Miércoles, 8 Febrero, 2012 - 21:29

Un comienzo de año a pura política

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A escasos meses de las elecciones generales, en lo que fue un 2011 plenamente electoral, la dirigencia política comenzó tempranamente a reposicionarse en los primeros meses del año, anticipando un debate interno, sobretodo en el oficialismo.

Si bien la irrupción de Hermes Binner con el Frente Amplio Progresista y el arribo de Mario Barletta a la UCR parecieron darle una nueva brisa a la oposición, el antikirchnerismo no sale aún del estado de derrota en el que lo sumergió la holgada reelección de Cristina Fernández.



Una muestra de esa pasividad ocurrió ayer en el acto que la presidenta Cristina Fernández encabezó por la cuestión Malvinas. Concurrió gran parte del arco opositor a la Casa Rosada -UCR, PRO, Peronismo disidente, socialismo- pero se enteraron allí mismo de qué se trataba y ni siquiera recibieron el agradecimiento público de la mandataria. En particular si se tiene en cuenta que la presidenta y su antecesor, Néstor Kirchner, nunca entablaron un diálogo institucional con la oposición.



Pero el acto de ayer reflejó dos situaciones: la primera es que el cerco de información de la Casa Rosada, sumado a la inacción de los anti "k", generó demasiadas expectativas sobre un anuncio, el del Informe Rattenbach, que ya lo había anticipado la propia presidenta el pasado 25 de enero. Y en segundo lugar, que la sola convocatoria presidencial provocó fisuras en el FAP -el GEN de Margarita Stolbizer, por ejemplo, no fue- y en el radicalismo. "Falta de liderazgo", suelen decir los politólogos.



Por eso, no es llamativo que el mayor movimiento político se registre en el peronismo o kirchnerismo, según sus coincidencias o diferencias. Así, comenzó anticipadamente -sin que esta vez los medios se preocuparan por forzar esa situación- la carrera por los espacios de poder que, se supone, quedarán en el 2015 y que irán tomando forma mucho antes.

No fue otro el motivo por el cual Cristina Fernández dio vía libre a Amado Boudou para que blandiera una posible reforma constitucional y la re-reelección. Sin embargo, se trata de un recurso con efecto limitado ya que todos avizoran una jugada política detrás, para no perder poder.



Esto aquieto un poco a los presidenciables peronistas, Daniel Scioli incluído, pero su efecto es como el de un analgésico, limitado. Hugo Moyano lo sabe y muchos gobernadores que pretenden ocupar el sillón presidencial, también.



"En el peronismo las cosas siempre se resolvieron así. Es necesario que haya disputa para legitimizar a quien salga victorioso para que así, todos nos encolumnemos detrás", analizó un veterano dirigente del PJ.



La reflexión no sólo vale para el escenario nacional sino también para el provincial, ya que Scioli dejará el sillón de Dardo Rocha. Detrás de él se autopostulan varios dirigentes kirchneristas y otros no tanto, como algunos intendentes, que podrían tener alguna expectativa por su relación dentro del peronismo provincial. Incluso, en la oposición miran expectantes cómo los interesados comienzan a subir su perfil mediático. Y hasta hay quienes, en el peronismo disidente, esperan ver el juego para lanzarse o bien sumarse a alguno de ellos.



Hoy el perfil oficialista y opositor es encarnado por el propio peronismo, cómo ha ocurrido en otros momentos de la historia reciente. Por caso, en el 2003.
Fuente: 
Agencia DyN