Domingo, 5 Febrero, 2012 - 08:58

Opinión de nuestros lectores
Actitudes peligrosas

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En 2011, la Cámara Nacional Electoral hizo lugar a una denuncia que presenté por fraude en las elecciones PASO. También dije que los opositores debíamos ver nuestros errores para ser una alternativa cierta. Hoy el gobierno nos pide mesura, pero que no nos metan en medio de sus peleas internas.

El año pasado, con la absoluta seguridad que dan las evidencias concretas, que en total soledad, con mucho esfuerzo personal, analicé y acompañé en mi presentación, denuncié ante la Cámara Nacional Electoral distintas irregularidades y fraude informativo en las elecciones PASO, denuncia a la que la Cámara hizo lugar y tomó distintas medidas para evitar que esas irregularidades se repitan, tal cual lo había solicitado. Situación que no se repitió en las elecciones generales, donde consideré que, pese a que no se llevaran a cabo las siempre prometidas y necesarias reformas políticas, que transparenten desde el inicio los actos electorales, no se cometieron esas irregularidades y por ende, dí por válidos los resultados, que daban como amplio ganador al oficialismo, tanto en la Provincia como en la Nación.



A partir de esos resultados consideré, y así lo escribí reiteradas veces, que quien gana gobierna y quien pierde acompaña.



Los elegidos para gobernar deben gobernar y la oposición debe acompañar a quien gobierna, no ponerle palos en la rueda; debe apostar al éxito de los gobernantes, pues ese éxito redunda en beneficio de todos. Acompañar no significa coincidir y aprobar servilmente todo lo que el oficialismo proponga, significa apoyar todo aquello en lo que se coincida, y manifestar las diferencias con claridad. Las diferencias enriquecen cualquier proyecto o proceso político democrático y nadie debe molestarse cuando se expresan. Aunque sea una frase remanida, creo que vale la pena reiterarla: “El pensamiento único significa que alguien dejó de pensar”. No estamos en condiciones de permitirnos dicha triste situación.



Dije también que los opositores debíamos percibir la clara manifestación del pueblo en las urnas. No podíamos ni debíamos preocuparnos tanto por lo que considerábamos errores del gobierno, aunque sí debíamos marcarlos, sino que debíamos, en este tiempo, aprovechar para hacer todas las evaluaciones necesarias sobre nuestros propios errores y el por qué de las enormes diferencias, a fin de corregirlos y así volver a ser una alternativa cierta.

A partir de esas elecciones tan contundentes, traté de moderar mis propias críticas hacia el Gobierno. También llamé muchas veces al diálogo y a la
búsqueda posible de consensos. Pienso continuar en ese rumbo, siempre que no se juegue con la democracia ni se ponga en riesgo la República.



Pero así como considero que la oposición debe ser muy mesurada, también deben serlo los gobernantes.



Y dentro de esa mesura que se pide a los gobernantes, debe estar el que no nos metan a todos los argentinos, una vez más, en el medio de sus peleas internas.



No debe hacerlo el Gobierno nacional cuando se pelea con la CGT. Esa no es una pelea por salarios o por mejores condiciones laborales, es una lucha interna por poder. Es una lucha interna, sólo por poner algunos ejemplos, por quien se queda con las obras sociales, con sus fondos y con sus bienes; es una pelea para que no se destapen negocios turbios que podrían poner tras las rejas a quienes la pierdan; es una lucha por el control político del partido gobernante, es una pelea anticipada e inoportuna por la sucesión. Es una lucha por cosas que no se dicen y nos dejan en el medio de problemas que pueden ocasionarnos graves consecuencias.



Algo muy similar pasa a nivel provincial, donde existe, entre el Gobernador y el Vicegobernador, una situación de disputa que parece payasesca, pero es institucionalmente gravísima, siendo indispensable que las apetencias personales no coloquen a la Provincia y a su gente en esta situación.

Ambos, el Gobierno nacional y el Gobierno provincial, fueron elegidos para gobernar, no para utilizar el poder, que les confiriera el pueblo, para generar divisiones y problemas que no deberíamos padecer.



Debo reconocer que también confunden algunos opositores cuando parece que ya le estarían ofreciendo a Moyano
lugares en sus listas para las próximas elecciones. Falta mucho para las próximas elecciones, la gente tiene otras prioridades, está harta de peleas, de triquiñuelas, de agachadas. Por si alguien no se dio cuenta, la gente está pensando en
sus necesidades cotidianas, en cómo estirar la plata para que no se la coma la inflación, la gente está pensando en su seguridad, en tener trabajo, en la educación de sus hijos, en la salud y en tantas otras cosas que la afectan diariamente y pareciera que la política no se da cuenta, aunque pasa todo el tiempo hablando de sus logros y de sus promesas.



Y cuando hablo de que la política no se da cuenta, lo hago pensando en las actitudes mencionadas de los gobernantes, ellos son quienes tienen las mayores responsabilidades, pero también lo hago pensando en todos los partidos políticos, incluido el mio.



