Sábado, 4 Febrero, 2012 - 20:18

Análisis periodístico
Mientras se ajustan tarifas y se niegan los techos salariales, Moyano y Scioli se caen del tablero K

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Para el cristinismo puro, a estas horas, Hugo Moyano y Daniel Scioli ya son considerados dos parias hechos y derechos: no tienen retorno. Sin embargo, peronistas al fin, ellos bien saben que sacar los pies del plato del PJ es un camino más que peligroso hacia el futuro y por ese motivo, antes de dar las hurras, los dos están danzando un minué de resistencias para evitar el ostracismo y, cada cual a su modo, está calibrando de acuerdo a su propio temperamento los próximos pasos a dar.







 



El jefe de la CGT, más belicoso y de menos aceptación social, parece que ya ha roto todas las lanzas con el Gobierno y no las tiene todas consigo, en cuanto a que muchos gremialistas de a poco le van haciendo un vacío; el gobernador bonaerense, más paciente y con más de 54% de los votos él también en sus alforjas y vastos apoyos en su territorio, calcula hasta dónde puede aguantar su imagen, antes de que parte de la opinión pública lo pase definitivamente a la categoría de pelele.







Políticamente, el desborde de ambas situaciones hay que encuadrarlo en la actual preeminencia del grupo más radicalizado en el entorno presidencial, que podría estar llevando a Cristina Fernández a cierto desequilibrio de fuerzas. Las referencias a la “burocracia sindical” o el “llora, llora la derecha” que canta el cristinismo y los grupos afines para referirse respectivamente a los dos caídos en desgracia no es, ni más ni menos, que el marco conceptual que anima al actual núcleo ideológico gobernante.







Sin embargo, aunque deja hacer, es más que posible que la Presidenta tenga algunas prevenciones, porque sabe que muy bien que esas referencias peyorativas hacia los dos ex aliados finalmente más que la rozan a ella y a su marido, ya que ambos se apoyaron visiblemente en esos dirigentes durante ocho años, sobre todo cuando necesitaron controlar la calle o sumar votos en el principal distrito del país.







Pero además, es probable también que haya algún matiz en la evaluación presidencial de ambos personajes: lo de Moyano no tiene retorno; de Scioli, aún ella espera sumisión.







Igualmente, los acontecimientos se suceden y la escalada de ambos conflictos resulta de final abierto. El caso del camionero, quien todavía tiene sobre su cabeza el expediente judicial de la “mafia de los medicamentos”, discurre a mayor velocidad y hay quienes se ocupan de recordar que su infortunio tiene como punto de partida la noche anterior a la muerte de Néstor Kirchner, discusión telefónica a la que la familia parece adjudicarle el disgusto y la muerte abrupta del ex presidente.







Desde allí, para adelante, el titular de la CGT empezó a teclear y desde las elecciones mucho más. La última reunión formal con la Presidenta tuvo lugar en Olivos el 6 de setiembre del año pasado. Más allá de los mensajes cruzados y del acto en la cancha de Huracán, resulta más que lógico que la cuestión salarial “sin techo” sea la que haya disparado el último round de la relación, sobre todo en tiempos en que, para las cuentas oficiales, ya no son más de vacas gordas ni en dólares ni en pesos.







Para cuidar las divisas está Guillermo Moreno, quien tomó nota de la balanza de pagos negativa y obligó a parar importaciones y a restringir la compra de dólares de los particulares.







Por otro lado, para empezar a superar el déficit fiscal, el Gobierno se ha embarcado en recorte de subsidios que se niega como ajuste de tarifas, pero que fatalmente impactará en el bolsillo directa (suba en gas, agua, electricidad y transporte) o indirectamente (mayores costos para las empresas e inevitable traslado a precios).







Con este delicado cuadro económico-social de fondo, Moyano siente que el Gobierno lo corre por izquierda hablando de la distribución del ingreso, pero que toma actitudes conservadoras de defensa de las posturas empresarias.







En su último discurso, la Presidenta señaló enredándose algo, quizás demasiado para su expertise discursivo, con el concepto “fijar una pauta”, que esta vez no la habría para sindicatos y cámaras empresarias, ya que van a poder, dijo, “negociar libremente sus paritarias, pero de acuerdo a las rentabilidades que tenga también cada empresa”.







Luego, Cristina señaló que el Estado sólo es parte en la negociación con sus empleados y criticó con dureza al sector de los servicios públicos, donde “las rentabilidades están dadas por subsidios y entonces se negocia, no solamente con el dinero de la empresa, sino con el dinero de todos los argentinos para aumentar salarios”.







Pese a lo interesante del argumento, esa misma delicadeza el Gobierno no la tuvo la semana pasada a la hora de tomar para sí la televisación del automovilismo (TC), a un costo también "con el dinero de todos los argentinos" de 400 millones de pesos.



Sin embargo, el anuncio más irritativo para el gremialismo pasó por el armado de la comisión informal de análisis de las empresas que anunció la Presidenta “para saber que lo que se está demandando no va a afectar la competitividad, pero tampoco que lo que se quiere pagar de sueldos es para tener más rentabilidad empresaria que está por encima de los estándares internacionales y de lo que es necesario invertir”.







Pese a los palos que repartió Cristina contra las empresas que no invierten y le pagan sueldos muy altos a directivos y gerentes, situación que le pidió a la AFIP que investigue, en la CGT se interpretó que la movida va a terminar siendo un laudo que aplicará el Gobierno cuando “se empantane alguna negociación”, que intuyen será en contra de los trabajadores y que ahí entonces aparecerá el famoso techo.







