Domingo, 12 Febrero, 2012 - 10:32

Correo de nuestros lectores
La guerra de Malvinas no existió

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Mucho se habla en estos días del tema Malvinas. Algunos dicen, con verdadera razón, que cuando en Inglaterra, en Argentina, o en ambos países hay problemas que ocultar, las Islas Malvinas son, por su relevancia y por el fervor patriótico que despiertan, uno de los “remedios” al que los gobiernos recurren.



Sin pecar de un falso inocentismo político, no deseo entrar a analizar en esta nota los motivos actuales de estos encontronazos diplomáticos. No quisiera que se generen, a raíz de este artículo, cualquier tipo de rivalidades partidarias o sectoriales.



Soy consciente también de que a muchas personas no les interesa lo que pasó, pasa, o suceda en el futuro, con nuestras Malvinas.



Como he leído y escuchado una gran cantidad de opiniones divergentes y / o críticas, algunas muy desafortunadas, otras absolutamente desconocedoras de la realidad, que no comparto, decidí escribir una muy breve síntesis, especialmente para quienes ignoran el cuadro de situación.



Antes de referirme estrictamente a Malvinas, necesito aclarar que, sin considerar cualquier tipo de intencionalidades políticas, tal como lo manifestara al inicio, dado el grado de rispidez que fue adquiriendo el conflicto, y dentro de ese marco, me pareció correcta la invitación de la Presidente a los partidos políticos y me pareció muy correcto que concurran quienes lo hicieron. Lamento que algunos no hayan concurrido. A esta altura era indispensable transmitir al mundo la unidad en el frente interno que la causa despierta.



Algunos se preguntarán el motivo del título, allí radica, aunque pueda parecer un juego de palabras, un hecho trascendente para los reclamos argentinos de soberanía. En temas de política internacional, hasta las comas tienen importancia y en las Islas Malvinas nunca hubo una guerra. Según nuestra posición, las Malvinas son Argentinas, lo que hubo fue un fallido intento de recuperación armada de nuestro propio territorio, injustamente ocupado. Nunca se declaró la guerra contra nadie. Haberlo hecho hubiera significado la contradicción de reconocer a Inglaterra la soberanía que nosotros reclamamos como nuestra. Por otra parte, cuando se pierde una guerra por territorios, quien vence adquiere algunos derechos. No fue lo que sucedió en Malvinas en 1982. Reitero, para ganar o perder una guerra primero hay que declararla formalmente. Ni el Reino Unido ni
la República Argentina lo hicieron. Nunca estuvieron en guerra, en el estricto sentido de la palabra. Las batallas militares que perdieron nuestros soldados, por la reconquista de nuestro propio territorio, fueron eso, no una guerra.



La República Argentina ha seguido a lo largo de la historia, gobierne quien gobierne, una muy coherente política de reclamo pacífico de su soberanía. La única excepción a la vía pacífica fue la encarada por la Dictadura Militar en 1982.



Esa política permanente de reclamo de soberanía, logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 2065, durante la gestión del Presidente Illia, reconociera que en las Islas Malvinas existe una cuestión colonial, instando a los dos gobiernos a negociar, Resolución que el Reino Unido no cumple hasta ahora. Ellos dicen que no lo harán mientras los isleños se nieguen, pretendiendo introducir así el principio de “autodeterminación”, lo que contradice la bilateralidad establecida en la mencionada Resolución de las Naciones Unidas. Para las Naciones Unidas y para nuestro país, la población actual de las Islas es británica, tal como puede serlo cualquier habitante de Londres. Por ese motivo sólo aceptamos negociaciones bilaterales, de gobierno a gobierno, sin la participación de los colonizadores habitantes de Malvinas.