Todos los partidos, oficialismo y oposición, deberían estar pensando en planes y proyectos que beneficien a la gente, de verdad, no sólo con dudosos índices y estadísticas.



Deberían estar pensando con generosidad y no con avaricia, ni soberbia, ni egoísmos de sectores o personales.



Este es un momento difícil que necesita del esfuerzo de todos. Esfuerzo compartido que, para poder concretarse, requiere del aliento de los hechos y no solamente de palabras lindas.



Mi propio partido, la UCR de la Provincia, debería pedir disculpas a todos los afiliados y simpatizantes, por la vergüenza de lo ocurrido en esta semana, en oportunidad de la venida del Ing. Barletta. Lo que debía ser un acto partidario se transformó en un acto de un sector. Deben las autoridades locales partidarias darse cuenta que la UCR es mucho más que Convergencia.



Convergencia, en todo caso, fue una etapa dentro del radicalismo de la Provincia, hoy está desgastada, la gente, salvo algunos microclimas internos, descree de sus dirigentes; no comparte sus métodos autoritarios; sospecha de la decencia de algunos, aún de quienes fueron absueltos por la justicia.



Lamentablemente, en algunos casos, tiene sobrados motivos para sus sospechas. Muchas corrupciones de hoy, tampoco condenadas por una justicia que raramente condena a los corruptos, intentan justificarse en corrupciones de antes.



El señor Zimerman habla de abrir y modernizar el partido. Al igual que muchos afiliados estamos haciendo lo posible por creerle, pero en los hechos, al menos hasta ahora, se ve lo contrario, se siguen excluyendo a todos aquellos que planteen menores o mayores diferencias.



No siga el ejemplo de algunos que, mientras son candidatos, son capaces de pactar con quienes no tienen nada que ver con nuestra ideología y, cuando no lo son, piden
que se vayan
quienes no piensan como ellos. El radicalismo necesita de todos, no admite mas exclusiones, salvo las de los corruptos y los delincuentes.



Necesitamos la apertura, necesitamos el debate ideológico que defina lo que somos actualmente como partido. No le tengan miedo al debate, ofrezcamos a la sociedad con claridad lo que somos, tenemos la obligación de ofrecerle lo mejor de nosotros, después veremos que tipos de alianzas son posibles para un partido muy seguro de su humanismo y de su progresismo democrático y republicano.



No creo que la Ing. Ayala se haya retirado por sentirse agraviada personalmente. Seguramente, como muchos de nosotros, ya debe tener el cuero curtido de agravios. Me parece que se retiró por el agravio institucional y ese agravio es intolerable. Que nadie diga que fue un descuido. Si se hubiera tratado de Rozas, por ejemplo, se hubieran cuidado muy bien de que no haya “descuidos”. Que otros dirigentes no se hayan retirado, no convalida lo mal que se actuó.



En esa mesa debían estar sentadas las autoridades, debía estar sentada Mastandrea, es actualmente la Vicepresidente de la UCR y allí estaba; debía estar sentada la ing. Ayala como Intendente de la ciudad anfitriona y por haber sido ampliamente
plebiscitada en su reelección por la ciudadanía. No había lugar para ella, pero sí había lugar para Rozas, que ya no es más Vicepresidente, ni integra siquiera la mesa directiva del Comité Nacional; que es sólo el líder de Convergencia y no del radicalismo.



Un verdadero líder no ocupa de prepo, casi usurpándolos, lugares que no le corresponden. Esas lastimosas perversidades las hacen quienes quieren aparentar vigencias que ya no tienen. No es un mero hecho formal, es un tema ético y para los radicales deben ser prioridad los temas éticos, que muchas veces fueran abandonados.



Señores dirigentes, no se equivoquen, no continúen haciendo las mismas cosas que nos alejan de la gente.



Quienes fueron elegidos por el voto popular tienen el mismo derecho, o más, que quienes sólo fueron elegidos por el dedo. Ni unos ni otros deben ser excluidos, será la propia gente quien decida sus propias elecciones.



Actúen con grandeza o serán responsables de la destrucción de un partido que llevó mucho tiempo y esfuerzo construir. Un partido que la democracia necesita vigoroso, moderno, con ideas y con ideales, no con egoísmos. Que antiguas lealtades personales no los conviertan en lacayos.



Ustedes saben bien que no exagero en lo más mínimo cuando digo lo que siente la gente sobre nuestro radicalismo y sobre algunos antiguos dirigentes, saben de los rechazos que generan. Ustedes saben que los cambios son indispensables, no esquiven sus responsabilidades.



Resumiendo, tenemos graves desafíos que sortear en todos los ámbitos políticos. No actuemos con irresponsabilidad.



Tal como dice el título de la nota, hay actitudes peligrosas que gobierno y oposición deberían evitar. [email protected]