Sábado, 11 Febrero, 2012 - 18:08

Panorama Laboral
Acelerando los motores

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La habitual dinámica del mundo laboral argentino está adquiriendo estos días una particular intensidad, a partir de la superposición de los normales debates entre sindicalistas y empresarios y las disputas políticas en las que están involucrados nada menos que la Presidenta de la Nación y el jefe de la CGT.

En estas jornadas hubo un hecho especial, como la asistencia de Hugo Moyano y otros dirigentes sindicales a la Casa Rosada para escuchar el pronunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner sobre el tema Malvinas.







De todas maneras, quienes se ilusionaron con un armisticio público, vieron frustradas sus intenciones, ya que la jefa de Estado se limitó al punto central de la convocatoria y los invitados fueron una multitud.







Por supuesto, el interés de muchos se centró en Moyano y en sus potenciales rivales a la hora de la sucesión en la CGT, como el metalúrgico Antonio Caló, sentado en un lugar de vanguardia, en sintonía con las intenciones del Gobierno de entronizarlo en la central gremial.







A la salida, Caló no descartó su intención de comandar algún día la CGT, pero fiel al estilo del sindicalismo ortodoxo se remitió a la necesidad de tener el consenso de los cuerpos orgánicos y de que haya unidad gremial, sin dejar de recordar que esos fueron los principios de Lorenzo Miguel, uno de los más hábiles prestidigitadores que tuvo la política argentina.







Si no se conocieran las entretelas de lo que ocurre en el mundo político doméstico, cualquiera podría ver en esa foto que se tomó en Balcarce 50 una armoniosa coalición de intereses en un mundo maravilloso.







Pero lo cierto que esa imagen dista mucho de la realidad. De hecho, tan solo un día antes Moyano se ocupó de agregar tensión, al oponerse a una nueva reelección de la Presidenta cuando dijo que "nunca resultaron exitosos los terceros mandatos". Pero, cosas del destino, en caso de buscar otro período al frente de la CGT, él también iría por un tercer mandato.







Para recordar: en 2004 la CGT consagró un triunvirato integrado por Moyano, José Luis Lingeri y Susana Rueda. Un año después Moyano fue elegido secretario general y Lingeri su adjunto, dando inicio a una nueva crisis interna a partir de que Rueda, afín a los "gordos", quedó relegada.







En 2008 Moyano logró la reelección por un nuevo período de cuatro años, que termina a mitad de 2012, y en paralelo nació la CGT de Luis Barrionuevo. Con lo cual la cuenta es simple: si Moyano quiere seguir -y lo lograra- sería el tercer mandato que justamente él no quiere para Cristina Fernández.



Y en ese marco tampoco hay que olvidar un punto que no es un mero detalle a la hora de este tipo de definiciones: va por su sexto mandato al frente del Sindicato de Camioneros.







Además, y por poner otro ejemplo, Moyano apoyó el año pasado la re-reelección del gobernador de San Juan, José Luis Gioja.







Otro hecho destacable de estas jornadas, aunque ya venía anunciado, fue la reunión del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, con Moyano, donde se abordó una cuestión de la cual ya se tenían noticias. El mandatario provincial formalizó en el cónclave el pedido de que el camionero diera marcha atrás con su decisión de renunciar a sus cargos en las estructuras del justicialismo nacional y provincial. Pero Moyano cumplió con su anticipo y ratificó su salida de los puestos directivos en el partido al que en diciembre pasado calificó como una "cáscara vacía".







Sin embargo, es posible realizar otras lecturas del encuentro. Scioli y Moyano necesitan ponerse espalda con espalda para resistir juntos los embates del kirchnerismo-cristinismo, a cargo del vicegobernador Gabriel Mariotto en el caso del mandatario provincial, y de los gremialistas ahora amigos del Gobierno en el del líder camionero.



Asimismo, Scioli y Moyano precisan darse garantías mutuas, tanto en lo que respecta a los beneficios para los trabajadores representados por el gremialista en el territorio bonaerense como en la paz social que requiere el gobernador para su gestión y para tapizar un posible camino en procura del sillón presidencial, aunque el jefe de la CGT haya expresado su deseo de que algún día haya un obrero en ese sitial.







En tanto, mientras no cesan las pulseadas políticas, avanzan las negociaciones salariales con el trasfondo del debate sobre los topes para los eventuales aumentos y las demás demandas sindicales insatisfechas, como son los casos de la actualización del mínimo no imponible para la aplicación del Impuesto a las Ganancias, el pago de las asignaciones familiares y la cobertura de la deuda de las obras sociales gremiales.







De todas maneras, la mayoría de los gremios anticipó o está llevando a la práctica el reclamo de porcentuales de aumentos mayores a los que pretenden imponer los empresarios y el propio Gobierno. Ya hubo algunos acuerdos iniciales que se situaron justamente por encima de esos índices y rondan el nivel de la inflación real.







Y quienes han avanzado con todo son los gremios docentes, convirtiéndose en referentes para muchas otras organizaciones, toda vez que han requerido aumentos que se sitúan hasta en derredor de un 30 por ciento. La negociación está en pleno desarrollo y es mirada con especial atención, no solo por lo que eventualmente se firme, sino porque, en caso de un fracaso, se prevén acciones de protesta que afectarían el normal comienzo de clases.







Además, en el marco de las renovadas discusiones se sigue colando un elemento que puede ser una piedra o un puente en la discusión, seguramente según la realidad de cada actividad y la habilidad de los negociadores. Se trata del período de vigencia de los acuerdos. Algunos hablan de firmar por un semestre y luego reabrir la discusión.







También el punto de partida de la vigencia está en la mesa. Hay algunos gremios que están evaluando pedir que las mejoras sean retroactivas al primer día de 2012, con lo cual no se descarta que el tema pueda ser inicialmente un problema pero también materia de posibles concesiones entre las partes.







En definitiva, unos más, otros menos, ya todos calentaron motores. Y ahora comienzan a acelerar, aunque hay bastantes obstáculos en esta tradicional carrera anual que, evidentemente, ya no se reduce a la pulseada por el salario.









(*) Periodista DyN