Los británicos, mientras tanto, quieren imponer el principio de la “autodeterminación” principo muy válido en naciones soberanas, no en una colonia. Su pretensión es que quienes decidan sean sus propios súdbitos, los colonos ingleses que viven en Malvinas. La autodeterminación de los pueblos es un principio muy atractivo y que nuestro mismo país defiende
para otras situaciones no coloniales. A las colonias inglesas les ha dado muy buenos resultados, también en América, cuando lograron acordarla o imponerla. Un ejemplo de ello es lo ocurrido en Belice a fines del siglo XX. Belice era un colonia británica, cuya soberanía reclamaba Guatemala, con muy justas razones. Impusieron ese criterio de la autodeterminación, votaron sus súdbitos, y hoy Belice es una nación independiente. Una situación de conflicto, bastante semejante al nuestro, mantienen con España por el Peñón de Gibraltar.



Pareciera que nuestro Ministro de Defensa no entendió nada de lo que dijo la Presidente sobre que nuestro País denunciaría al Reino Unido ante la ONU, por la militarización del Atlántico Sur. Si lo hubiera entendido, no podría lanzar la bravuconada, como lo hizo al día siguiente, de siquiera la posibilidad de una respuesta militar. Espero que reciba al menos un tirón de orejas por semejante barrabasada, ante hechos y políticas que evidentemente no conoce y entorpece. Sería mejor que el Ministro Puriccelli, antes de ocuparse de otras áreas, se ocupe de las propias de su cartera ministerial, muy descuidada y con muchas necesidades. Pero éste es otro tema.



La Argentina debe continuar su política de reclamo permanente y pacífico de soberanía. Debe continuar exigiendo el cumplimiento de la mencionada Resolución 2065. Debe hacerlo denunciando ante todos los foros internacionales el incumplimiento de dicha Resolución y el mantenimiento de la situación colonial.



Denunciar la militarización del conflicto es una buena medida, corresponde hacerlo. También lo es cuando se denuncia la explotación ilegal de los recursos pesqueros, hidrocarburíferos, etc en la zona de disputa.



Como opinión personal, creo que habría que agregar, a todos los grupos empresarios, las empresas o sus subsidiarias que decidan trabajar en Malvinas usufructuando la ocupación inglesa, o a sus subsidiarias, la prohibición para que actúen en cualquier lugar de nuestro territorio. No podemos dar legalidad a los mismos que roban y /o lucran con nuestros recursos en las Islas y sus mares adyacentes.



El periodista Jorge Lanata, con quien suelo coincidir en algunas cosas y discrepar en muchas otras, sostiene, y como veremos no es el único, que la política de aislamiento a nivel americano que se propicia, no sirve y que, contrariamente, hay que llevar a cabo una política de acercamiento. Esa política de acercamiento no es nada nuevo, ya fue practicada inútilmente por varios gobiernos, principalmente militares, como los de Onganía y subsiguientes, así también como por el del Dr. Menem y su Canciller Guido Di Tella. No sirvieron para nada. De cualquier manera, se los debe considerar como criterios diferentes sobre las formas de manejar la relación, no afectan a nuestro reclamo de fondo.



Nuestro País tiene derechos suficientes para continuar reclamando el ejercicio pleno de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, así como sobre las demás islas y mares adyacentes del Atlántico Sur. No considero oportuno el extenderme aquí sobre los aspectos históricos, geográficos, políticos y diplomáticos que nos asisten en ese sentido, siendo mi única intención el exponer, en una muy breve síntesis, tal vez excesiva, algunos aspectos que considero importantes sobre los fundamentos de nuestros reclamos.



Por más conflictos internos y enfrentamientos que tengamos los distintos sectores políticos, a ún cuando fuera cierto que la actual escalada de tensiones está provocada por el interés de ambos gobiernos de disimular problemas y ajustes, nada debe hacernos perder de vista que la recuperación pacífica de las Islas es una cuestión de Estado.



Mientras se mantenga la situación colonial, todos debemos estar al servicio de su recuperación. La discusión de esos otros problemas no debe obviarse, deberá marchar por otro camino, totalmente distintos al de Malvinas.



(*) [email protected]