Lunes, 6 Febrero, 2012 - 16:54

La emergencia vial

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Quien sufrió un siniestro de tránsito se enfrenta con un acto de violencia que afecta su derecho a la salud, a su integración social y, lo que es peor aún, su derecho a la vida. La violencia en el tránsito es una verdadera enfermedad social.



La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo tercero establece que
“todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Todo
individuo que ha sido afectado por un siniestro de tránsito ve sistemáticamente lesionadas
estas prerrogativas.



Se enfrenta con un acto de violencia que afecta su derecho a la salud, a su
integración social y, lo que es peor aún, su derecho a la vida. La violencia en el tránsito es una
verdadera
enfermedad
social.
“Es
un
problema
de salud
pública donde no se trata de rehabilitar la salud dañada, sino de prevenir para que se pueda gozar plenamente ella”.



Resulta cada vez más evidente que la siniestralidad vial está generando un estado de alteración por las pérdidas humanas, económicas y dolor por lo que queda destruido.
Las consecuencias de los siniestros de tránsito constituyen un verdadero
flagelo nacional, ya que todos los años miles de personas pierden la vida o sufren lesiones,
discapacidades y daños viendo afectado su normal desarrollo en forma particular y el de su
grupo familiar y personas allegadas.



En muchos casos se produce la desaparición del sostén de familia provocando con ello que la misma quede sumida en la pobreza. En este marco de inseguridad de nuestras rutas y calles es insoslayable la necesidad de que el Estado (en cualquiera de sus expresiones: nacional, provincial, municipal) asuma su “liderazgo” en materia de seguridad vial y lo concrete mediante la adopción de una verdadera y activa “política de estado” (no su mera enunciación mediática).



Es importante que cada uno desde su área de responsabilidad (sea esta individual, familiar, social empresaria) asuma compromisos de acción para contribuir a paliar los efectos no deseados del tránsito en la sociedad, principalmente aquellos que afectan la vida y la salud de propios y del prójimo que quizás sea una víctima innecesaria.



Las acciones (sean del estado o de las privadas) no pueden ser resultado
de un simple acto “voluntarista” de hacer por hacer o de hacer porque otros no cumplen con su responsabilidad. La efectividad en mayor o menor grado dependerá de lo “informados” que estemos respecto al problema que enfrentamos. La información da contenido a la acción que queremos desarrollar.



De poco sirve declarar una “emergencia vial”, sancionar nuevas normas, generar expectativa social, (cuando no se han cumplido las vigentes en lo municipal y provincial ); la siniestralidad es la respuesta, tampoco servirá lanzar una campaña de repartir folletos con contenidos extemporáneos, probadamente repetidos de otras experiencias y poco efectivos; tampoco
manifestar o realizar acciones de capacitación
a los agentes de control
sin una previa y seria evaluación de los conocimientos que tengan, sean estos buenos o malos, de los destinatarios.




Cuáles han sido los resultados de las charlas de Educación Vial en las escuelas para nuestros hijos cuando los aguardamos a la salida de la escuela estacionados en doble fila, vamos en moto sin casco, los docentes van en moto sin cascos, padres que llevan hasta tres chicos en su moto.



Poco servirá la “emergencia vial” si funcionarios de todos los niveles, agentes de la administración publica y empresas del estado provincial y sin excluir a las autoridades, funcionarios, y aquellos que ejercen tareas de control vial, ni siquiera usan
cinturones de seguridad
en los vehículos oficiales y si es ùltimo modelo lo estan colocados permanentemente para que no les moleste el ruido indicativo del vehículo a la espalda del conductor, mucho menos en los particulares, cuando la máxima requisitoria
policial en una ruta es “dedondeviene adondeva” o camiones cargados con rollizos a velocidades que no se compadecen con el trànsito agil, de noche, muchos sin luces, mal resguardados, conductores que no usan la luz baja como si el gasto de
la misma viniera en la boleta de fin de mes .



La emergencia
tendrá que poner negro sobre blanco y encontrar en ese periodo los puntos relevantes para acciones concretas y globales, entre provincia y municipios, acortando las diferencias y acordando procedimientos en un tema que nos supera a todos como sociedad pero fundamentalmente
a quienes tienen la responsabilidad institucional de llevar adelante
la prevención y seguridad de la ciudadanía.



NUESTRO COMPROMISO


Nuestra provincia tiene uno de los índices más altos de mortalidad por siniestros de tránsito. Tanto
escuchamos y leemos
de muertes y siniestros que corremos el riesgo de asumir este flagelo como algo
normal como una mera expresión de
problemas de otros o de porcentajes y cifras estadísticas.



Pero estos números encierran mucho más. Estamos hablando de vidas humanas, de sueños, de proyectos que no se van a realizar. Vidas, sueños y proyectos que bien podrían ser los nuestros o de nuestros seres más queridos. Es importante no perder de vista esta dimensión del problema y asumir que nuestra obligación
y deber de ciudadanos es hacer algo ya y ese ya esta nuestro compromiso de empezar por nosotros mismos a ser cuidadosos y cumplir con aquellas normas creadas a proteger
nuestra vida.



Como legislador estarè avanzando en materias como las nombradas respecto a transporte de cargas de material vegetal, reforzando mediante ley la cuestión de la emergencia pero por sobre todo reafirmando que debemos empezar por nosotros mismos a respetar las normas que ya estàn.



(*) Legislador Provincial.