Lunes, 30 Enero, 2012 - 19:37

Correo de nuestros lectores
Conflicto gremial: inapropiada lectura política y periodística

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Tengo la impresión de que si alguien creyera que el actual poder político, legítimamente generado y convalidado por el voto popular en las últimas elecciones generales, implicase naturalmente el “control de la calle”, como se suele decir, se equivoca.

Y si –además- esa creencia estuviera instalada y creída por el propio partido gobernante y por los diversos sectores de la oposición, la sensación que me queda es que ‘tal equivocación’ tendría características superlativas, fruto de una ingenua lectura política y periodística.



Y es que, en un artículo anterior, de finales de diciembre del año pasado, escribí que si bien compartía –en parte- que las crecientes tensiones entre el gobierno y Moyano se reducían en el fondo a la lucha por mantener o incrementar el poder de cada cual, no por ello se menguaban las graves consecuencias que implicaría para la sociedad un potencial distanciamiento aún mayor entre ambos.



En esa ocasión, consideré que el gobierno, si bien tiene toda la legitimidad formal, institucional y numérica (en el congreso) para hacer lo que le plazca, hoy -ya diferenciado en gran parte del peronismo tradicional- había algo que perdió: el control de la calle, a pesar de la capacidad para organizar eventos de “La Cámpora” y otras agrupaciones oficialistas.



También dije que el mundo gremial, por su parte, puede perder cualquier cosa, inclusive hasta las personerías jurídicas de algunos sectores que lo componen, pero que aún así, sería ridículo suponer que tales medidas extremas podrían diluir la capacidad de éstos a la hora de “planificar y coordinar acciones puntuales de protestas, individuales en sí mismas pero regidas en el tiempo por un mismo hilo conductor: advertir al gobierno, llamarlo a la reflexión, instarlo a dialogar o negociar”, y recordarle –de persistir el gobierno en una actitud interpretada como hostil hacia ellos- que en la historia argentina un “paro nunca viene solo”…



Afirmé también que, más allá de cualquier puja por el poder, y dentro o fuera de la CGT, Moyano no sólo es el titular de Camioneros. Es algo que se asemeja mucho a un símbolo. Y es que, aún hablando sólo a su gente, llegó –queriendo o sin querer- a la mayoría de los referente gremiales, y a través de estos a la masa de afiliados de cada uno.



Y subestimarlo sería, a mi juicio, un error político grave y prácticamente irreversible para el Gobierno. Y una ley, como la del Antiterrorismo, o una conciliación obligatoria, difícilmente pudieran impedir en la práctica la protesta social, especialmente si –más allá de los reclamos puntuales- éstas se coordinaran estratégicamente entre sí y evolucionaran hacia expresiones más globales, tal y como están comenzado a suceder y a pronosticarse por estas horas, cuando en medio de un paro nacional los sindicalistas camioneros que lideran “los Moyano” bloquean el ingreso a la central de tratamiento postal del Correo Argentino, ubicada en la localidad bonaerense de Monte Grande, y a las sedes ubicadas en Pilar, Trelew, Córdoba, Rosario, Comodoro Rivadavia y Neuquén, hasta el momento de escribir estas líneas.

En este contexto, me sigue pareciendo lo mismo: una eventual escalada del conflicto entre los gremios y el Gobierno podría concluir en protestas de tal envergadura que el país entero podría quedar paralizado. Un paro nunca viene solo. Ya hemos pasado por eso. Tal vez no querramos recordar, pero ya hemos pasado. Y las consecuencias de posibles y reiterados paros masivos, caerán –finalmente- sobre nuestras espaldas, la de nosotros, ciudadanos.



No sólo rutas cortadas y puertos cerrados. No sólo góndolas vacías y farmacias sin medicamentos. No sólo bancos con atención restringida y empresas transportistas de caudales bloqueadas. No sólo hospitales sin insumos vitales. No sólo expedientes judiciales con más tiempo de tramitación y oficinas gubernamentales cerradas. No sólo obras públicas suspendidas y comerciantes sin mercadería por vender. Es esto, pero no sólo esto. Y tal vez, lo más grave: una sociedad nuevamente atemorizada y desconcertada, incapaz de entender lo que sucede y memoriosa de tragedias de otras épocas, haciendo el mejor esfuerzo para mantener la esperanza.



Frente a esto y entre otras cosas, me preocupa la miopía tanto del gobierno y de la oposición como la de algunos sectores de la prensa. Creo que no sirve ninguna lectura política, como la de quienes dicen poseer una “experiencia” encomiable en la materia; o como la de los expertos analistas que a través de una columna periodística favorecen que los lectores tomen partido por uno o por otro, sin vislumbrar las consecuencias. No se trata de eso. Creo que la única contribución válida es la de promover la paz social, dentro de la ley y el derecho, desde la política y desde los medios.



A esta sociedad argentina de 2012 no le conviene ser, nuevamente, rehén de una puja de poderes. Si hay voluntad política y gremial, existe entonces la posibilidad de acuerdos razonables y pacificadores. La confrontación y la disputa por cualquier forma de poder tienen una sola víctima: la sociedad…



(*) [email protected]