Desde que el proyecto de escarbar en las ganancias empresarias fue boicoteado por la Casa Rosada, Moyano cree que la Presidenta ha tomado partido por el sector corporativo y que atiende sus demandas sobre costos salariales, producto del efecto combinado entre la inflación y el parate del tipo de cambio.



“Hasta ayer, no creían que el salario fogoneara la inflación. Es más, decían que no había inflación. Ahora, sostienen lo mismo que los neoliberales”, le dijo Moyano a sus acólitos en la terraza de la central obrera, el viernes en medio de un asado. Una referencia tan ofensiva como ésa para el sentir del Gobierno ya había sido usada por el camionero en la televisión un día antes, a la hora de definir el concepto de “sintonía fina”, a su juicio un eufemismo por el término ajuste: “Cuando comienzan con esas palabras medias especiales me hacen acordar al gobierno de Menem, a la flexibilización laboral. No estoy comparando nada, pero cuando aparecen esas palabras poco entendibles... Sintonía fina suena como lo que proponía en su momento Menem para aplicar en contra de los trabajadores”.







Cuando salió con los tapones de punta, ya Moyano le había enviado a la Presidenta la carta y el anexo sobre la situación de las Obras Sociales que distribuyó en medio del asado. En la misiva se enumeran los “puntos que son preocupación permanente de esta CGT” y que aún no tienen “una solución”, además de la cuestión salarial: el techo impuesto a los que perciben las asignaciones familiares, el incremento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias que afecta a todos los que ganan más de $ 7.600 y el caso de los trabajadores en negro, los subcontratados y el personal tercerizado.







Más allá de las demandas, lo más fuerte está en las referencias que emparentan la acción del Gobierno con gestiones del pasado. Así, aparecen referencias continuas a “las políticas neoliberales” y puntualmente, en el caso de las asignaciones familiares, al “gobierno de De la Rúa, con Cavallo y Patricia Bullrich como ministros”, cuando se instrumentó “en el marco de la flexibilización laboral y la quita de derechos, la tablita por la cual se establecieron techos".







En un tiro a la línea de flotación del progresismo del Gobierno, Moyano reconoció en la carta la asistencia para quienes no tienen empleo, pero solicitó además que se le otorgue "carácter universal para el resto" a la Asignación Universal por Hijo, "extirpando el engendro pergeñado por Cavallo, Bullrich y el FMI".







Tampoco por el lado del Impuesto a las Ganancias, Moyano se anduvo con chiquitas, ya que recordó que "una de las asignaturas pendientes es realizar una profunda reforma tributaria que elimine el carácter regresivo de este sistema impuesto por la dictadura militar y profundizado por los gobiernos neoliberales".







Más allá de haber puntualizado que se opone a los impuestos al trabajo y que 80% de lo recaudado por ganancias personales proviene de los salarios de los trabajadores en blanco, el siguiente misil apuntó a la inflación, ya que, según la CGT, "si se hubiese actualizado", hoy el valor mínimo para el no pago de Ganancias debería haber llegado a $ 11.600.







Por el lado de las Obras Sociales sindicales, Moyano volvió a recordarle a la Presidenta la deuda de más de 12 mil millones de pesos del Fondo Solidario de Redistribución y la falta de pago de un adelanto de $ 1.000 millones "de los cuáles sólo se cumplió el 25 por ciento". Justamente, una de las primeras manifestaciones en contra del camionero fue quitarle caja a los gremios y esta maniobra, según los sindicalistas, podría hacer colateralmente que el sistema colapse.







El caso Scioli tiene otros bemoles quizás de mayor peso ideológico y allí está la cuestión del manejo de la seguridad como frontera innegociable con el gobierno nacional. La permanencia del su ministro de Seguridad, Ricardo Casal es irritativa para muchos en el gobierno nacional, no sólo por su persona, sino porque la política de la provincia en la materia no sigue los cánones que pretende la ministra nacional, Nilda Garré, de tener una policía conducida por civiles.







Además, desde octubre, el gobernador tiene a su lado a Gabriel Mariotto, un gendarme alineado no sólo con la Casa Rosada sino con la línea actual del Gobierno, dispuesto a limarlo en todas las instancias. Recibió a Garré hace unos días para diferenciarse de su jefe, camina la provincia, hace alianzas con intendentes, critica a otros por ser sciolistas y asiste a actos que van a contramano de los deseos del gobernador, como el del viernes pasado junto a los muchachos de La Cámpora y al Movimiento Evita, armado para destripar a la Bonaerense. Lo mismo que Mariotto le criticaba a Julio Cobos él se lo hace a quien debería ser su jefe directo.



Además, los rumores le caen a Scioli como aguijones.







El colmo de los ataques surgieron con el viaje que hizo a Francia para mejorar la prótesis en su brazo. Desde el círculo presidencial se dejó trascender que el gobernador ya había viajado hacía cuatro meses (a Italia) y que todo era una excusa para no estar presente cuando reasumió Cristina el pasado día 25. Tanto lo degradaron que él mismo descendió más aún mandando a distribuir una foto que mostraba a su médico haciéndole pruebas ortopédicas.



Como el Cid Campeador, Moyano y Scioli ganaron grandes batallas para el matrimonio Kirchner, pero ahora, desde el primer círculo presidencial, les ha llegado el destierro. Se sienten políticamente estafados, aunque no por eso saldrán tan pasivamente de la escena como el castellano, quien se fue al exilio con la cabeza gacha para no desobedecer a su rey. Lamentablemente, ahora, se vienen tiempos de combates singulares.
Fuente: 
(*) Periodista de DyN