminable.



¿Entonces?



¿Todas las voces, algunas o sólo la propia?



Sé que son debates complejos. Y que en otras áreas el Gobierno tiene con qué defender su discurso.



Y siempre termino enredado en lo mismo: que son cosas complejas, que envidio a los que la tienen clara, a los que no dudan, a los que se paran siempre de un lado.



También me pasa que envidio a los que creen en Dios.



Y a los que saben cocinar.



Kiwi, entre otras cosas.



Porque de ellos será el reino de los cielos.
Fuente: 
InfoNews.