Martes, 7 Febrero, 2012 - 13:12

Correo de nuestros lectores
Conflicto Moyano-Gobierno
Las Razones del Apuro

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En las últimas semanas evidenció la creciente insistencia, de quienes discrepan o pujan con Hugo Moyano, para que éste renuncie lo más pronto posible a la conducción de la CGT y no espere hasta julio.

Desde el gobierno y desde los gremios opositores al líder camionero, el mensaje ha sido el mismo: Moyano ya fue, tiene reemplazante y debería dar un paso al costado.



En este marco, la pregunta obvia -pareciera- versa sobre las razones que podrían explicar el apuro que tiene tanto el gobierno como los sectores gremiales afines a éste, para que tal hecho se produzca: que la Confederación General del Trabajo cambie anticipadamente a la máxima autoridad que la conduce.



Por caso y para proponer sólo algunos ejemplos, en las últimas horas, el líder del sindicato de mecánicos de SMATA, Ricardo Pignanelli, expresó, con cierta ironía,
que de encontrarse él en el lugar de Moyano, pensaría en retirarse de la conducción de la central obrera,
habida cuenta de "los logros" que el camionero obtuvo tras ocho años de conducción.



Hay que recordar que
Pignanelli, al igual que el titular de la UOM, Antonio Caló, es uno de los gremialista considerado como posible sucesor de Moyano al frente de la CGT, con el presunto impulso del Gobierno, que viene operando dentro de la dirigencia gremial (según el propio Moyano) para aislar al camionero y provocar su salida anticipada de la central obrera.



De otro lado, de todas las embestidas contra Moyano por parte de Oscar Lescano, jefe del Sindicato de Luz y Fuerza y referente de "Los Gordos", la última (al menos por estas horas) tiene un significado particular: "Se está quedando cada vez más solo […] Ya no puede contener ni a los gremios chicos porque les roba los afiliados". Dicho de otro modo y en la perspectiva de Lescano, tal pareciera que Moyano ha perdido no sólo la relación informal con el gobierno (aunque todavía conserve la formal), sino que se encuentra en un contexto donde se ha diluido
prácticamente la mayor parte de su representatividad.



Sin embargo y a pesar de estos pocos ejemplos, la pregunta subsiste: ¿Cuáles son las razones de fondo que podrían explicar el apuro que tienen tanto el gobierno como los sectores gremiales afines a éste, para que la CGT cambie anticipadamente a la máxima autoridad que la conduce?



Sobre esto, tal pareciera que de los tres reclamos básicos de Moyano al Gobierno (la negociación en paritarias de acuerdo a la inflación que arroja el carrito del supermercado, el reintegro de los más de 11.000 millones adeudado a las obras sociales y la resolución del mínimo no imponible para los trabajadores), lo que más preocuparía al poder político actual serían los dos primeros.



Es decir: si en los meses que vienen el índice de inflación del Indec hiciera aguas en el marco de las negociaciones concretas en paritarias y –por lo mismo-
se convalidara –en los hechos- otro nivel de inflación, bastante superior, como sostiene Moyano y los informes paralelos de la oposición;
y si al mismo tiempo se agudizara la ya crítica situación de algunas obras sociales que cada vez tienen menos posibilidades de responder a las necesidades de salud de sus
afiliados; si esto sucediera en los próximos meses, entonces el actual líder de la CGT saldría fortalecido de la lucha que hoy mantiene, hacia adentro del mundo gremial
pero también frente al gobierno nacional.



Y esto, en lo concreto, le abriría el camino para una reelección segura al mando de la central obrera, toda vez que el más imparcial de los jueces -la realidad misma- le estaría dando la razón, más allá de cualquier discurso presidencial y más allá de cualquier puja interna por conducir la CGT.



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