Martes, 14 Febrero, 2012 - 17:00

Crudo y tarde, pero ¡"Q´rico"!

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En Chaco parece que el manoseo es prerrogativa de las instituciones, pero en la actividad privada, en el comercio, lidiamos con pequeñas miserias, con diminutos atropellos diarios. El problema es que por indolencia o por vergüenza no decimos nada. ¿Tanto lío por unas empanadas de “Q’rico”? Sí, tanto lío.





La anécdota es sencilla y la habrán sufrido muchos lectores. Vamos al detalle:




-Buen día, ¿tienen empanadas picantes? ¿Y caprese? (La pregunta es pertinente porque ya nos mandaron árabes en lugar de picantes, y de jamón y queso en lugar de caprese, en un mismo insólito envío).

-Pére que pregunto… (transcurre un minuto contado por reloj) Sí, hay.

-¿Pueden ser seis picantes y tres caprese?

-Ya le mando.



Exactamente una hora después:



-Buenas tardes: hace un poco más de una hora le pedí unas empanadas…

-Sí.

-¿Tiene idea de por qué no las mandaron?

-Pére que pregunto… (pasa un minuto completo; es inexplicable porque el negocio es chiquito) No, no las mandaron.

-¿Y las van a mandar?

-Sí, en cinco minutos.

-¿Cinco minutos?

-Cinco.

-Ok.



Exactamente cuarenta minutos después suena el timbre. Es el motomandado. Murmuramos nuestro descontento; el muchacho, medio insolado, se encoge de hombros y sonríe como diciendo “A mí me tienen todo el rato yendo y viniendo con este calor”.



Como tenemos más hambre que ganas de jorobar, abrimos el preciado envío. Dado que diariamente los cocineros de “Q´rico” improvisan con los repulgues, nos vemos obligados a comerlas una por una tratando de adivinar si la siguiente será caprese, picante, de humita o si vendrá con un pedazo de algodón adentro.



La cuarta empanada seguida de caprese nos alerta sobre el error matemático: “Pedí tres caprese, ya voy por la cuarta, quiere decir que hay una menos picante”. A la sexta empanada caprese concluimos que en el mejor de los casos invirtieron el orden de un pedido que ya venía mal parido.



La séptima empanada nos colma la paciencia: es caprese y está completamente cruda. Imagine esto el lector: toma una tapa para empanadas, le pone el relleno, la dobla, le hace el repulgue y la pone al horno. Treinta segundos después la retira y la mete en una caja. Un rato después hay un cliente tirando a la basura una empanada cruda.



Conclusión: nos sentimos basureados y no queremos gastar una tercera llamada para decirles que los vamos a escrachar. Pero ojo, no hay que quedarse con la bronca. Ya nos pasó con la verdulería que de a poco fue incorporando sánguches y después otras cosas y al final nos mandó una tarta de pollo con una misteriosa mezcla de fideos cabellos de ángel. Dejamos de comprarle porque un día cometimos el error de ir al local y verificamos grosso modo su política de higiene.



También nos pasó con un conocido fast food de la Peatonal: nos sentamos delante de una mesa ubicada en la vereda y mientras esperábamos al mozo comenzamos a sentir un olor acre que subía como una niebla endemoniada desde las alcantarillas (teléfono para la Muni). Tuvimos que irnos.



El problema es que siempre nos vamos. Nos ofendemos y nos vamos. Nos da vergüenza poner en evidencia la irresponsabilidad que tienen para con sus clientes. Bueno, son cosas que tienen que terminar.